Vivencias negativas y positivas en la niñez y su repercusión en la vida adulta. Metáfora del pizarrón

 

Marian Mirvey

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

email: profinvih@prodigy.net.mx

 

METAFORA:  un cuento que se aplica a la realidad o una forma de decir las cosas figuradamente .

 

Los niños y niñas nacemos como pizarrones blancos, sin usar, sin nada escrito ni bueno ni malo. Si nos toca la desgracia de nacer con padres que probaron desde muchos años atrás –independientemente de su status social y/o educación- la amargura de la vida a través de vivencias negativas, gritos, regaños, abusos, golpes, groserías, maltrato verbal, psicológico o físico… será lo que esos padres irán escribiendo en nuestros blancos y limpiecitos pizarrones.

 

Dejarán allí grabados sus propios fantasmas, sus necedades, abusos, devaluaciones, frustraciones y nosotros empezaremos a ver que ese blanco pizarrón se llena de garabatos y de manchas negras; aprenderemos a que, de una u otra forma, debemos aceptar esas aberrantes letras y figuras. De inicio, podemos no identificar siquiera si son agradables o no, simplemente las veremos y aceptaremos como lo “normal”, creceremos con ello, pero un día nos enteraremos de que hay otros pizarrones bien escritos, ordenados y llenos de colores y los compararemos con el nuestro y entonces nos parecerá diferente y con frecuencia “desagradable” y nos preguntaremos ¿por qué no tenemos algo igual de bello? ¿por qué otros tienen uno mejor? Claro que en ese momento podemos empezar a culpar primero a nosotros mismos del desastre, a veces a los padres, en otras a los que nos rodean, o bien al destino, a la fatalidad o en general a lo que cada quien haya sido encaminado a culpar.  Lo cual, además de todo, en algunas ocasiones no será un agravio gratuito, porque seguramente tendrá  fundamentos visibles o a veces… ocultos a los demás…. pero conocidos por nosotros.

 

Pero lo importante es que no podemos resultar culpables de lo que los otros han escrito en nuestro pizarrón, cuando nosotros no podíamos y, más aún, ni siquiera sabíamos hacerlo. Simplemente viviremos con ello, muchas veces aceptaremos que eso es lo mejor para nosotros. Lo peor es que muchas veces los niños y las niñas piensan que nacieron “manchados” y por lo tanto de una u otra forma – aún cuando ellos mismos lo ignoren o no ubiquen como fue – son culpables de algo y así nos quedaremos con un pizarrón negro y desagradable. Otras veces algo o alguien nos enseñará que allí en un espacio muy pequeño de ese horrible pizarrón manchado puede escribirse algo bonito, claro, brillante y entonces nos refugiaremos en ese espacio aislado. Algunas veces hay personas que conforme crecen aprenden a ir borrando lo negro del pizarrón y usan líquidos y demás, para limpiarlo… y pronto el pizarrón queda nuevamente blanco en alguna superficie; nunca en todo, pero allí en esa parte se puede escribir lo que uno realmente desea, en la forma en que uno quiere y con los colores que a uno le gustan.

 

En otras ocasiones, el pizarrón está tan deteriorado que muchas personas, millones, deciden dejarlo como está y acaban por pensar que nacieron así con un pizarrón obscuro y deteriorado, no recuerdan que al inicio era blanco.

 

Los pizarrones finalmente, diría yo, se pueden despintar. Esa es una inmensa ventaja.

 

Nadie tiene porque quedarse con un pizarrón pintado, puede intentar cambiarlo. Pero, claro está, hay veces que hay colores que dejan huella y difícilmente dejan el blanco original. Eso también es real y posible, que por mucho que limpiemos la huella de algo que sucedió quede ahí. Pero lo que también es cierto, es que eso puede pasar pero generalmente no en todo el pizarrón sino en partes de él. El resto casi siempre cede y puede limpiarse. Al final queda un pizarrón que puede tener nuestros colores favoritos y representar el espacio que nosotros anhelamos ver. Y no aquel que nos repugna o molesta.

 

Todo depende de que alguien nos enseñe que el pizarrón se puede  limpiar. Y también que cuando éramos pequeños nuestro pizarrón era blanco, originalmente blanco en todos, no importa nuestro sexo, clase social, color de piel ni nada. Todos tenemos un pizarrón blanco, inmaculado… al inicio.

 

Ello nos da de entrada (a) algo fundamental: la esperanza (“no nacimos manchados”).

Después, la posibilidad del cambio real y tangible: nos hace dueños de nuestro destino, de alguna manera y en algún momento, no importa lo que haya sucedido previamente.

 

Para mí la idea de Dios está íntimamente ligada con pizarrones inmaculados, pero además, con la capacidad y libertad  que nos da a todos de ser pintores y de poder lavar y limpiar nuestro pizarrón, para entregarlo como deseemos hacerlo, cuando haya que devolverlo.

 

Ello implica entonces…disfrutar nuestro pizarrón y no padecerlo. Aprender a limpiarlo y a decorarlo, volvernos expertos en manchas y en colorido. Llenarlo de finas letras o de dibujos maravillosos, pero nunca tener que cargar por siempre y sin opciones con pizarrones negros estropeados por los demás.

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