RETRATO DEL VIOLADOR: CASADO Y CON HIJOS.

Dra Ma de la Paz Mireles Vieyra

profinvih@prodigy.net.mx

Cuando se habla de menores de edad que han sufrido abuso sexual , la primera imagen que puede surgir en las mentes de las personas es la de individuos "degenerados " o bien personas que físicamente deben causar una mala impresión por su físico hasta cierto punto desagradable o que genera temor. Sin embargo cuando se interroga a quienes sufrieron abuso sexual lo primero que los mismos refieren es que se trata de familiares, cercanos a ellos y los cuales hoy en día se encuentran habitualmente CASADOS Y CON HIJOS. Lo que significa que ese violador de pequeños hoy pasa por ser un "respetable padre de familia" que en su ado- lescencia, juventud o adultez lo que hizo fue violar a pequeños de manera muchas veces violenta o a través del engaño o la seducción . 

Se trata en casi todos los casos de niños cercanos al mismo violador, es decir sus sobrinos, sus hermanos, sus primos, o bien amiguitos de sus hermanos, etc. Pero hoy ese violador ha formado un "hogar" con una mujer e hijos.

 

Desde luego resulta muy interesante investigar qué sucede años después con la vida de este violador oculto, al cual generalmente nadie identifica como tal, excepto sus víctimas, las que habitualmente tienden a callar sea por miedo, sentimientos de culpa, temor ante la respuesta de los demás, etc. 

 

Se trata de primos , tíos y hermanos que en su momento violentaron a sus sobrinos y familiares pequeños , los cuales son conscientes del abuso cometido sea a nivel caricias, sexo oral, penetración, palabras obscenas, etc. y que saben perfectamente que el pequeño no era responsable en ningún modo y de ninguna forma de lo sucedido por más que ellos se hayan empeñado en decirles en aquellos momentos que " el niño los buscó o bien que el niño facilitó el abuso o que el menor sabía lo que buscaba, etc.  " 

 

Los niños y adolescentes abusados y hoy adultos saben perfectamente que no fue así. Como tal vez el mismo violador lo sabe al recordar lo que a él le sucedió a su vez cuando era pequeño con figuras parecidas y en condiciones semejantes.

 

El caso es que el matrimonio o simplemente la unión con una mujer y la procreación parecerían legitimar al violador como hombre "respetable" en una sociedad "de apariencias", en donde la cadena del abuso y la violación se torna repetitiva y prácticamente inevitable.

 

Y ello es todavía más grave en el caso de la niña que sufre abuso sexual dado que en las estadísticas nacionales y mundiales es el padre, es decir el progenitor masculino, la figura que más frecuentemente está relacionada con el abuso sexual ocurrido en niñas y desde luego ello involucra a un HOMBRE CON PAREJA FEMENINA Y CON HIJOS (casado o no); al hombre que vive dentro de la casa de la familia, al hombre que se supone debe brindar a la misma al menos protección y cuidado.

Un hombre que pasa exteriormente por ser "un padre de familia" y según ello "decente y respetable" pero que en la in- timidad es un sujeto capaz no solamente del abuso de un me- nor de edad, que ya de por sí es algo que denota una bajeza espiritual absoluta, sino además de realizarlo sobre SU PROPIA HIJA, es decir, el ser a la cual él mismo le dió la vida y

que de cierta manera forma parte de sí ; a ese ser no sólo la

violenta y agrede, sino que le confiere el máximo dolor y daño que un ser humano puede tener: la agresión de su propio padre.

 

En el caso de abuso de menores de edad lo mas frecuente es que ambos sean agredidos en primer lugar por familiares, en el caso de niños las figuras más constantemente implicadas son los tíos (y más los maternos como consecuencia de que la mujer se encuentra abandonada por el esposo y se refugia en su propia familia yendo a vivir con ellos lo cual favorece mu- chas veces el contacto cercano del menor con personas específicas) siguiéndoles los hermanos y los primos; en el caso de las niñas el padre es la figura principal en cuanto el abuso,

no solo en familias carentes de recursos económicos sino en todas las clases sociales ; le siguen el padrastro , los tíos y los hermanos.

 

El abuso sexual siempre constituye para el menor de edad una circunstancia especialmente agresiva y demoledora pero en las niñas además de todo conlleva un contenido emocional y psicológico altamente agresivo por el daño que produce en la autoestima de las mismas cuando el propio ser que la engendra y que debería amarla, respetarla y cuidarla es quien no solamente la agrede sino que además la utiliza y la mancha. 

Cuando nuestra sociedad se llena día con día de alcoholismo y drogadicción que involucra todas las edades resulta indudable que el afán de lucro y comercio está presente, solapado por el poder en todas sus esferas pero también resulta 

evidente que si no existieran personas que consideran que sólo embruteciendo su dolor, depresión, rencor, y otros sentimientos y emociones, pueden continuar soportando los retos de la vida, las adicciones tal vez no fueran tan extensas cada día, representando salidas falsas que incrementan los problemas, el dolor y la devaluación, sin encontrar una solución adecuada, la cual existe pero no por ese camino, sino por el afrontamiento de la realidad y el desarrollo del potencial humano que todos tenemos . 

Un aspecto importante es reubicar a las víctimas como tales sin negarles ese derecho y sin deformar su papel en el evento, para asignarles una culpa que deja al verdadero agresor las más de las veces no solamente impune sino en posibilidades de continuar su papel de agresor a través de los años y de las generaciones (padre violador—abuelo violador).

 

Se requiere no sólo identificar a estos agresores (no importa que sean parte de la familia) sino además denunciarlos y evidenciarlos porque ello facilitará romper la cadena de abusos (si ayer abuso del sobrino, mañana puede abusar de la hija) pero además se necesita sobre todo que las víctimas no se criminalicen, que superen estas etapas difíciles, rompan la reproducción de patrones que pueden llevarlas a transformarse en victimarios futuros; tengan la voluntad necesaria para no incorporarse, por ejemplo, a través del internet a chats de abuso infantil y decidan transformar su mundo en una opción madura de salud sexual que sin ser fácil es una posibilidad real. 

En cuanto a las mujeres violentadas superar un episodio infantil de abuso sexual, máxime si quien lo hizo fue el padre, resulta bastante difícil, pero es importante que las mismas tomen conciencia de que su valor como personas no depende de ese padre ni tampoco de su madre, su valor como personas depende de ellas mismas. Desde luego saberse queridas y protegidas representa algo necesario para crecer sanamente pero si en un pasado quienes las rodearon no lograron brindarles esto, hoy , ya adultas , ellas mismas deberán prodigarse ese cuidado, amor y protección hacia sí mismas y no permitir que nadie siga mancillando su dignidad, ni su cuerpo, ni su personalidad, porque permitirlo hoy es no sólo seguirse victimizando sino fallarse a sí mismas y permitir que quien abuso de ellas haya provocado que esté dispuesta a que los demás continúen haciéndolo. 

Se trata de no esconder todos los problemas que un abuso infantil genera detrás de las adicciones, trátese de drogas, alcohol o sexo, porque ello implica sobre victimizarse y en consecuencia agredirse cada día más , sin lograr solucionar nada sino, por el contrario, incrementar el problema y continuar el daño que el violador inició. Lo adecuado es superar

el episodio, entender la inocencia de sí mismos cuando el problema se dió, no absorber la incapacidad del violador para amar que es un problema del mismo y continuar el camino fortalecidos en la propia esperanza y en el encuentro con un presente y un mañana diferentes en donde la propia auto valoración represente la clave de todo. 

Referencias.

  • Bass, E. y Davis, L. (1995). El coraje de sanar. Urano, Barcelona.

  • Finkelhor, D. (1984). Abuso sexual infantil. Free Press, Nueva York.

  • Perrone, R. Y Martine, N. (2002). Violencia y abusos sexuales en la familia; un abordaje sistémico y comunicacional. Paidós Terapia Familiar, Buenos Aires.

  • Schmucler, B. (1998). Familias y relaciones de género en transformación. Editorial Edamex, México.

  • Vázquez Mezquita, B. (1995). Agresión sexual, evaluación y tratamiento a menores. Siglo XXI Editores, México.

  • Volnovich, J. R. (2002). Abuso sexual en la infancia. Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires.

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