Nuevo enfoque ante la infección VIH:

¿Transmisión sexual: Problema individual o génesis social?

Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

 

Abordaje social ante un problema individual.

 

INTRODUCCIÓN:

 

Cuando un paciente adulto recibe el diagnóstico de infección VIH/SIDA, el personal médico que atiende al afectado identifica generalmente de inicio la posible vía a través de la cual pudo haberse contagiado.

 

En México, en la actualidad, 9 de cada 10 casos de infección VIH/SIDA están relacionados con una exposición previa de tipo sexual (1), lo cual se relaciona habitualmente con un dato más, que es la preferencia sexual (2), de tal manera que, cuando se reporta homo – bisexualidad,- el riesgo parecería (de entrada) consolidar en el médico, la sospecha de exposición, y es posible  que con ello baste al profesional para  no averiguar más sobre el caso, dado que al concretarse una  determinada  conducta sexual en un adulto, parecería que desde un punto de vista asistencial todo ha concluido ya que resulta evidente lo que llevó a una determinada persona a exponerse a esta infección. 

 

Es más, frecuentemente el profesional de la medicina no quiere abordar más datos, considera "peligroso" continuar el interrogatorio y da por hecho que debido a esa conducta ACTUAL, EL O LA PACIENTE SE EXPUSIERON DE MOTU PROPIO  a ella y es todo lo que se requiere saber.

 

Para nuestro grupo de estudio, sin embargo, en lugar de considerar que con dicha información el caso está concluido, la situación plantea que en realidad iniciamos recién el análisis de un problema y ello se ha visto apoyado con el trabajo realizado en más de 3000 pacientes en los cuales hemos logrado identificar una serie de variables persistentemente presentes, las cuales nos han permitido analizar aspectos por demás interesantes.

 

Es así, que en todos los pacientes incluidos en nuestra serie y en los cuales la vía de transmisión para adquirir la infección VIH fué la sexual, se han detectado repetidamente un conjunto de datos a nivel familiar e infantil relacionados con el área emocional -afectivo- sexual, los cuales nos han llevado a las siguientes reflexiones:

 

¿Hasta qué grado las experiencias vividas durante el desarrollo y crecimiento de la persona favorecen posteriormente conductas sexuales y conductas en general, altamente riesgosas que finalmente conducen al encuentro del sujeto con la infección VIH ?

 

¿Si estas experiencias previas no hubieran existido, hasta que grado la conducta sexual adulta podría representar un riesgo real para adquirir la infección VIH? 

 

Lo anterior nos lleva a plantear que el riesgo, es decir, el peligro de enfermar y padecer VIH/SIDA se puede entender en relación a dos momentos a los cuales hemos denominado: RIESGOS PRIMARIOS Y RIESGOS SECUNDARIOS.

 

 

RIESGOS PRIMARIOS EN  LA TRANSMISION DE LA INFECCION VIH:

 

En la infección VIH hemos  denominado como riesgos primarios  a una serie de exposiciones  múltiples y casi siempre relacionadas, las cuales estan presentes durante la etapa infantil de la persona contribuyendo bajo nuestro punto de vista,  a favorecer un terreno apropiado para que más tarde pueda darse  la exposición al VIH, representando esta exposición específicamente al VIH, el riesgo secundario, el cual representará un episodio altamente factible cuando previamente el riesgo primario esta presente .

 

Dentro de los riesgos primarios podemos enumerar:

 

La relación PADRE > < MADRE > < MENOR DE EDAD; la identificación del niño y la niña con la figura paterna del mismo sexo; los episodios de amor y desamor; el maltrato físico, verbal, emocional; el abuso sexual infantil; la descalificación y devaluación del menor; la explotación sexual y corrupción de menores etc. (Para mayor información consultar el CUADERNO TÉCNICO No 66 “RIESGOS PRIMARIOS E INFECCIÓN VIH. Editado por PROFIN VIH A.C.)

 

Un riesgo epidemiológicamente hablando, representa un elemento que no siempre está presente pero cuando el mismo se identifica favorece la posibilidad del daño.

En este caso el daño sería : padecer la infección VIH.

Este daño está relacionado con la exposición a un microbio del tipo retrovirus , si a la persona no ingresa este virus la misma no puede adquirir la infección VIH y por lo tanto no puede llegar a tener SIDA.

 

El daño puede generarse a partir de diverso tipo de exposiciones que permitan la entrada del virus, cuando  esta exposición incluye la vía sexual, la misma desde nuestro punto de vista, no es consecuencia  - la mayor parte de las veces  - de una exposición accidental, es decir  inesperada , sino mas bien de que una serie de riesgos primarios se sumaron para favorecer un terreno proclive a que la exposición al VIH sea una posibilidad real, la mayor parte de las veces no como un hecho fortuito sino repetitivo y finalmente exitoso en cuanto a favorecer el ingreso del VIH al organismo.

 

Los riesgos primarios en la exposición vía sexual al VIH ocurren generalmente en la primera infancia es decir en edades tan tempranas como de los 0 a los 12 años de edad y por ello mismo, habitualmente obedecen a situaciones que la persona no busca , ni procura, ni desea, sino que la abordan casi siempre de manera involuntaria y aún  podriamos decir cuando la misma se encuentra muchas veces en situaciones de indefensión

 

 

RIESGOS SECUNDARIOS:

 

Se trata de riesgos directamente relacionados con la exposición vía sexual al Virus de la Inmunodeficiencia Humana y el surgimiento de la infección VIH/SIDA. Y dentro de los cuales están todas aquellas exposiciones deliberadamente ejercidas por la persona como son: Las relaciones sexuales  en todas sus variantes y tipos, la ingestión de alcohol, de droga, la promiscuidad, la pornografía y otras relacionadas.

 

Lo anterior implica que el riesgo secundario está relacionado con un acto emanado de la voluntad personal siempre y cuando exista la capacidad intelectual y emocional para ello y lo cual, bajo un criterio médico – demográfico- legal , incluye en nuestro País sólo a los mayores de 18 años.

 

 

 

Por lo tanto:

 

Los riesgos PRIMARIOS (RIPRITS de Riesgos Primarios en Transmisión Sexual )están relacionados con situaciones psicosociales vividas por los sujetos durante su infancia y adolescencia que, cuando coinciden en una serie de elementos, deparan para cualquier persona, en cualquier lugar y tiempo -según nuestra hipótesis- una serie de conductas y comportamientos relacionados con la sexualidad y acordes a ello.

 

Los riesgos SECUNDARIOS  ( RISECTS de Riesgos Secundarios en Transmisión Sexual ) están relacionados en primer lugar con un elemento biológico que probablemente sólo a partir de 1960 – 70 enfrentó a los seres humanos a una situación única: el encuentro con el VIH por vía sanguínea, un microorganismo que hasta entonces no había entrado en el panorama patológico mundial (3, 4, 5)

 

Hasta antes de los años 60 los riesgos -desde nuestro punto de vista- se limitaban a ser primarios, con una serie de consecuencias, sin embargo, la entrada del VIH al panorama mundial permitió la generación de un riesgo secundario con alta y grave repercusión, lo cual debería haber favorecido la atención sobre riesgos primarios que hasta entonces no parecían tener una connotación colectiva sino sólo individual.

 

De existir esta relación, parecería factible que la existencia de estos riesgos primarios ha sido lo que permitió y permite la permanencia y reproducción del problema, dado que las acciones de prevención no parecen haberse ejercido sobre los mismos y solamente se ha enfocado dicha prevención  como parte de un riesgo secundario, limitándose la misma a medidas individuales voluntarias las cuales, generalmente, han dado pobres resultados a pesar de la alta efectividad que una medida como la preventiva de barrera tiene ( uso de condón ),  pero que resulta insuficiente frente a riesgos primarios de gran trascendencia, impacto y complejidad.

 

Si la hipótesis sostenida por nuestras investigaciones puede ser comprobada y generalizada a nivel colectivo, independientemente del tiempo, espacio  y lugar que sea, se puede disponer de una serie de elementos emanados de la realidad, los cuales pueden permitir el visualizar la magnitud real del problema, su complejidad preventiva y pronóstica así como la necesidad de una serie de acciones en niveles hasta hoy no abordados.

 

Como parte de esta postura profesional expondremos diversos casos representativos relacionados con pacientes VIH en los cuales los riesgos primarios resultan evidentes, independientemente de que los afectados procedan de situaciones socioeconómicas y geográficas diversas.

 

Lo anterior nos ha llevado necesariamente a analizar hasta qué punto la infección VIH puede seguir siendo considerada -como al parecer lo ha sido hasta ahora, - un problema básicamente individual ante el cual la postura social puede, por un lado, alentar y apoyar al afectado o bien, lo que ha sido motivo de diversas acciones; descalificar al mismo, culpándolo y/o recriminándolo-.

 

Cualquiera que sea, el enfoque sigue siendo el mismo: individual, es decir el paciente resulta finalmente el responsable directo de su daño y de su riesgo.

 

Frente a ello se encuentra el abordaje aquí planteado, en donde el sujeto forma parte de un entorno familiar/social en el cual los riesgos PRIMARIOS se generaron, sin que en un momento dado él o ella los buscaran o solicitaran, y en donde la mayor parte de las veces los hoy afectados actuaron como sujetos pasivos, con practicamente nulo poder de decisión y sin posibilidades, las mas de las veces, de eliminar el peligro o daño.

 

Con el correr del tiempo, a lo anterior se suman situaciones en donde la responsabilidad personal es ya un elemento factible y obligado, pero no del todo autónomo, sino dependiente en mucho de ese entorno primario. A ello debe sumarse la dinámica social donde la familia ha generado sus conductas ya que el seguimiento lleva a identificar elementos que explican el entorno  a la luz de un análisis integral, abordando aspectos  ideológicos, sociales, culturales, económicos y políticos.

 

La infección VIH por lo tanto no es, bajo nuestro punto de vista, un problema individual sino familiar y social, no sólo por la actitud ante el mismo, sino por la génesis.

 

Es así que, en la actualidad, podemos identificar claramente familias riesgo en donde no sólo existe un caso de SIDA sino dos o más elementos altamente riesgosos para esperar la multiplicación de casos.

 

Y ello forma parte del macroenfoque a nivel de sociedades en donde el riesgo de transmisión por diversas vías parece perpetuarse al amparo del panorama socioeconómico y político.

 

Al respecto, resulta fundamental revisar someramente -aún cuando en subsecuentes capítulos serán abordados con mayor amplitud- los cambios mundiales que, a consecuencia del ocaso del marxismo / leninismo y el surgimiento mundial del capitalismo en su expresión neoliberalismo han generado en la sociedad mundial un cambio en el concepto de mercancía, al incluir dentro de ello ya no sólo a la fuerza laboral sino al ser humano en sí, como una cosificación en donde los órganos, apetitos, deseos, intenciones, conocimientos, sentimientos y adicciones son objeto de comercialización.

 

La masificación constituye un marco que rige al neoliberalismo, lo cual ha dado a la infección VIH en los últimos 10 años un curso particular, dado que paralelamente los Generadores sociales, -llamamos así a toda condición socioeconómica que facilita riesgos primarios y secundarios- parecen haber adquirido un mayor desarrollo, con alto grado de penetración y extensión.

 

Como ejemplo de lo anterior podemos destacar la comercialización del sexo desde edades muy pequeñas, con tráfico de menores ampliamente difundido y prácticamente legitimado por los medios de difusión -hoy sin duda los de mayor poder a nivel mundial- lo cual ha abierto el espectro de riesgo introduciendo poblaciones que, hasta entonces, tenían pocas opciones de serlo, por ejemplo la referente a los menores de 12 años.

 

Si a ello sumamos el amplio consumo poblacional en la ingesta de alcohol, los elevados niveles del mismo, así como el constante incremento de las adicciones y la oferta sexual como una mercancía masivamente difundida y legitimada dentro de un poder publicitario, entenderemos la magnitud que la Infección VIH /SIDA tiene, sin sumar por ahora los efectos que las guerras, el terrorismo y las catástrofes mundiales han tenido, por ejemplo, en la orfandad de menores.

 

Elementos todos ellos potencializados por los altos niveles de pobreza, la cual además reproducen, para constituir un círculo eternizador.

 

PROPÓSITO GENERAL:

 

Si el enfoque planteado es correcto, las repercusiones del mismo a nivel individual y social podrían ser evaluadas en varias áreas.

 

1. A nivel individual la evolución del enfermo mejora cuando el individuo es ubicado dentro de un contexto integral que permite visualizar los problemas surgidos a lo largo de su desarrollo físico y emocional, con lo cual aspectos relacionados con la depresión, ansiedad y en algunos casos los sentimientos de culpa se resuelven, favoreciendo una mejor evolución y -posiblemente- una respuesta inmune más rápida.

 

2. A nivel preventivo resulta más factible visualizar acciones no sólo individuales sino colectivas, que permitan generacionalmente, disminuir y/o alterar riesgos primarios y además identificar dentro de los generadores sociales, aquellos que históricamente han perpetuado una serie de conductas y situaciones, persiguiendo no sólo su identificación y descripción sino fundamentalmente generar acciones que logren alterar dicha influencia.

 

OBJETIVO GENERAL:

 

Nuestro interés con esta publicación es analizar a partir de una serie de casos cada situación, con el propósito de identificar los elementos riesgo, enmarcando los mismos bajo un enfoque INTEGRAL para, con base en el mismo, plantear las opciones acordes.

 

 

PEDRO

SITUACIÓN  REAL

 

“Crecí en la colonia Guerrero en un cuarto de 3 por 3 metros; diariamente mi madre se iba por la mañana a trabajar de doméstica y tres hijos nos quedábamos encerrados en un cuarto cuya puerta se atrancaba por dentro quedando casi la mitad de la misma abierta por la parte superior”

 

“Allí, cuando tenia 4 años de edad, mi hermano Alberto me pidió -a cambio de un dulce-, que besara “su pajarito” , él tenía 10 años.”

 

“En otra ocasión no me dijo nada y me obligó a hacer lo mismo, pero ahora de manera brusca y sin pedirme nada.”

 

“Para mí en ese momento hacerlo era casi un juego, ni siquiera una travesura, sino algo que él sabia jugar y yo no.”

 

“Sin embargo, poco a poco la idea de que lo que me pedía era malo fue entrando en mi cerebro dado que lo hacía únicamente cuando estábamos solos, a la vez que me proponía y en ocasiones me exigía no decir nada, lo cual me llevó a pensar que había algo malo detrás de ello y que, de una u otra manera, yo estaba involucrado.”

 

“A los cinco años mi hermana y su amiga Rosi acostumbraban bañarme y un día me tocaron “mi pajarito”, era tanta la risa que ambas tenían que yo también me reía con ellas, Rosi tenia 12 años y mi hermana Celia 11.”

 

“Conforme el tiempo pasaba parecía que casi todos estaban interesados en la parte inferior de mi cuerpo, José el huérfano de 13 años que vivía al lado y acostumbraba tomar alcohol, un día me llevó a la azotea y allí metió su pene en mi trasero, grite y llore pero me dio una paletita y me callé.”

 

“Mi hermana Celia lavaba la ropa y nada dijo sobre la sangre en mi calzón, anduve algunos días adolorido y sin jugar pero nadie reparo más en ello.”

 

“A los siete años note que los demás se reían de mí, les hacía gracia mi voz y mis grandes nalgas, para entonces la mayoría de los muchachos que vivían en el terreno donde nuestro cuarto estaba, se habían acercado a mí para que yo les besara el pene, dos de ellos me penetraban con cierta frecuencia.”

 

“Así crecí.”

 

“Cuando entre a la escuela el choque con los otros niños me ocasionó un gran impacto porque hasta entonces todo mi mundo había sido el terreno baldío, en donde, de una manera u otra todos jugábamos y nos conocíamos pero, al entrar en la escuela, mi realidad cambio.”

 

“No entendía porque se burlaban de mí y porque me hacían a un lado para jugar.”

 

“Poco a poco me torne tímido y alejado, mi voz y mis modales eran sancionados y al parecer no agradaba a nadie.”

 

“A los nueve años entró a la casa -para quedarse-, el amigo de mi madre, tomaba alcohol, gritaba y la golpeaba. Nuestros días de paz y juegos habían acabado.”

 

“Nunca conocí a mi padre, mi madre alguna vez platicó sobre él pero no me enseño ni

siquiera un retrato; dos de mis hermanos mayores eran hijos de otro hombre que ocasionalmente llegó a visitarnos.”

 

“Ante la llegada del nuevo padrastro todo se volvió miedo y rencor hacia quien se la pasaba las más de las veces alcoholizado y para quien yo era entre golpe y golpe “el jotito “o “el putito”.

 

“Mi madre nunca decía nada, en ocasiones me apartaba de él pero continuaba callada, dedicada a trabajar de doméstica y sólo ocasionalmente me llegó a defender, yo sin embargo, siempre estaba temeroso y con frecuencia la tristeza me embargaba.”

 

“A los 10 años me salí a la calle, deje la escuela y me sentí amado por quienes viviendo en la calle me favorecían con su atención y juegos. Pensaba que era el rey ¿o la reina? de la calle.”

 

“Pronto aprendí el valor del dinero, nunca tenía problemas para encontrar compañía, mi trasero naturalmente grande parecía ser un foco fuerte de atracción.

Mí madre y hermanos eran tolerantes, podía llegar de vez en cuando a la casa y dado que con frecuencia tenía dinero, aportarlo formaba parte de ello”.

 

“A los 14 años empecé a usar vestidos de mujer, me apliqué hormonas y mis senos crecieron; una “amiga” del ambiente me recomendó usar aceite mineral y aplique dos litros en las nalgas. “

 

“A los 19 años la diarrea empezó, baje de peso, mi piel se ajó, me salieron pústulas en el pecho y un día me dijeron que tenia SIDA y yo me pregunté ¿por qué?, ¿ por qué yo ? ”

 

 ANÁLISIS:

 LOS PRIMEROS AÑOS

 

Todo niño y niña requiere durante los primeros cinco años de la vida cuidados y protección que, lógicamente, no son capaces de prodigarse a sí mismos por cuestión de la propia edad. Conforme el tiempo pasa el menor adquiere autosuficiencia en diversos aspectos, hasta lograr serlo en todos, sin embargo, antes de los 5 años, su vida depende y está supeditada al cuidado de otros en grado casi total.

 

Lo deseable es que esas figuras de quien el menor depende para su subsistencia, estén representados por un padre y una madre a quienes el niño y la niña identifican como los seres más cercanos y de los cuales se espera socialmente que sean quienes los cuiden y protejan.

 

El contacto físico y la satisfacción de las diversas necesidades naturales procuran en el menor no sólo su salud, sino además una serie de conductas y emociones que se generan como respuesta al intercambio ambiental familiar.

 

Cuando un menor crece en ambientes desfavorables en donde la madre representa la figura adulta única y la misma delega en los hijos mayores la responsabilidad en el cuidado del niño o niña, mientras que ella procura el dinero suficiente para la sobrevivencia, las cosas cambiarán.

 

El cuidado ahora dependerá de otro menor, es decir, de alguien físicamente incapacitado para una serie de acciones, y que precisamente por ello realizará una atención limitada e inadecuada. En primer lugar porque físicamente le será difícil y, en segundo lugar, porque no tendrá ni la información ni la madurez para comprender una serie de aspectos.

 

A ello se suman elementos relacionados con el entorno social y el nivel sociocultural que ese grupo familiar tenga.

 

Los Pequeños Cuidadores

 

Un menor que crece al amparo de sus hermanos, pequeños como él, puede arreglárselas, sin embargo, su mundo emocional y real tendrá una serie de adaptaciones.

 

Sus hermanos mayores representarán el papel que los padres deberían tener, es decir, el relacionado con la protección, el cuidado, el amor y el afecto. Y dado que difícilmente podrá igualar lo esperado, lo alcanzado será lo suficiente y de alguna manera lo mejor.

 

Estos menores cuidadores están a su vez en proceso de crecimiento y ello implica que enfrentarán múltiples carencias en cuanto información y experiencias, por lo tanto para ellos también existirán situaciones inesperadas, raras, inexplicables o curiosas producto de lo observado en el ámbito adulto que les rodea y dentro del cual pueden incluirse las relaciones sexuales, los juegos eróticos, la violencia intrafamiliar etc.

 

El menor capta lo visto y a veces experimentado, dentro de un panorama incompleto de entendimiento, porque cada suceso será entendido de manera superficial o parcial dadas las limitaciones tanto de raciocinio como de entendimiento.

 

 Las experiencias previas del pequeño cuidador.

 

A ello tendríamos que sumar la opción en cuanto a experiencias negativas que el menor cuidador tenga, ya sea como producto de su propia infancia, por ejemplo golpes o maltrato -la más de las veces generados por los adultos que le rodean-; insultos o descalificaciones verbales y, con frecuencia, experiencias sexuales igualmente no solicitadas ni esperadas pero producidas a su vez por adultos -generalmente- con otras experiencias infantiles traumáticas o violentas.

 

Como consecuencia de ello, la mayor parte de las veces el menor realiza con sus hermanos más pequeños los actos previamente experimentados en su pequeño mundo, incluyendo la carga emocional que ello despertó en él o ella, de tal manera que resulta interesante constatar en diversos reportes, la alta frecuencia con que un agresor sexual adolescente posee antecedentes de agresión sea de tipo sexual y/o maltrato físico en edades previas.

 

En el caso de Pedro, su hermano de 10 años seguramente aprendió los actos que posteriormente repitió con su pequeño hermano de sólo cuatro años , en este caso no tuvimos acceso a información sobre el hermano pero en muchos otros, hemos constatado la cadena de abusos a temprana edad y esperamos en reportes subsiguientes abordar más ampliamente esta situación.

 

Para Pedro, hacer lo que el hermano mayor decide, forma parte por un lado de la obediencia, por el otro del juego y finalmente de la oportunidad de acercamiento físico con una figura masculina mayor en relación a la cual se mezclan contenidos de identificación, substitución de figura paterna, amor filial, etc.

 

Cuando el abuso sexual se repite Pedro no puede identificar por su propia edad, el contenido emocional y mucho menos moral del acto; percibe sólo que el mismo le ocasiona una recompensa, por un lado el dulce y por el otro la anuencia del hermano.

 

Casi paralelamente la hermana Celia, pequeña a sus 11 años, pero grande a los ojos de Pedro juega con el genital del pequeño hermano, planteando que al parecer esa es un área que esta accesible a quien la desee tocar, forma parte de algo que genera en los demás entretenimiento, risa y aceptación.

 

Cuando en medio de este panorama sucede la penetración realizada por un extraño, Pedro no logra identificar que parte de ello es prohibido, agresión o juego; sólo puede percibir que se trata de algo secreto, que además brinda ciertas ventajas y permite acercamientos físicos y a veces cariñosos.

 

Como parte del escenario están las figuras adultas, todas ellas alejadas, casi ausentes del panorama emocional del menor; siluetas que le dan de comer y consiguen el alimento, le cuidan en determinados momentos pero que generalmente no penetran emocionalmente en ese mundo que paso a paso va descubriéndose, sea por ignorancia, temor, falta de tiempo, incapacidad intelectual, limitaciones culturales etc…

Para Pedro su mundo se desenvuelve en lo que semeja un juego entretenido, a veces desagradable pero sin mayor consecuencia, hasta que la escuela genera conductas agresivas veladas y/o evidentes. Es entonces cuando la realidad se torna molesta y rechazante y el mundo hasta entonces equilibrado se rompe.

Poco a poco surgirá la identificación en cuanto a “soy diferente “o bien “¿porqué no soy igual a los demás? “.

 

Ya adulto preguntamos a Pedro por qué piensa que él prefiere las relaciones con hombres, a lo que responde: “Yo creo que así nací.”

 

Cuando se busca la explicación en cuanto el comportamiento de su ambiente familiar lo primero que menciona es: “Mi familia es muy linda, siempre me cuido.” “yo amo a mis hermanos y a mi madre.”

 

Ante la pregunta sobre si él identificó en algún momento que su hermano inició su comportamiento sexual, menciona: “yo no lo culpo, en realidad yo ya nací así,” “nunca le he reclamado nada. Nos llevamos poco pero yo no le guardo rencor.”

 

Pedro ha vivido en pareja con tres hombres que le han maltratado; en general, las personas que le rodean abusan económicamente de él.

 

Para Pedro la homosexualidad parece formar parte de algo genético, de un sentimiento o preferencia generada espontáneamente, de un sentir poco a poco manifestado; para nosotros se trata de menores de edad que carecen de los cuidados y el afecto requeridos, y que a temprana edad sucumben ante la embestida de otros seres algunos de los cuales padecieron a su vez conductas semejantes y ahora las repiten o bien, como resultado de figuras que intrafamiliarmente abusan de su ubicación y edad para depositar en esos pequeños seres que debieran ser sus más caros objetos de amor y reconocimiento, toda la amargura , impotencia y frustración de una vida, o bien de una serie de excesos e imposibilidad de autocontrol, que desde luego deben tener explicaciones ocurridas seguramente también en el entorno cercano de quienes hoy son adultos y ayer como pequeños estuvieron igualmente expuestos a maltrato y/o conductas contrarias a su sano desarrollo, pero que como adultos no pueden justificar su comportamiento ante un menor dependiente y expuesto que, finalmente, formará parte de esa cadena de eslabones complicados y perpetuadores.

 

Cuando los hombres o las mujeres enfrentan un cuadro de SIDA mediante transmisión sexual, el comentario común a nivel familiar – aunque muchas veces parecería hacerse en forma silenciosa – es que ellos (los pacientes) son los responsables, ellos eligieron mal; ellos fueron descuidados e indolentes y finalmente ellos merecen lo que les está sucediendo porque ellos se lo buscaron.

 

En algunas ocasiones surge otra conducta; la del aparente “respaldo” es decir, la de considerar que “bueno, nosotros lo vamos a apoyar en su error, o en su consecuencia, o en su problema… él cuenta con nosotros”… “Como si la solidaridad fuera el premio o regalo caritativo y amoroso a quien “extravió el camino.”

 

Resulta igualmente interesante la frecuencia con que la familia al identificar el abuso sexual en algún menor de edad confiere al acto un alto contenido de auténtico y torcido interés erótico, representando a sus ojos la excitación sexual el componente básico, y posiblemente a raíz de ello termina proyectando su conducta e intención hacía lo que el menor realiza, aun cuando generalmente el pequeño niño o niña cometa actos pero no conductas con propósitos semejantes al adulto.

 

Como consecuencia, el adulto generalmente tiende a culpar de primera intención al menor, achacando al mismo un grado importante de intencionalidad, maldad e inteligencia procaz, de no ser así ¿cómo entender que al encontrar los familiares adultos a los menores en situaciones eróticas o sexuales respondan con tanta agresión y coraje?

 

Ello condiciona que el adulto tienda a castigar, golpear e insultar al menor, dejando al responsable, habitualmente un adulto o por lo menos una persona con varios años mayor al o la agredida sin mayor observación o reclamo, dado que consideran muchas veces que fue el o la menor quienes provocaron al adulto , asignando de esa manera gratuitamente un componente de inocencia, sorpresa y aun victimización a un adulto que, como ellos, pareciera estar fuera del juego generado por un “malvado menor”.

 

Cuando se platica con los familiares de niños y niñas agredidos o agresores, los adultos tienden a considerar que el problema único empieza y termina con él o la menor; son “ellos” los inadecuados, los irresponsables, los débiles y finalmente los desviados.

 

Por lo general nunca el adulto -padre y/o madre- se cuestiona a sí mismo el porqué un menor aprendió lo que sabe , mucho menos manifiesta interés por analizar qué aprendizaje dentro del hogar puede explicar conductas relacionadas con: falta de respeto, agresiones, violencia, abusos, maltrato o por el contrario: pasividad, sometimiento y devaluación. Al no enterarse frecuentemente estos adultos de la agresión sexual sufrida por el o la menor a costa de familiares cercanos no les es posible meditar sobre su propia infancia, así como las vivencias al lado “en ese entonces”, de sus hermanos y padres, quienes hoy pudieran ser precisamente los violadores de sus hijos, de tal manera que fuera posible revisar episodios riesgosos que muy posiblemente vivieron o percibieron y que hoy su hijo o hija experimentan en silencio, los cuales pueden no estar referidos necesariamente al área del abuso sexual sino del maltrato físico, emocional, la devaluación, nulificación, agresión verbal etc.

Se parte de un supuesto teórico en el cual el menor, al parecer, debería haber crecido "sano, formal, inteligente, educado, ecuánime, fuerte, decidido y autosuficiente de manera  natural “, por lo tanto toda falla al respecto recae automáticamente en el niño o la niña que no lograron ser lo que deberían ser -según esos adultos-, y como consecuencia el ambiente adverso, los ejemplos erróneos o impropios, parecieran ser generalmente cuestiones ajenas ante el hecho de niños y niñas que según un buen número de adultos no supieron comportarse o responder.

 

Esta actitud familiar resulta no sólo avalada sino aún legitimada por la Sociedad en cuanto a considerar que los problemas en general se generan fuera del hogar por parte de individuos torvos y rapaces que acechan al menor una vez que traspasa las puertas de su casa.

 

El problema es que 6 a 8 de cada 10 menores que han sufrido abuso sexual en todo el mundo han sido atacados sexualmente por sus propios familiares y peor aún dentro de su propio hogar que debiera ser el sitio en donde este menor tendría que encontrarse más protegido y asegurado; 2 de cada 3 familias padece algún grado de violencia intrafamiliar, 5 de cada 10 adultos hombres padecen alcoholismo de moderado a intenso mientras que la cifra de mujeres se incrementa cada año, por citar algunos datos. ( 6, 7, 8 )

 

Como parte de este contexto social resulta habitual que en relación a los problemas sexuales la Sociedad ubique a los mismos como situaciones básicamente individuales, en donde es el hombre o la mujer (adultos o niños) los responsables estrictos de su conducta y actos, eliminando prácticamente de tajo la influencia social ejercida sobre la familia y el efecto de ésta en cada uno de sus miembros.

 

En el presente caso podemos identificar como RIESGOS PRIMARIOS EN EL CASO DE PEDRO :

 

1. Ausencia de figura paterna y por lo tanto carencia en los primeros 7 años de la identificación que como niño, Pedro requería.

 

2. Ausencia temporal de la madre por cuestiones laborales fuera del hogar para lograr la sobrevivencia de sus hijos, lo cual obligaba a Pedro a depender de la conducta de otras personas.

 

3. Cuidado y crianza de Pedro a costa de hermanos en edad púber.

 

4. Penetración anal en la infancia por un familiar directo, empleando seducción y violencia no física.

 

5. Penetración anal repetida a costa de diversas personas.

 

6. Actos disimulados de comercialización corporal.

 

7. Presencia de adultos no protectores, descalificadores y agresivos.

 

8. Identificación de las características personales en una situación de confusión, temor y vergüenza.

 

9. Adopción de una personalidad femenina prostituida que genera comodidades comerciales a su entorno.

 

RIESGOS SECUNDARIOS.

 

1. Comercialización Sexual desde la edad adolescente.

 

2. Asistencia a sitios de alto riesgo y contacto con personas nacionales y  extranjeras, alcoholizadas y con alto grado de promiscuidad.

 

3. Penetración anal rutinaria , con protección rara vez.

 

4. Ambiente que favorece riesgos mayores por empleo de substancias aditivas, alcoholismo.

 

Infección VIH/SIDA en Pedro:

-Detección hasta que el proceso se encontraba avanzado (etapa SIDA).

-Enfermedades de transmisión sexual concomitantes: sífilis, citomegalovirus.

-Problemas agregados por el depósito artificial de aceite mineral en glúteos y extremidades inferiores.

-Carencia de Seguridad Social al no ejercer un oficio que le permita el acceso a ello.

-Situación inestable en su cuidado al residir con parejas temporales y dificultad para que la familia le respalde económica y afectivamente.

- Múltiples situaciones de agresión física, verbal, psicológica y emocional.

 

Situación Actual:

 

Con la atención integral de PROFIN VIH Pedro ha identificado que el contacto sexual representó para él la forma de acercamiento emocional que podía brindarle atención y afecto.

 

Ha hecho conciencia sobre diversas cualidades que siempre tuvo, pero que habitualmente eran relegadas frente a la necesidad de ser aceptado sexualmente.

 

El Control de la Infección VIH se ha logrado y en la actualidad se procura que logre identificar nuevas opciones laborales que lo alejen conscientemente de los ambientes de alto riesgo en donde habitualmente convivía.

 

Tiene un importante deseo de rehacer parte de su vida procurándose mayor atención.

 

Su familia a pesar de todo sigue representando un papel importante; por ahora él ha tomado un papel rector y no dependiente.

 

Referencias.

 

1. Epidemiología del VIH/SIDA en México en el año 2003. Secretaría de Salud y Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA. México, 2004. Pág.1.

 

2. Epidemiología del VIH/SIDA en México en el año 2003. Secretaría de Salud y Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA. México, 2004. Pág. 2.

 

3. Korber, B. et al. Timing the Ancestor of the HIV-1 Pandemic Strains. Science 288:1789-1796. 2000.

 

4. Hillis, D. M. Origins of HIV. Science 288:1757-1758. 2000.

 

5. Cobo, F. et al. Introducción: El Origen de la Enfermedad en la obra Aspectos Clínicos y Microbiológicos de la Infección por VIH. Cobo F.(Editor) Ed. Alcalá, Jaén, 2002.Págs.15-19.

 

6. Encuesta Nacional de Adicciones (ENA-2002).Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. México, 2004.

 

7. XII Censo General de Población y Vivienda, Estados Unidos Mexicanos. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. México, 2002.

 

8. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Indicadores Estratégicos. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. México, 2005

 

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