Morir de SIDA, ¿Una posibilidad fácil o difícil?

Dra. Ma. de la Paz Mireles Vieyra

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

email: profinvih@prodigy.net.mx

 

Que el paciente con infección VIH y en estadio SIDA tuviera presente la posibilidad de muerte, como la opción más factible, era algo común a finales de los 80’s, cuando el personal médico aún haciendo su mejor esfuerzo y dedicación, difícilmente podía enfrentar las consecuencias surgidas a raíz de una inmunidad celular progresivamente dañada que, prácticamente, consumía en corto tiempo al enfermo.

 

Desde entonces a la fecha han transcurrido más de 25 años y sin embargo llama la atención que todavía, en el 2014, tanto pacientes como familiares,  público en general y peor aún,  algunos  médicos y personal de salud, planteen  o piensen en que la posibilidad de muerte sigue representando la primera y más cercana opción para el enfermo en quien se diagnostica la infección VIH /SIDA.

 

Esta postura errónea no toma en cuenta una serie de hechos y realidades evidentes como son:

HACE MÁS DE 30 AÑOS, EN LOS INICIOS DE LA EPIDEMIA:

 

El SIDA representaba la parte fundamental de la infección y la cual absorbía toda la atención, por lo tanto, llegar al SIDA era no sólo una parte obligada del padecimiento sino el problema en sí mismo.

 

 

 

Toda persona que llegaba al estadio SIDA es decir, a tener menos de 200 células CD4, continuaba disminuyendo su población celular cada día más y más, favoreciendo con ello la presencia de diversas enfermedades de tipo oportunistas, incluyendo canceres y daño orgánico severo, con grados extremos de desnutrición.

 

Evolucionar al SIDA y de ahí necesariamente a la muerte representaba entonces, un paso obligado e inevitable.

 

 

 

El Virus VIH no mata a la persona “per se” (por sí mismo); lo hace el proceso destructivo consecuente al incremento viral y el cual sin tratamiento no puede ser detenido.

 

Cuando no se disponía de medicamentos para evitarlo, el virus se multiplicaba sin control, invadiendo órganos y alterando funciones en todo el cuerpo, por lo tanto NO ES EL VIRUS VIH

POR SI MISMO EL QUE MATABA A LAS PERSONAS, SINO EL DAÑO QUE EL VIRUS AL NO SER DETENIDO, OCASIONA EN LOS ORGANOS. INVADIENDO EL TORRENTE CIRCULATORIO, LLEGANDO A TODA LA ECONOMIA Y AFECTANDOLA EN DIVERSO GRADO. LA DISMINUCION CELULAR QUE ELLO ORIGINA, TERMINABA MINANDO LA DEFENSA DE LA PERSONA PARA, FINALMENTE OCASIONARLE LA MUERTE.

 

 

ACTUALMENTE:

 

 

El SIDA actualmente es una parte NO OBLIGADA DE LA EVOLUCION en la Infección VIH. La persona infectada NO TIENE PORQUE LLEGAR AL SIDA, puede estar infectado y, con el tratamiento adecuado, evitar la destrucción celular extrema, al controlarse la carga viral y con ello, disminuirse notablemente dicha destrucción, con lo cual la posibilidad de evolucionar a una etapa avanzada se evita.

 

A partir de 1996 con la llegada de nuevos y potentes antivirales que se sumaron a los ya existentes, se favoreció una notable disminución en la cantidad de virus circulante y en la intensa destrucción celular. Los antivirales, al detener la destrucción por la disminución del virus en cantidades importantes y, a pesar de no lograr eliminarlo del todo, ocasionan un descenso notable en la viremia, lo cual permite al organismo reponer las células y con ello la función protectora que las mismas brindan, revirtiéndose el proceso y lográndose el incremento de CD4 por arriba de los 200, lo cual implica que se supera el limite establecido para definir el estadio SIDA y por lo tanto las enfermedades o procesos surgidos a raíz de ello, LA PERSONA COMO CONSECUENCIA DE LO ANTERIOR PERSISTE INFECTADA (VIH), PERO NO EN SIDA.

 

Hoy, con los tratamientos disponibles, quien los recibe puede reducir el virus circulante, es decir el virus existente en el torrente circulatorio a prácticamente cero, sin embargo ello no sucede igual con el virus tisular, es decir el existente en órganos como hígado, ganglios, encéfalo etc. el cual si bien disminuye, no parecería llegar a niveles tan bajos como el logrado a nivel sanguíneo, y ello representa precisamente la diferencia entre curación y control, ya que (hasta el día de hoy) el virus disminuye, pero nunca se elimina del todo sin embargo, el daño celular al reducirse elimina la posibilidad del SIDA. Por lo tanto, si el virus está prácticamente eliminado de la circulación y su concentración en tejidos resulta cada vez menor, no hay forma de que el enfermo en esas condiciones evolucione a SIDA. El paciente sin embargo, seguirá infectado, de ello tampoco hay duda, y podrá por lo tanto infectar a otras personas si se establece el contacto peligroso, pero el enfermo NO ESTA EN SIDA NI TIENE PORQUE LLEGAR A ELLO. Y SI NO TIENE SIDA entonces NO TIENE PORQUE MORIR DE SIDA.

Tendrá infección VIH, pero nada más.

Es decir, tendrá que seguir guardando una serie de recomendaciones pero no PONDRA EN PELIGRO SU VIDA por la presencia del SIDA.

Cabe señalar que lograr esta estabilización viral, no es gratis, y no por el elemento económico involucrado sino más que nada por lo que demanda  todo ello en  las personas relacionadas directamente con dicho problema:

 

EL PACIENTE:

 

El enfermo tiene, primero que todo,  estar consciente de los avances logrados; de que no vive en el año 1985 sino en el 2014 y por lo tanto su PRONOSTICO NO PUEDE SER IGUAL QUE EN LOS AÑOS Y DECADAS DEL PASADO; múltiples y maravillosos avances han ocurrido en la medicina y en el mundo, para que el enfermo siga pensando que le ocurrirá lo mismo que hace más de 25 años, ello implicaría no estar consciente de ningún avance, ni de los cambios ocurridos en todos estos años.

 

Debe tener presente  que si en 30 años la infección VIH paso de la muerte a la vida, otros sucesos realmente importantes tendrán que ocurrir en los próximos 10 ó 15 años y ello incluye, la posible curación, no  fácil desde el punto de vista  virológico pero, factible a todas luces desde el punto de vista médico.

 

Por lo tanto, si un paciente que hoy tiene 20 ó 40 años,  recibe el diagnóstico de SIDA sometiéndose a un tratamiento adecuado y siguiéndolo de manera correcta, podrá sin duda llegar al momento en que la curación aparezca , tal vez en los años 2025 o antes (¿) y tener la opción de CURAR.  Por lo tanto no puede pensar en función de un futuro negro o estático sino en función de un futuro prometedor y real puesto que los avances tangibles al día de hoy lo constatan.

 

Desde luego no basta con esto, los logros implican que el paciente pondrá la parte que a él o ella correspondan y que implica:

 

La toma adecuada del antiviral, o más exacto, de todos los antivirales que conforman su tratamiento y que serán de 3 a 6 en promedio.

 

Lo importante es que usted esté consciente de que el tratamiento una vez iniciado no es para un mes o un año, NO. Mientras no suceda algo realmente diferente y autorizado, el tratamiento es PARA TODO EL TIEMPO QUE TARDE LA CURACION EN LLEGAR

y ello puede significar: 10 o 20 años o bien todo el tiempo que ello reclame.

 

Al respecto es conveniente mencionar que en algún momento el personal médico llegó a plantear que la sobrevida del paciente VIH podía ser de hasta 10 años, afirmación que nunca tuvo realmente ningún sustento demostrable sino la elucubración de cuanto podía durar el efecto positivo del tratamiento existente en ese momento (en esos viejos años).  Pero hoy a la luz de la experiencia, de los reportes nacionales e internacionales, puede asegurarse que, en primer lugar, no se trata de sobrevidas, por que no implica que el paciente se “conforme “  con una vida lamentable o con mínima calidad, que seria realmente lo que la palabra sobrevivencia da a entender, sino que el paciente VIVE, punto. Quiere decir que el paciente bajo tratamiento adecuado, tiene todas las opciones para VIVIR en la forma y calidad de vida que más convenga y que el mismo y sus condiciones socioeconómicas y culturales le favorezcan.

 

Lo que pasa es que, nuevamente, con base en ese lejano pasado, salir del SIDA y lograr sobrevivir era, en 1990, algo realmente inusitado, una persona en ese entonces condenada prácticamente a morir, pero si por algún motivo tal destino  no se cumplía,  entonces al alargamiento de vida se le aplicaba el termino de sobrevivencia. Pero el tiempo ha transcurrido y hoy no podemos hablar de sobrevivir sino de recuperación. Claro que la misma puede tener una gama amplia de opciones desde un 100% hasta un 10%  dependerá ello del avance de la enfermedad, de la oportunidad con que se pida la atención y se brinde la misma; de la calidad con que esta se dé y del cumplimiento de ello.

 

Recordando siempre qué, contrario a lo que el paciente puede considerar, el virus no entiende de cansancio, ni de trabajo, ni de olvidos o pretextos, cualquier explicación que el enfermo dé para explicar su inadecuada toma de medicamentos no funciona, porque el virus no asume “pretextos”. El VIH lo único que sabe hacer es, reproducirse, invadir y destruir células, por lo tanto lo importante es que el paciente  NO LE DE OPCIONES NUNCA, y la única forma de hacerlo es CUMPLIR EXACTAMENTE CON EL TRATAMIENTO, que es el único que puede impedir la reproducción viral pero, para ello, deberá ser tomado diariamente y en el horario establecido.

 

 

Si usted por un lado ataca al virus y por otro, le da opciones de que entre más virus a su cuerpo exponiéndolo a riesgos sexuales sin protegerse con el uso del condón entonces, de nada servirá el tratamiento. Porque usted estará favoreciendo la posibilidad de re-infecciones y ello paulatinamente agravará su pronóstico y echara a perder la terapéutica.

 

Por lo tanto, no basta con tomar adecuadamente los antivirales tendrá que cambiar sus hábitos sexuales, Si su  pareja  está infectada,  recuerde que LOS VIRUS DE SU PAREJA, NO SON NECESARIAMENTE LOS VIRUS DE Usted. porque en cada cuerpo la velocidad y características de replicación pueden variar, por lo tanto es necesario siempre usar condón y nunca confiarse o señalar:  ¡pero es mi pareja!. El condón deberá usarse siempre. Con cualquier pareja sea de un día o de toda una vida.

 

Si usted favorece la relación con diversas parejas o bien con desconocidos, aún empleando el condón, su riesgo estará presente, porque en este intercambio riesgoso tarde o temprano pueden surgir otras infecciones del tipo sífilis, gonorrea (puede haber entrada por vía oral a través del coito oral)  o bien hepatitis o herpes.

 

Por lo tanto, ahora es el momento adecuado para que usted reflexione sobre la forma en que ejerce su sexualidad y los factores que lo llevaron a ello. Y defina claramente que lugar quiere otorgar a todos estos puntos fundamentales en este su nuevo mundo. Porque hoy: cuidarse, protegerse y amarse, debe ser lo más importante en su vida.  Nada ni nadie es más importante que usted misma o mismo.

 

Si usted encuentra en la recuperación médica la esperanza y rescata su optimismo y su deseo de vida, tendrá que meditar acerca de cómo desea vivir esa vida que hoy parecería un regalo frente a ese pasado difícil.

 

No se trata de tornarse monje tibetano o eremita obligado , de ninguna manera, simplemente se trata, de que hoy medite la decisión sexual, y defina cual es su riesgo real, que obtiene y pierde en ese encuentro sexual acostumbrado y hasta que punto puede y quiere alterarlo para que se torne confiable y seguro.

 

O bien definir si quiere hacer cambios en su vida amorosa, en su pareja o en su forma de establecer las relaciones sexuales. Finalmente esos cambios únicamente lo que deben perseguir es su bienestar y seguridad.

 

EL SIDA es tal vez por su intensa cercanía con la muerte, la mejor forma de hacer consciencia en las personas sobre la vida que desean y la forma de hacerlo. Ese encuentro cara a cara con la posibilidad de muerte plantea al individuo cambios que nunca pensó o meditó. Le permite reflexionar de una manera tan profunda como nunca la imagino y por ello puede, después de eso, considerar que ha vuelto a nacer, porque realmente ahora se trata no de un nacimiento fortuito y/o de un desarrollo infantil en manos de otras personas, deseos o conductas no decididas por la persona misma, sino de algo realmente deseado, anhelado y definido: el encuentro consigo mismo(a).

 

Ello nos lleva a  otro aspecto importante relacionado directamente  con el paciente  por la alta frecuencia con la que se reporta. Se trata del hecho de que él o ella pueden seguir inmersos en el alcohol, la droga o “el reventón”; tenemos ejemplos en países como EUA en donde con  frecuencia se encuentran referencias en donde el médico dispone de información sobre hasta qué punto el antiviral puede o no combinarse con el alcohol o la droga que el paciente ingiere. El médico puede también mediatizarse socialmente con este panorama y simplemente recomendar moderación en el paciente, sabiendo dentro de sí que eso puede no ser lo más factible.

 

Desde mi punto de vista, la droga y el alcohol no son “normales” como mucha población piensa y dice “tomo lo normal“. El alcohol y la droga no se requieren en nuestro organismo para ninguna función. Son la sociedad y más bien la explotación comercial las que han planteado la conveniencia de que el ser humano se habitúe a ellas porque las mismas generan múltiples riquezas y conveniencias para determinados grupos.

 

Pero una persona cualquiera que ella sea, no requiere de ninguno de estos elementos para vivir. Por lo tanto mi recomendación sería -aléjese de las drogas y el alcohol.-  Si usted los requiere seguramente no es por necesidad orgánica sino emocional y psicológica, desde luego que la droga provoca adicciones o dependencias orgánicas en estadios avanzados, pero en esos estadios es difícil que un paciente recurra al tratamiento, cuando lo hace, casi siempre es porque sobrevivir es más fuerte que la adicción.

 

¿Por qué alejarse de las drogas y el alcohol? preguntaría alguien.

 

Mi respuesta es, en primer lugar porque ello lo único que implica es que usted de una u otra manera está buscando un escape, tal vez de la depresión, de la tristeza, de la inseguridad, a veces del  recuerdo en cuanto al dolor  que alguna experiencia infantil o pasada le ocasionó. Si es así no son las drogas ni el alcohol lo indicado porque lo único que harán es hacerle olvidar momentáneamente, pero cuando el efecto pase, se sentirá peor, cada una de las emociones que lo llevaron a ingerirlas se tornará después de hacerlo,  generalmente  más intensa, favoreciendo ante si mismo su propio desencanto y frustración.

 

Si lo que desea es vivir, entonces haga actos para  lograrlo. Y ellos están más relacionados con su propia autovaloración, con el rescate de sus  sentimientos lesionados y su autoestima.

 

Si realmente desea vivir, dese la oportunidad a sí misma o mismo, de hacerlo  de otra manera. Intente otro camino diferente. No el que el comercio y la explotación comercial le marcan, sino el que su propio ser reclama. Aquel en donde usted pueda ser respetado por sí mismo y pueda además desarrollar sus potencialidades Y NO, INHIBIRLAS, DEGRADARLAS O DESTRUIRLAS.

 

Si el alcohol ha sido su mayor enemigo, acuda a reuniones de alcohólicos anónimos grupo tradicional, allí sin ambientes agresivos o difíciles, encontrará seguramente a otras personas que viviendo lo mismo que usted han podido superarlo.

 

De que es posible, es posible, y real. Pero debe ser el primero en decidir cómo vivir esa vida que hoy recupera.

 

Puede optar por seguir viviendo en el pasado y lesionarse con el recuerdo de lo que careció, o no tuvo o le negaron o le hicieron. Es posible y es lo más fácil hundirse en ello. Tornarse en una eterna victima, pero también puede optar por ver el sol cada mañana e intentar valorar lo bueno que la vida le ha dado y lo positivo que su desarrollo personal tiene. Porque nadie esta perdido del todo, nadie en ningún sitio o circunstancia. Siempre hay algo o alguien por lo que vale la pena seguir.

 

Por otra parte recuerde que los medicamentos que usted toma o tomará serán todos ellos metabolizados en el hígado y que los tomará permanentemente;  por lo tanto, requiere un órgano sano, adecuado para llevar a cabo diariamente el metabolismo de diversas substancias, de tal manera que no se favorezcan reacciones o respuestas indeseables que pudieran obligar a substituciones o ajustes que no convienen.

 

 

Finalmente resulta muy difícil que alguien que está alcoholizado o drogado pueda realmente evitar riesgos,  si aún sobrio la tentación puede ser difícil, alcoholizado, la opción de ceder será mucho más factible y en VIH ceder a encuentros riesgosos, en condiciones peligrosas o bien aplazar tomas de medicamentos  o mezclar las mismas con substancias inadecuadas, de ninguna manera puede ser recomendable.

 

 

Como puede darse cuenta, el proceso de mejoría no es tan fácil, no implica solamente tomar medicamentos cuando lo recuerde o como lo desee y continuar haciendo todo lo que le daña.

 

Esto no es así, ya que conlleva un cambio pero un cambio en favor de usted mismo o misma; no se trata sólo de detener al virus, lo cual es realmente posible, sino de que usted mejore, de que defina lo que desea hacer con su vida y su salud, con esa vida que pensó había casi perdido pero que puede recuperar y mejor aún, encaminarla hacia la meta que desee alcanzar y que le permita superarse, realizarse y valorarse.

 

No se trata en especial de gastos, ni siquiera de promesas, sino simplemente de decisiones. Ello implica atenderse, seguir un control, cumplir con el mismo  y no dejar en manos de sus familiares, amigos o pareja, la decisión de su salud y de su vida, sino de que usted mismo(a) decida la suya. Tome sus decisiones y efectúe el esfuerzo necesario para lograr lo que hoy podría decirse representa su segunda oportunidad de vida; una oportunidad consciente y decidida por si mismo(a) y por ello, mucho más valiosa y trascendental.

 

 

 

LA FAMILIA:

 

Cuando alguien  tiene la infección VIH sucede con frecuencia que la familia se solidariza con el o la enferma expresando que lo ayudaran y que lo apoyaran, lo cual da la impresión de que comprenden el problema y los respaldan. La cuestión aquí es averiguar si realmente el problema de quien resulta infectado es SU PERSONAL PROBLEMA o sí, su SITUACIÓN  no es sino un REFLEJO DE LAS VIVENCIAS  FAMILIARES.

 

Por lo visto hasta ahora, esta segunda afirmación parecería la más común dado que con la mayor frecuencia quien padece infección VIH refiere casi siempre diversas experiencias negativas durante su proceso de crecimiento; a veces se trata de la carencia de figuras paternas en otras, la existencia de maltrato físico, emocional, psicológico o verbal; nada raro resulta identificar el antecedente de abuso infantil  con o sin  violación, casi siempre a costillas de familiares cercanos como tíos, primos y hermanos en el caso de hombres o padre, hermanos y tíos en el caso de mujeres.

 

La existencia de alcoholismo en figuras paternas (generalmente en el padre  y desafortunadamente cada día, más frecuente también en la madre) con la muy habitual violencia intrafamiliar y lo que ello conlleva: agresiones físicas, verbales y sexuales, representan situaciones de lo más frecuente en todas las clases sociales, lo cual representa para niños y niñas, experiencias llenas de desamparo, angustia, miedo, temor, coraje y desolación.

 

Un hogar así que con frecuencia obliga al abandono o la huida, o en el cual la presencia de figuras substitutas o la convivencia con medios hermanos procedentes de padres diversos, con  agresiones silenciosas, respaldadas por el secreto o amparadas en una mal entendida intimidad, que en realidad lo que hace es amparar agresiones y resguardar secretos contrarios al buen desarrollo infantil, lo que menos ofrece es, un saludable desarrollo.

 

Por lo tanto resulta difícil que una persona con antecedentes semejantes pueda realmente actuar en la vida con base en su directa y única voluntad, ejecutando actos muchas veces contrarios a si mismo(a) como pueden ser la promiscuidad sexual, el alcoholismo, la propia homosexualidad, la drogadicción, la depresión, el comercio sexual etc. a raíz de esta serie de experiencias mal solucionadas o habitualmente escondidas o calladas.  Ello no excluye que cada persona tenga responsabilidad para ejercer su propia conducta, pero, hasta qué punto puede asumir compromiso alguien por actos que se iniciaron en la infancia, cuando su capacidad de elección y decisión no estaban dadas y cuando familiares cercanos como padre, madre, hermanos, tíos, primos, decidieron muchas veces su vida y su conducta.

 

Los riesgos que cada persona corre están muchas veces, en la infección VIH ligados a ese pasado  y a la conformación de una autoestima altamente lesionada.

 

Moverse en este mundo oculto de sentimientos y recuerdos muchas veces es lo que genera, en quien recibe el diagnóstico de VIH/SIDA, una intensa depresión y, contrario a lo que se esperaría, en un buen número de casos no es la muerte en sí lo que puede asustar, sino más bien el temor a que todo ese mundo escondido aflore, o bien a que el desprestigio por conductas realizadas en el pasado se conozca, o que el estigma, el desprecio o la culpa caigan sobre quien durante años, ocultó hechos.

 

Ante situaciones así resulta sorprendente hasta que punto la persona agredida en su infancia sea por desamor, por maltrato físico o abuso sexual justifica a quien le confirió el daño y no sólo eso, sino que habitualmente termina culpándose a si mismo (a) de conductas que no pudieron haber sido consecuentes con su decisión, puesto que era demasiado pequeño o pequeña para llevarlas a cabo, sin embargo casi siempre acaba auto asignándose conductas personales negativas, terminando  por juzgarse a si mismo(a)  como el ser responsable de todo, cuando generalmente fue, por lo menos en la infancia, inocente de todo.

 

Como resultado de lo anterior, si el familiar desea apoyar a su paciente VIH es conveniente que no considere que se trata exclusivamente de un  problema de él o ella y por lo tanto  ajeno en todo a su propio entorno. Lo recomendable  sería meditar acerca de que eventos pudieron como familia, influir en ese pasado para solidarizarse con quien, por diversos motivos, sufrió de una manera particular en su autoestima.

 

Y ello no para eliminar la responsabilidad, sino simplemente para demostrar un  deseo auténtico de  comprensión.

 

Una familia que en lugar de dar dinero brinda al paciente afecto, una buena sopa, o un traslado cuidadoso, es mejor que aquel que da dinero para evitar ser molestado o que busca un hospital para recluir a quien le genera molestias.

 

Igualmente un familiar que evita que su enfermo tome consciencia de su propia responsabilidad, maniatándolo y reduciéndolo a simple receptor de medicamentos y de acciones, no ayuda a que el mismo crezca, madure y se convierta en un ser autosuficiente.

 

Desde luego encontrar familiares que sepan como hacer esto y en que forma realizarlo  podría no  ser lo más frecuente, si ambos proceden de un mismo ambiente lleno de carencias, de limitaciones emocionales, psicológicas o físicas.

 

Pero el amor y finalmente el deseo de proteger a quien lo requiere, puede ser el mejor aliado para encontrar el camino adecuado y brindar sobre todo afecto, cariño y la posibilidad de compartir nuevos momentos.

 

El paciente debe por su parte, ser responsable ante sí mismo, recargarse pero no pedir ser cargado, y aprender día con día a no representar algo difícil de sobrellevar sino, por el contrario, alguien que cada vez es más y más definido en sus actos y decisiones y puede caminar solo, sabiendo que existe una sonrisa y un abrazo calido que le esperan.

 

En México existen por fortuna cada vez más y más posibilidades para la atención del paciente VIH/SIDA, es cierto que en cada Entidad Federativa  las opciones difieren así como  la forma de brindar la atención, pero, comparado con países en donde la posibilidad de tratamiento parece ser imposible, en México la opción real de tener el mismo obliga a que las personas afectadas busquen las oportunidades, abandonen la actitud de esperar que alguien llegue a su puerta a tocar para ayudarles y se propongan encontrar opciones reales, accesibles y tangibles para obtener los beneficios que una época llena de beneficios y avances extraordinarios para el paciente VIH tiene, permitiéndole no solo recuperar la salud, sino una vida de excelente calidad, con una reintegración laboral y familiar.

 

Si usted tiene sueños de avanzar en la vida, de alcanzar un empleo, de terminar una carrera o alguna cosa en particular y de repente conoce que tiene VIH, no flaquee, no se autocompadezca, ni se victimice, por el contrario ¡ÁNIMO!, enfrente esa realidad con conocimientos del 2012 y no de 1990 y acepte que su presente y futuro no son  sombríos, sino por el contrario, le espera un mañana lleno de vigor, de vida y seguramente de esperanza y felicidad.

 

Pronto dirá como muchos pacientes espontáneamente afirman:

 

Gracias al VIH aprendí a vivir.
Paradójico pero real.

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