LA TRANSMISIÓN HETEROSEXUAL DE LA INFECCIÓN VIH ¿REALIDAD O APARIENCIA?

Dra. Ma. de la Paz Mireles Vieyra

Directora Asistencial PROFIN VIH A.C.

 

Veinte años han transcurrido desde el momento en que el SIDA inició su presencia en el mundo ocasionando una de las mayores y más impactantes epidemias del siglo.

 

En los últimos diez años las medidas preventivas se han incrementado representando el uso del condón una de las principales, en particular como recomendación relacionada con el riesgo que las parejas ocasionales pueden representar.

Nuestro interés ha sido el analizar la congruencia entre la realidad epidemiológica que la infección VIH tiene y las medidas surgidas durante estos años, en particular nos interesa referirnos al universo femenino estudiado en la Clínica PROFIN VIH A.C. ubicada en sus dos sedes, la Ciudad de México y la zona sureste del país en dónde durante el periodo 1990 - 2000 hemos atendido a más de 1500 enfermos en diversos estadíos de la infección VIH, de los cuales 233 han sido mujeres, y de ellas 100 con pareja infectada, las cuales formaron el universo que hoy reportamos.

 

Disponemos además de datos relacionados con el universo total lo cual nos ha permitido cruzar información que ha reforzado diversos datos obtenidos en el grupo reportado.

Estas 100 mujeres infectadas por VIH adquirieron la infección a partir de la relación sexual con una persona infectada qué, en todos los casos correspondió a un hombre.

 

En 95 de las 100 mujeres estudiadas la persona que las infectó correspondió a su esposo o pareja permanente considerando como tal a aquella con la cual establecieron una relación “exclusiva”, por tiempo variable.  En el 100% de los casos las mujeres pertenecieron a estratos socioeconómicos de tipo medio y bajo, con ingreso promedio mensual por debajo de los $4,000.00, con escolaridad menor de 6 años en un 79% que se elevó a 100% cuando incluyó hasta 15 años de estudios.

La edad en el 90% estuvo entre los 18 y 40 años, el tiempo de relación sexual con la pareja en estudio se encontró en un 87% en el rango de 3 a 9 años.Bajo estas condiciones el porcentaje de mujeres que empleo condón en forma ocasional una vez iniciada la relación permanente correspondió al 2% utilizándolo menos de 5 veces en toda su relación sexual con la pareja estudiada.

 

En el grupo señalado, la pareja masculina inició en el 88% de los casos cuadro clínico que fue diagnosticado como SIDA y a raíz del cual la mujer pudo identificar el riesgo que el marido tenía, en 7 casos el hombre, por diversos motivos acudió a realizarse el estudio, y ante la positividad se prolongo el estudio a la mujer.

En 5 mujeres la infección se detectó a raíz de la infección ocurrida en un hijo menor de 3 años en el cual se efectuó por diversos motivos el diagnóstico de SIDA obligando ello a estudio retrospectivo y análisis de laboratorio en los padres.

En sólo tres casos la mujer presentó datos clínicos compatibles con SIDA antes que el marido los manifestara, en una de ellas el marido tenía la infección ya avanzada en cuanto conteo celular bajo, en dos casos el hombre resultó no infectado a pesar de varios años de relaciones sexuales con la pareja femenina infectada.

 

De estas mujeres estudiadas el 2% había realizado actividades relacionadas con la prostitución previa a la relación permanente actual.

En el resto, la actividad predominante fue ama de casa en un 80%, sin embargo cuando se tomaban en cuenta actividades ocasionales de empleo el 65% las había realizado, a expensas básicamente de las denominadas marginadas o con características de subempleo.

El 38% había sostenido relaciones sexuales exclusivamente con la pareja permanente y este porcentaje se incrementaba al 89% para incluir a las mujeres que habían reportado máximo 3 compañeros sexuales en toda su vida.

Por lo tanto el riesgo que estas mujeres habían tenido en cuanto la transmisión del Virus VIH emanaba de la relación sexual sostenida con su pareja denominada permanente y ante la cual prácticamente ninguna había tomado medidas preventivas que eliminaran el riesgo de exposición.

 

De todas estas mujeres expuestas 9 de cada 10 tenían hijos, en el 76% el padre de varios o todos ellos era la pareja infectada, resultando infectados 14 menores de edad, Cabe señalar que 40% de las mujeres no habían tenido embarazos en los últimos 8 años y ello pudo favorecer la baja prevalencia de menores infectados.

 

En sólo dos casos las mujeres tuvieron dos hijos infectados por VIH, habiendo ya fallecido uno de ellos.

 

El hecho de que todas estas mujeres tuvieran una pareja sexual masculina autoriza a considerar que el tipo de relación sexual que las mismas sostenían era de tipo heterosexual, sin embargo ello no implica que la transmisión del VIH obedezca necesariamente a este tipo de exposición considerando en relación a ello que teóricamente un hombre heterosexual que se expone sexualmente al VIH debe ser infectado por una mujer que sufre la infección, para, posteriormente, el hombre contagiar a otra mujer susceptible, lo cual plantearía una cadena completa de transmisión heterosexual, en donde los elementos de la cadena están formados por personas de diferente sexo.

Sin embargo en nuestra experiencia referida a 400 pacientes que aceptaban haber sostenido relaciones con mujeres, encontramos que 97% de ellos habían sostenido además relaciones sexuales con otros hombres en diversos momentos, vía coito anal.

El dato no fue brindado de primera intención por el 82% de hombres interrogados, los cuales iniciaban habitualmente su información responsabilizando a mujeres prostitutas o promiscuas, sin embargo ante un interrogatorio cuidadoso realizado por personal con amplia experiencia se logró identificar lo ya señalado.

En el grupo de 100 mujeres la información obtenida corroboró el dato al obtener en el 95% de las parejas masculinas un antecedente de relación anal con otros hombres. En tres casos más la sospecha quedó en pie pero no pudo ser corroborada y sólo dos casos obedecieron realmente a exposición heterosexual.Nuestros resultados por lo tanto plantean que la transmisión ocurrida en estas mujeres si bien obedecía a una relación heterosexual al haber sido el marido u hombre permanente el que las infectó, sin embargo la cadena completa de transmisión heterosexual no se cumplía, dado que el eslabón que había infectado probablemente al hombre era su exposición sexual a otro hombre vía anal.

 

Al respecto cabe señalar que en la literatura mundial se destaca la alta eficiencia que el coito anal tiene en la transmisión del VIH otorgándose hasta un 96% de eficiencia para este tipo de relación, la literatura mundial también destaca el bajo nivel de eficiencia que la transmisión del VIH tiene en la exposición mujer infectada - hombre susceptible y lo cual puede ser explicado en función de condiciones anatómicas que impiden la penetración y eyaculación a la cual la mujer se expone cuando es el hombre quien sufre la infección.En nuestro estudio el coito anal entre mujeres y hombres infectados tuvo una frecuencia del 38% realizándose en la mayoría de los casos en menos de 4 ocasiones durante toda la vida sexual de la pareja estudiada, obedeciendo habitualmente a la solicitud que el hombre realizaba, existiendo situaciones de presión por parte del mismo en un 65% de los casos predominando cuando existían condiciones de alcoholismo.

En sólo dos mujeres de las 38 que realizaron el coito anal existió sensación placentera, en el resto la actitud fue habitualmente rechazo, molestia y desagrado. Por el contrario en 1200 hombres estudiados con antecedente de coito anal, el 92% lo realizaba de manera repetida, expresando sensación erótica y satisfactoria. Ello nos plantea que a pesar de que el hombre parecería gozar con la realización del coito anal, el mismo adquiere al parecer diferente contexto o propósito cuando se realiza entre hombre con hombre que cuando se efectúa entre hombre con mujer, en el primer caso que es lo habitualmente encontrado en la homo - bisexualidad, el contacto no parecería tener tanto contenido erótico como afectivo, opinión surgida del estudio de 1200 hombres con actividades sexuales de este tipo y con relación a los cuales comparamos las variables obtenidas en homosexuales con las del grupo bisexual encontrando diferencias importantes y significativas para tres variables fundamentales: La primera esta relacionada con el abuso sexual durante la infancia, predominando el mismo como antecedente en hombres homosexuales ( p menor a 001) en relación con lo ocurrido en bisexuales. La segunda variable se refiere a la ausencia del padre durante los primeros 5 años de vida del menor, dato con carácter significativo (p menor a 001) para el grupo de homosexuales.

 

Por ultimo, la relación con un padre anuente resultó proporcionalmente mínima, predominando en hombres bisexuales la presencia de padres inaccesibles, frecuentemente rechazantes y aun hostiles.Todo ello nos ha llevado a considerar que la homo - bisexualidad no parece ser una conducta emanada de un deseo o placer, sino la resultante obligada ante generaciones continuas y cada vez mayores de niños carentes de afecto paterno, muchos de los cuales experimentan contra su voluntad el abuso sexual realizado por hombres familiares cercanos lo cual, además del daño emocional que pueda producir, atenta indudablemente contra la identidad masculina del menor al ser su violador una persona de su mismo sexo.

 

Lo anterior requiere ser más ampliamente evaluado, dado que la alta frecuencia de bisexualidad en los hombres estudiados plantea que la conducta sexual existente no resulta ser un accidente o un evento aislado sino que forma parte de un complejo contexto familiar, social, económico, político y cultural difícil de identificar y prácticamente imposible de prevenir o controlar.

Cuando una mujer establece relaciones sexuales con un hombre considerado como pareja permanente, del cual en realidad ignora su verdadera conducta sexual, dicha mujer enfrenta uno de los mayores riesgos que podría ocurrirle en cuanto su exposición al VIH quedando además indemne ante ello al no existir ninguna medida preventiva que pudiera alertarla, detectarla o prevenirla. Lo cual plantea un problema de gran impacto y magnitud, que además de lesionar a esta mujer establece la posibilidad de la transmisión perinatal y el daño de un número importante de recién nacidos.

Sólo cuando estos elementos que consideramos no exclusivos de la población estudiada sino que probablemente se presentan en forma constante a nivel de población abierta sean directamente abordados, podrán establecerse medidas preventivas congruentes con una realidad que, hasta ahora, ha rebasado toda posibilidad de prevención en una población en la cual la complejidad rebasa la primera impresión superficial de riesgo.

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