La mujer en los tiempos del...SIDA

Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

profinvih@prodigy.net.mx

 

A consecuencia del evidente daño que la epidemia VIH/SIDA ha tenido a nivel mundial, la atención desde el inicio se centró preponderantemente en la afectación masculina

 

Hoy, treinta años después, el problema sigue enfocándose básicamente al daño y consecuencias en este grupo de población, sea por las afectaciones directas o indirectas que ocasiona, incluyendo la discriminación generada y sus repercusiones

 

La mujer desde luego se ha visto también afectada, pero de una manera diferente y si bien desde hace tiempo se ha destacado el mayor impacto en poblaciones femeninas como la Haitiana y la Africana, en donde se ha padecido la infección en grado cuantitativamente parecido al hombre ( relación hombre / mujer 1:1 ), la explicación al respecto poco se ha abordado. Pareciera que simplemente se acepta como una respuesta propia a una cultura o un ambiente dado, sin profundizar realmente en las variables que esta población afronta y con base en ello llegar a entender porque en unos lugares claramente identificados existe una distribución semejante en sexos, diferente a la de las restantes partes del mundo.

 

De una u otra manera, lo importante radica en analizar el impacto que la mujer ha sufrido en los tiempos del VIH/SIDA y valorar la afectación que podría llegar a sufrir en un futuro cercano, dado que las condiciones epidemiológicas son diferentes lo que implica que el riesgo puede variar.

 

Repercusiones en mujeres dentro de la familia

 

Al inicio de los 80s el daño mas intenso en México se ocasionó en mujeres de 40 y mas años , cuando las mismas perdían a sus hijos por no existir tratamiento que diera éxito y hombres jóvenes que aparentemente representaban el futuro refugio y sustento de una madre muchas veces sola, morían antes de lo esperado.

 

Lo anterior llevó durante los primeros años de la epidemia a muchas mujeres a sufrir emocionalmente una pérdida irreparable, a veces, a padecer una profunda soledad después de un intenso sufrimiento ante las escasas expectativas de vida y de tratamiento que en esa época existían para su hijo afectado y lo cual hizo mas doloroso el problema. No fueron pocas las mujeres que perdieron a sus hijos bajo estas condiciones y cuyo padecer quedó sin ser reseñado o plasmado en toda su intensidad y consecuencias.

Igualmente en esta epidemia casi nunca se ha destacado el

papel que muchas hermanas jugaron y siguen desempeñando

en otros muchos hogares y el cual ha sido fundamental, dado

que en múltiples casos ellas son las que deben hacer frente

a la enfermedad ocurrida en el hermano, ocultando frecuen-

temente información ante la madre, apoyando al afectado en

el curso del padecimiento, en particular, en su aspecto asis-

tencial y muchas veces en el campo económico. Mujeres que

con frecuencia no gozan de un puesto bien remunerado y las

cuales generalmente se mantienen de ejercer oficios diversos, porque es frecuente que en sus hogares la educación se haya reservado más para el hombre hoy enfermo considerando que el mismo sería la esperanza futura.

Personas que muchas veces son quienes afrontan todo el vía crucis inicial del hermano y sin esperar nada, simplemente por amor, transforman su vida y dedican parte de la misma a la recuperación de su familiar. Mujeres que la más de las veces pasan desapercibidas en su labor y en su entrega desinteresada.

Mujeres – parejas de hombres infectados.

 

Con el correr de la epidemia se sumaron a la afectación, mujeres que de manera súbita se enteraban que sus parejas masculinas tenían SIDA, al ingresar los mismos a un hospital o bien al fallecer. De improviso la mujer, frecuentemente en edad productiva, pero habitualmente dedicada solo al hogar, se enfrentaba ( en la actualidad sucede con menos frecuencia esta situación en las grandes ciudades, dado que el hombre se entera en forma por lo regular mas temprana de su afectación ) al hecho de que, súbitamente, el marido o pareja terminaba en el hospital y de repente se le daba a conocer que el mismo padecía SIDA, ante lo cual, además del impacto, surgía la desolación, tristeza, depresión, ira, rencor etc. que todo ello despertaba y sigue despertando en situaciones parecidas, hoy en día, en la mujer-pareja y lo cual no ha sido ampliamente abordado a pesar del impacto familiar que ello representa.

Por un lado esta mujer-pareja, debe afrontar no sólo la deslealtad evidente, sino además la duda sobre la sexualidad del hombre, creando mayor incertidumbre porque la misma generalmente se juzga a partir de un componente erótico-sexual y no como debería ser desde nuestro punto de vista, como parte de un proceso de crecimiento en donde una serie de elementos familiares, ambientales y sociales seguramente contribuyeron de manera decisiva a la conducta casi siempre escondida del hombre con pareja heterosexual, el cual generalmente ha afrontado su preferencia bisexual oculta muchas veces con culpa, otras con depresión, y casi nunca con reflexión y ayuda psicológica adecuada.

 

Y ello se torna realmente grave, porque si bien el hombre bisexual ya adulto puede identificar su riesgo y de él depende si utiliza o no protección, su mujer o pareja femenina no está bajo la misma opción, dado que ella queda indefensa ante el riesgo de exposición, suponiendo que la realización de sexo con su pareja permanente le evita problemas, evitando proponer el uso de protección de tipo barrera – a menos que evite la procreación – ya que ello podría acarrearle diversas confrontaciones, ante lo cual y a pesar de que el hombre conoce su personal exposición y riesgo, la mujer tiene que afrontar en cada penetración un peligro que ella misma desconoce en su dimensión, permaneciendo en la indefensión.

 

En las mujeres en edad reproductiva el peligro de adquirir la infección VIH de una pareja masculina infectada parece incrementarse si la misma se embaraza, es posible que la edad, o algún elemento hormonal influya en ello en forma directa o indirectamente a través de la condiciones existentes en mucosa vaginal, la resultante es que ello genera riesgo además para el producto concebido.

 

Afortunadamente no todos los embarazos terminan con un producto con infección adquirida in útero o en el momento de la expulsión, pero un tercio de los mismos sí. Sin embargo el hecho de que la mujer esté infectada ofrece en primer lugar a la propia mujer un riesgo altamente elevado en cuanto a cursar con una infección que no buscó, que no esperó y sobre la cual no se le informó el posible riesgo a contraerla, de tal manera que si la misma llega, deberá hacerle frente en condiciones casi siempre mas desfavorables que para el hombre.

 

Y ello sucede debido a que, con alta frecuencia la mujer carece de protección institucional al no ser una persona económicamente ocupada, ya que de acuerdo a las estadísticas en el país, las mujeres se dedican al hogar en 2 de cada 3 ocasiones, el resto realiza con frecuencia actividades de tipo oficios o empleos mal remunerados, que carecen la mayor parte de las veces de prestaciones, y si bien las parejas masculinas pueden inscribirlas a una institución con seguridad social, con frecuencia ello no sucede, sea porque la pareja no es legalmente estable - a pesar de que aún así podría acceder a los servicios, pero para muchas personas este hecho es desconocido, o aún vergonzoso - o porque al existir otras parejas femeninas además de ella, deciden no ejercer los derechos que podrían reclamar.

 

El caso es que la mujer que resulta infectada por su pareja permanente, muchas veces no tiene asistencialmente las opciones que los hombres tienen (inclusive compañeros homosexuales y Asociaciones “gay" que le ofrecen al hombre casi siempre apoyo incondicional) y sufre mayores dificultades para procurar su atención, incluyendo el desprestigio y la deshonra por parte de familiares del esposo, los cuales generalmente culpan a la mujer de la infección y ante lo cual, la pareja masculina generalmente guarda silencio cuando no decide seguir la corriente de culpar a alguien y con ello desviar la atención de lo que considera puede ser altamente dañino a su reputación personal.

En otras ocasiones, si la mujer esta embarazada el Sistema de Salud parece tener mayor preocupación por la madre que por la persona en sí, y una vez que el producto sale o se expulsa, la madre pasa a segundo o tercer término en cuanto a su atención asistencial y terapéutica.

 

Ello puede ponerse de manifiesto cuando vemos que en muchas ocasiones la madre, sea en este país o en otros semejantes recibe un solo antiviral para disminuir la transmisión madre-feto o bien sólo terapéutica antiviral al momento del parto, para disminuir la transmisión, cuando en realidad lo que importaría sería, no sólo que no transmitiera la infección al bebé sino básicamente que la infección en la mujer no avanzara ni la perjudicara a ella misma en mayor grado.

Últimamente en el país se ha procurado que todas las mujeres embarazadas cuenten con el estudio ELISA para VIH para, con ello, abatir dicha transmisión madre-feto, pero en realidad lo que debería procurarse es que las mujeres en sí no padecieran la  infección VIH sean o no madres, considerando que la misma:

 

1)No es tan frecuente como sucede entre las relaciones H-H (hombre-hombre) y que por ello mismo la transmisión mediante relación H-M (hombre-mujer) podría disminuirse de manera intensa si las mujeres pudieran ser detectadas a tiempo lo cual indirectamente abatiría la transmisión materna.

 

2)La información en relación a la transmisión del VIH se enfoca casi siempre a la promiscuidad femenina y ello puede constatarse en múltiples anuncios donde se recomienda el condón, sin embargo contrario a lo que se difunde, la realidad demuestra que  8 a 9 de cada 10 mujeres adquieren la infección no por ser promiscuas sino porque su esposo o pareja masculina las infecta y esta realidad NUNCA ES ABORDADA EN LA PUBLICIDAD que se hace del condón, POR LO TANTO ¿EN QUE FORMA LAS MUJERES PUEDEN PROTEGERSE?

 

3) Por el contrario, lo que se viene fomentando desde hace tiempo y parecería ser que cada día se apoya más a nivel publicitario, es el hecho de que la mujer, a sabiendas de que el hombre con el que convive, practica o practicó relaciones sexuales H-H, acepte sin mayor reflexión o cuidado a este compañero y más aún considere que el embarazo puede ser el término normal de ese tipo de relaciones, cuando en realidad lo conveniente sería sopesar que este tipo de relaciones le pueden deparar un elevado riesgo de infección VIH, máxime si se embaraza. Ante ello, lo prudente sería constatar si el hombre con el cual realiza este tipo de sexo es ELISA negativo, y aún así surgirían preguntas ¿como aseverar que ese hombre no continuará teniendo relaciones ocultas con otros hombres ? O bien, como parte del contexto complicado que la bisexualidad tiene, ¿cómo conocer que la relación H-H en caso de darse, no se realizará en momentos en que el uso del condón para ese hombre resulte poco probable por ejemplo: en estado alcoholizado, o en encuentros anónimos o furtivos inesperados?

 

Todo ello está dando a la mujer un riesgo mucho mayor que el de antes, porque hoy la bisexualidad masculina está siendo no sólo conocida por la mujer sino además aceptada pero no de manera informada sino como parte de una aparente ” variación erótica”que parecería no implicar mayor profundidad ni riesgo, cuando la realidad plantea que esto no es así.

 

4) Las mujeres deberían recibir una serie de informaciones mas amplias relacionadas con el riesgo de tener parejas bisexuales y ante ello lo que se observa es que, por el contrario, se pretende difundir masivamente y favorecer en las nuevas generaciones de mujeres que las mismas tengan una postura de completa aprobación y permisibilidad para que sus parejas masculinas ejerzan la bisexualidad, posiblemente porque al mundo masculino le convenga mas esta situación a un futuro, favoreciendo con ello la posibilidad de procreación con mujeres anuentes a tener como rivales ya no mujeres sino hombres.

 

Ante esta situación dos recomendaciones podrían ser útiles a nivel masivo para las mujeres:

 

1) No efectuar el coito anal.

 

Al respecto existen personas que apoyan la realización del mismo y a través de los medios de comunicación se dan facilidades para que este mensaje llegue a las jóvenes en detrimento del que las previene contra estas prácticas.

En encuestas realizadas en poblaciones de mujeres tanto estudiantes, como meretrices, amas de casa, profesionistas y empleadas en general hemos encontrado que en todas existe un escaso o nulo interés por el sexo anal, predominando el rechazo. Cuando la mujer ha aceptado el coito anal habitualmente esta relacionado con el deseo de agradar a su pareja porque previamente, él mismo, lo ha solicitado y aún cuando se acepta, la mayoría de las veces se realiza en contadas ocasiones. Desde luego también se identificaron mujeres que expresaron aceptar tal tipo de relación y sentir placer con ello, el porcentaje fue menor al 2%

Lo anterior resulta explicable bajo nuestro punto de vista porque generalmente las niñas son sometidas a abuso sexual y/o violación por la vía vaginal sin embargo los niños, en todo los casos de violación fueron sometidos a coito anal, lo cual tiene mucho que ver con el comportamiento adulto que mas tarde ambos sexos guardan en relación con este tipo de penetración.

 

Cuando un hombre solicita a la mujer coito anal, con frecuencia él mismo expresa que es para conocer o explorar caminos eróticos diferentes, sin embargo cabría la posibilidad de que más que erotismo lo que se persigue por parte del hombre (cuando el mismo es bisexual) es obtener placeres que de otra manera pudieran no ser fáciles de alcanzar cuando la vía de penetración es la vaginal.

 

Sería conveniente que las mujeres tuvieran en cuenta esta posibilidad y cuando sus parejas masculinas soliciten coito anal reflexionen si tal solicitud implica realmente sólo una búsqueda erótica o a lo mejor, pareciera ser eso, pero en realidad pudiera ser mas bien que en el acto sexual la mujer simplemente es substituida por un sujeto pasional diferente.

 

En cualquier caso, la protección mediante condón sería necesaria, máxime en el coito anal, y es precisamente cuando la mujer puede descuidar esto, porque considere que por esa vía la procreación no se dará y ello le facilite evitar métodos de barrera, pero el riesgo de infección VIH y de otras ETS ( Enfermedades de Transmisión Sexual) puede estar presente y por ello mismo deben evitarse.

 

2) Se recomendaría a las mujeres en general que pusieran una gran atención en todos los hombres que proponen efectuar tríos con otros hombres ya que ello puede representar una forma aparentemente sutil de manifestar su homosexualidad, igualmente los tríos con otras mujeres deberían llevar a las mismas a meditar hasta que punto el lesbianismo en ellas puede representar un problema, a veces oculto, en otras ocasiones difícil de aceptar o tal vez disimulado pero real.

 

Se señala que todos estos comportamientos día con día son mas frecuentes y que son reflejo de la liberación sexual y de otras formas sexuales de expresión…es posible…pero también habría que meditar que en la época actual la familia ha tenido un deterioro severo y que hoy los padres ( hombres y mujeres) juegan cada vez menos un papel adecuado de PROTECCION Y AMOR para sus hijos, más que nada porque ellos a su vez muchas veces tampoco lo tuvieron y a cambio de ello sufrieron desamor, maltrato, abusos diversos… por lo tanto este deterioro en figuras paternas y maternas ha dado, a lo largo de los años, un alto intercambio de parejas de uno y otro lado, con hijos con múltiples figuras pasajeras y hermanos procedentes de padres diferentes, todo lo cual ha dado a los menores de edad, mayor inestabilidad emocional , física y ambiental.

 

Lo cual probablemente ha favorecido intercambios aparentemente amorosos que en esencia terminan por ser intercambios sexuales, pero que en el fondo lo que en realidad persiguen es la ansiada protección y amor que no parecen llegar a tener en un mundo en donde muchos de los sentimientos y valores se encuentran trastocados.

 

A resultas de ello esta mescolanza de formas sexuales en donde el amor ya no es intimidad sino comunidad, parecieran ser indicadores más que de libertades: de enajenaciones y/o soledades.

 

Cuando la mujer-pareja de un hombre bisexual oculto descubre la infección VIH, observamos por parte de la mujer acciones muchas veces desconcertantes, dado que la interpretación que la misma puede hacer de la infección en la pareja masculina a pesar de múltiples informaciones al respecto, pareciera casi siempre seguir un cauce habitual, tal vez porque el mismo finalmente constituye psicológicamente el menos demoledor y es el considerar que la infección representa la traición con otra mujer.

 

Generalmente no sólo la mujer sino los familiares cercanos tienden a pensar que la infección en el afectado procede de los encuentros con mujeres sostenidos durante los episodios de embriaguez o de farra. Y ello pareciera ser “culturalmente aceptable , perdonable y entendible…"

 

La simple idea de que el origen sea diferente puede generar gran incertidumbre en las personas, por lo tanto finalmente todos, de una u otra manera acaban por pactar por el menor daño colateral posible, sin siquiera hablarlo, suponiendo conductas y esperando que las mismas sean las responsables.

 

La mujer la mayoría de las veces adopta una conducta primero de sorpresa, luego de ira y finalmente casi siempre de resignación y tolerancia. Para terminar en muchos casos como la enfermera de su pareja, o más común como la madre que cuida al enfermo. Aun cuando el afectado sea un adulto y tenga una infección por su proceder sexual, mas aún a pesar de que él mismo haya expuesto a esa compañera durante meses o años al riesgo consciente y oculto de infectarla, sin procurarle prevención o métodos de barrera, y aún cuando como consecuencia de esta conducta indolente la haya embarazado.

 

La mujer parece aceptar estas situaciones porque no identifica o no quiere ver los riesgos reales, considerando que vencerá las calamidades con su actitud. A veces porque considera que es el momento para demostrar su incondicional amor y valor o simple y sencillamente porque durante siglos ha sido programada para aceptar por parte del hombre situaciones devaluatorias de diverso grado y magnitud, pero cada vez mas ofensivas y humillantes.

 

Esta devaluación histórica programada no es propia a un ambiente o clase social, independientemente de una serie de elementos de corte socio-político-religiosos y culturales, la mujer pareciera ser un sujeto mayoritariamente de segunda categoría si consideramos que desde el nacimiento la elección esta relacionada en términos valorativos más con un varón que con una mujer, entendible si el padre es quien desea a ese varón puesto que él mismo debe preferir lo que le es más cercano a sí mismo, sin embargo la madre, muchas veces, comparte esta preferencia sea por que quiere agradar al cónyuge o sea porque piensa que un hombre le dará mayor seguridad futura, lo cual si resulta sorprendente porque se esperaría que como mujer valorara más a alguien semejante a ella, lo cual en pocas ocasiones sucede.

La mujer- niña

 

Cuando esa pequeña crece sus experiencias en el hogar son, con mucha frecuencia, las de observar violencia intrafamiliar por parte casi siempre de un hombre frecuentemente alcoholizado que somete a su progenitora a golpes, o bien que gratuitamente la ofende no sólo con palabras altisonantes sino en su propia dignidad, sometiéndola a grados diversos de violencia psicológica, física y emocional.

 

La menor va creciendo en un ambiente de este tipo y aún cuando directamente en múltiples hogares no reciba mayor daño, la experiencia devaluatoria en cuanto a su imagen femenina será clara y persistente. En otros ambientes, frecuentemente rurales, suburbanos y marginales sin dejar a un lado del todo a los urbanos, surge de manera sistemática y con una frecuencia elevada el abuso sexual incluida la violación a costa, la mayor parte de las veces, del propio padre quien no solo abusa y somete a su pequeña sino que además la llega a embarazar, programándola para ubicarla como su concubina, a veces ante la aceptación, otras la indiferencia y a veces la resignación de su propia madre.

 

Una violación que además conlleva un incesto por parte del padre, es decir el mayor de los incestos en cuanto al grado de parentesco y como ha sido cometido precisamente por ese ser que le dio la vida y además efectuado dentro del llamado “hogar”la posibilidad de denuncia, de demandar ayuda efectiva parecería ser inútil o poco factible, porque finalmente la propia menor como habitualmente sucede será etiquetada de incitadora, de facilitadora del acto, inclusive su madre puede culparla de ello mismo y enfrentarla no como hija sino como mujer olvidando la edad de la pequeña y su absoluta incapacidad no solo para defenderse sino para procurarse protección.

A ello puede sumarse el abuso por parte de otras figuras masculinas como pueden ser los hermanos, el padrastro, hermanastros etc. Ante todo lo cual la pequeña se somete y calla porque todo sucede dentro del “hogar”del que se supone es el lugar de protección y resguardo de los menores pero que para millones de mujeres a nivel mundial es el sitio en donde mayores atrocidades, injusticias y abusos se cometen en medio de la impunidad más absoluta porque a pesar de que todos los integrantes pueden conocer sobre el problema, el delito queda impune, nadie lo denuncia , los cómplices son mayoritarios y la víctima (s), sobrevictimizada (s) dentro y fuera del hogar.

 

Una mujer que crece en ambientes así debe superar muchos obstáculos para lograr obtener un grado de re-valoración personal, y para no buscar perceptible o subconscientementeun ambiente que ya mayor le permita replicar lo aprendido al lado de un compañero igual o peor a lo ya conocido.

 

Patrones permanentes de devaluación:

 

Si una mujer con antecedentes semejantes encuentra en su camino un hombre con preferencia bisexual oculta cabría preguntarse hasta qué punto se trata de un encuentro accidental o fortuito.

Epidemiológicamente requeriríamos identificar si no existen variables correlacionadas y persistentes que pudieran explicar una mayor tendencia ( posiblemente inconsciente) a ello.

 

Tal vez un hombre no pasional o poco pasional, si de pequeña sufrió abusos sexuales, o un hombre al cual proteger si el mismo es de edad menor, o un hombre alcohólico y violento semejante al padre del cual no esperar nada, más que un poco de atención, o tal vez un hombre egoísta que poca atención tiene ante las necesidades emocionales y sexuales de su compañera, etc.

 

El caso es que cuando la enfermedad de la pareja ocurre todo este caudal de devaluación, de programación negativa y de sometimiento parecería aflorar y poner de manifiesto a una persona dispuesta a aceptar y continuar sometiéndose a más y más pruebas y situaciones que pudieran ser lesivas a su integridad emocional y física.

 

Ello podría explicar porque no pocas mujeres cuando conocen de la infección de la pareja masculina terminan por decir “no importa lo que pase, voy a estar a su lado” “lo voy a cuidar y si me infecto pues ni modo”" lo amo y no me importa lo que a mí me pase…” ¿Hasta que grado de amor a otro pero de desamor a sí mismas puede llevar esta afirmación? y ¿hasta que grado de entendimiento real del problema existirá en quien tal asegura?.

 

La mujer en los tiempos del SIDA no es ya solo espectadora como lo pudo haber sido la madre que vio a su hijo padecer en los 80s; no es tampoco sólo víctima como pudo serlo en los 90s cuando el VIH se extendió a la familia, ni sólo apoyadora como ha sucedido con los miles de hermanas y familiares en general que han apoyado a tantos pacientes hombres, brindándoles su solidaridad, su ayuda económica, afectiva y apoyo incondicional ante el rechazo o la marginación, ni siquiera la colaboradora que participa intensamente en los programas altruistas apoyando a niños, mujeres y hombres afectados, favoreciendo múltiples actividades, sino que ahora empieza a ser la protagonista de problemas graves y al igual que en el pasado y presente el hombre ha abandonado múltiples hogares, dejando hijos en diversos lugares sin importarle si logran sobrevivir, la mujer desde siempre ha hecho algo semejante, pero ahora lo preocupante , lo realmente grave es que se está dando en forma amplia, en todas las latitudes del planeta y afectando a muchas mujeres y hogares, en donde cada día con mayor extensión y frecuencia se reportan embarazos desde temprana edad, abandonando cada vez más a sus hijos con sus familiares, las más de las veces los mismos que a ella no la supieron encauzar y que ahora van por la segunda o tercera generación para echar a perder, o bien, sometiendo ellas mismas a sus hijos a golpes porque la violencia que ejerce contra ella el hombre la proyecta cada vez en forma más rutinaria contra las figuras más desprotegidas: los niños, abusando físicamente de ellos, llegando a grados extremos de crueldad.

 

Hoy además la mujer es la enferma que cada día se incorporara más a los servicios de atención, porque hoy y mañana estará cada vez mas expuesta al VIH/SIDA, además de a la cirrosis alcohol-nutricional como consecuencia de su ingreso a las cantinas como parte de su “liberación femenina” pero relegada sin embargo a un pago siempre inferior como empleada y a una preparación educativa menor, sin embargo mañana tendrá más problemas de enfisema y de patología pulmonar como parte de su ingreso al “mercado “en la compra cada vez mayor de tabaco desde casi adolescentes.

 

Ante este panorama, contrario al hombre sufrirá más, porque muchas de ellas no son población laboralmente activa, porque la gran mayoría no cuenta con seguridad social, porque para lograrlo depende aún de un hombre, sea pareja o hijo, que la incorpore al mismo y ello la hace más vulnerable al daño orgánico, psicológico y emocional. Con mayor posibilidad de incapacidad y de acabar en la miseria o inopia, como sucede en este mundo en donde la mujer alcoholizada en las calles, abandonada en las mismas o simplemente muerta en ellas pareciera ser parte del entorno ambiental de una sociedad cada día mas deteriorada, más convulsa y más degradada.

 Hoy la mujer debe meditar si quiere continuar el camino de la autodestrucción programada por otros y aceptada por ella y por un sistema ideológico sempiternamente antifemenino y altamente comercial, o si haciendo uso de su  extraordinaria capacidad, talento, fuerza interior, fortaleza, bondad y solidaridad decide ser dueña de sí misma, para parecerse sólo a  sí misma, en beneficio de sí misma y, al lograrlo, hacer partícipe de ello a quienes le rodean.

 

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