CORONAVIRUS Y EL

TEMA DEL DÍa.

lo que hay que saber respecto de las vacunas.

Probablemente una de las características más fascinantes de la fisiología humana es la capacidad que nuestro cuerpo tiene para producir defensas bioquímicas y celulares en contra de cualquier cuerpo extraño que invade nuestro organismo, sea éste un virus, bacteria, hongo o incluso substancias inactivas hasta entonces desconocidas para la humanidad, como: ! el polvo de la Luna ¡ (1). Esto se debe, esencialmente, a la capacidad intrínseca de recombinación que poseen los genes que codifican para los diversos tipos de anticuerpos humanos.

Sabemos que desde hace unos 1,200 años los budistas indios ya ingerían veneno de serpiente con el fin de hacerse inmunes a sus efectos (2) y que desde hace al menos mil años el pueblo chino se dió cuenta de que ciertas enfermedades dejaban en los sobrevivientes un estado de inmunidad, por lo que empezaron a inocular la piel de los individuos sanos con las costras o el líquido de las pústulas de un tipo de viruela poco intensa sufrida por los niños (práctica conocida como variolización; ver referencia 3).

Con el surgimiento del pensamiento científico occidental, el acercamiento al fenómeno de la inmunidad humana se modificó y se tienen noticias de que a mediados del siglo XVIII, en Inglaterra, el médico Francis Home realizó algunos intentos de inmunización contra el sarampión que podrían ser considerados la primera vacuna, sin embargo, el verdadero padre de la vacunación moderna fue otro médico inglés llamado Ed-ward Jenner (1749- 1823).

En 1768, siendo aún un estudiante de medicina, Jenner se enteró de que una campesina del condado de Berkeley en Escocia, decía que no podía padecer la viruela porque ya había estado infectada por la viruela del ganado vacuno. Después de graduado, dedicó 28 años de investigación al estudio de la vacunación, hasta que el 14 de mayo de 1796 inoculó al niño James Phipps la linfa de una pústula de viruela obtenida de la ordeñadora Sara Nelmes que había contraído la enfermedad. Posteriormente para comprobar la eficacia de la vacunación inoculó al mismo niño con virus de viruela humana y este nunca enfermó.

 

Sus resultados los publicó un par de años después y en menos de 10 años este tipo de vacunación se había extendido al mundo entero.

En México la vacunación se introdujo en 1804, cuando la Expedición Filantrópica de la Vacuna contra la Viruela planeada por el médico guatemalteco José Felipe Flores (y coordinada por el médico español Francisco Xavier de Balmis y Berenguer) llegó, primero a Yucatán el 25 de abril de 1804 y a la Ciudad de México el 25 de julio de ese año (4). De esta manera se inició la lucha contra las diversas epidemias que desde la llegada de los europeos afectaban a la población indígena, como la de hueyzahuatl (viruela), tepitonzahuatl (sarampión) y cocoliztli (influenza) así como contra otras enfermedad como la rabia (vacunación iniciada el 23 de abril de 1888 por el Dr. Eduardo Liceaga en el niño Isidro Delgadillo), la tuberculosis o la poliomielitis.

"La suerte solo favorece a la mente preparada".

Esta es una frase original del Científico Frances Louis Pasteur.

El proceso de vacunación se inició casi cien años antes de que Robert Koch y Louis Pasteur publicaran sus hallazgos sobre lo que después se conocería como la teoría general microbiana de las enfermedades (1877-1878), por lo cual los esfuerzos de vacunación durante el transcurso de ese siglo se realizaron careciendo de un sólido componente teórico que permitiera comprender claramente la razón por la cual la vacunación resultaba efectiva. Sin embargo, en 1880, mientras Louis Pasteur se encontraba estudiando la enfermedad de la cólera aviar, decidió tomar unas vacaciones y le encargó a su ayudante Charles Édouard Chamberland que en su ausencia inoculara con la bacteria de la cólera un grupo de pollos, pero Chamberland olvidó hacerlo y también se fue de vacaciones. Cuando ambos regresaron, un mes después, el cultivo de bacterias se encontraba muy debilitado. Chamberland inoculó los pollos con eses cultivo y los animales no murieron, aunque desarrollaron algunos síntomas o una versión leve de la enfermedad. Expuso a los pollos una vez más a la bacteria normal de la cólera y sobrevivieron pues ya habían desarrollado una respuesta inmune. Pasteur denominó esa técnica como “vacunación” en honor de Edward Jenner y se estableció firmemente el hecho de que era posible debilitar o inactivar a los patógenos para producir vacunas eficientes.

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