¿Esperanza de vida para pacientes VIH/SIDA?

Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra

Psicotp. Fam. Araceli García Salazar

Enf. Marlene Rodriguez Lara

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

email: profinvih@prodigy.net.mx

 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida es el número medio de años que una persona puede prever que vivirá, siempre y cuando se mantengan las tasas de mortalidad por edad existentes hasta ese momento en la población en la cual radica.

Como se observa en la gráfica, correspondiente a México, en el 2010 la población de hombres en general tenía una alta probabilidad de alcanzar los 73 años y la de mujeres los 77 años.

 

Si revisamos cifras mundiales, en Europa se vive en promedio hasta los 73 años, en Norteamérica hasta los 77 y en Latinoamérica hasta los 71 años, sin embargo en AFRICA ha ocurrido que en lugar de aumentarse la edad de sobrevivencia, la misma ha descendido y hoy la media es de 46 años, lo que significa 4 años menos de los que se esperaba para la década de los 90; la causa fundamental de ello es el AVANCE DEL SIDA, debido a que más de 20 millones de personas están afectadas dentro del Continente Africano lo que representa el 60% del total, de acuerdo a cifras del Banco Mundial.

 

EL PROBLEMA AFRICANO

 

África siempre ha estado marginada en cuanto el desarrollo mundial y, a pesar de constituir uno de los territorios mas ricos sobre la tierra, con abundancia de minerales y múltiples riquezas, ha sido también un Continente enormemente explotado primero, por las colonias Europeas, después como territorio en donde parte de la Guerra fría de los 50-70s se lleva a cabo entre la URSS y EUA y finalmente por la presencia dominante de EUA a partir de su independencia en 1960, sumado todo ello desde luego a las intensas luchas internas por el poder, lo cual ha minado intensamente la vida interna y la economía del Continente Africano, reduciendo su esperanza de vida, sin embargo hoy es una enfermedad: el SIDA, la que puede aniquilarlos y fundamentalmente, por algo tan simple y tan grave como lo es la CARENCIA DEL TRATAMIENTO ANTIVIRAL para la mayoría de los afectados.

De tal manera que, mientras en EUA de 10 personas afectadas 9 o mas pueden acceder al mismo, en África de cada 10 solo 2 o menos pueden hacerlo.

Ante ello, cuando algunos grupos o personas se atreven a decir que el tratamiento antiviral no sirve, que es un invento farmacéutico etc. bastaría con decirles que volteen a África, que tengan la capacidad de valorar lo que la carencia de antivirales hace en la población y que en lugar de estas posturas absurdas y hasta cierto punto criminales, acudan a estos lugares a brindar su ayuda y valorar si con ejercicio y otras recomendaciones diversas, – las cuales estos grupos acostumbran hacer -, pueden salvar a estos millones de seres.

 

Lo necesario, lo demandante es, brindar a quien está infectado, la misma oportunidad como la tienen los países como EUA o aún el mismo México en donde por fortuna, los antivirales existen y pueden ser recibidos en diversos lugares desde gratuitos hasta particulares.

 

Beneficio que nuestro País tiene y sería injusto no destacar esta enorme oportunidad de contar dentro del Sector Salud con esta opción terapéutica que, si bien es cierto que puede tener diversas objeciones de tipo logístico, operativo y aún de planeación, lo real es que está disponible al día de hoy para un buen número de infectados.

TRATAMIENTO VS RIESGOS PERSISTENTES

Sin embargo, tener la opción de acceso al tratamiento no basta, una gran cantidad de personas fincan su futuro de vida sólo en ello, es decir en recibir el tratamiento, el cual resulta esencial para lograr la mejoría sin embargo, no basta por sí mismo para asegurar que pueda favorecer persistentemente la misma.

 

Un ejemplo de lo anterior puede ser César (nombre ficticio) un paciente de tan solo 19 años con una infección avanzada que recibió por parte de una Institución, tratamiento antiviral durante todo un año, pero durante el mismo continuó paralelamente con la ingesta intensa de alcohol, iniciando la misma desde los 13 años para, finalmente y, a pesar del tratamiento, sucumbir.

 

Lo anterior pone en evidencia que una persona puede recibir tratamiento y continuar con un ritmo de vida altamente riesgoso, por ejemplo, llegar a la conclusión por diversas lecturas, que el tratamiento le disminuye su riesgo de reinfección y decidir con base en su interpretación, el no uso del condón o bien continuar con prácticas sexuales en donde el intercambio continuo de parejas sea lo dominante.

 

Aunado a ello puede ser que la ingesta de alcohol persista en forma abundante, o la del tabaco o tal vez la de la droga.

 

Las opciones negativas son múltiples pero al final el resultado será el mismo: el paciente expuesto al riesgo del VIH en un pasado y que tal vez padeció y se deprimió ante el diagnóstico,que pudo además haber sufrido ya algunos, o varios embates por la enfermedad, continúa a pesar de todo, en un camino de riesgos diversos, preguntando aquí y allá “si el VIH le dejará vivir “, o tal vez, lamentando en el lapso que la embriaguez le deja ¿porque él o ella padecen este problema ?“ … en situaciones así el VIH tiene poco que ver realmente con el futuro de una persona, dado que con o sin VIH, ese porvenir parecería ser poco promisorio.

 

Y es allí en donde el Profesional y el paciente deben valorar que en VIH, como en pocos padecimientos, las vivencias ocurridas durante el desarrollo infantil pueden influir de una manera decisiva.

EXPERIENCIAS PREVIAS

 

Se nace y se crece en ambientes familiares y sociales que no se eligen y que pudieron haber lesionado intensamente a la persona durante su crecimiento, al respecto hemos encontrado persistentemente un elemento común a muchas personas en esa etapa y ha sido “el desamor” frecuentemente unido a maltrato, en particular durante la etapa infantil y de crecimiento, ocurrido en todas las latitudes, con diversa magnitud y bajo múltiples variables pero cuya influencia en el encuentro posterior con el VIH parece ser esencial, atreviéndonos a señalar que precisamente ese tipo de antecedentes puede ser lo que impide en muchos pacientes superar el episodio crítico de enfermedad, favoreciendo por ello mismo conductas destructivas y derrotistas como sucedió por ejemplo, en el caso de César, el paciente que citábamos líneas arriba y el cual vivió una infancia particularmente difícil al lado de un abuelo materno ex alcohólico y violento, que contrario a lo esperado ( se supone que las mujeres viven unos años más que los hombres de acuerdo a las tablas de Esperanza de Vida ) enterró a su mujer de 60 años, quien afrontó en vida un continuo maltrato dentro de un ambiente familiar de violencia, en el cual creció la madre de César la que a los 16 años a su vez, abandona dicho lugar dejando en el mismo a su pequeño hijo, el cual nunca conoció a su progenitor masculino y debió crecer al “amparo” de sus abuelos.

 

Es indudable que cuando existen situaciones así de complejas, las mismas difícilmente dejarán de influir en la persona llevándola en muchas ocasiones a revivir y/o renegar del pasado, sin embargo lo único que no podemos cambiar es precisamente eso, el pasado, por lo tanto las vivencias buenas o malas seguirán ahí y pueden destruir la vida o simplemente si así lo decidimos ayudarnos a explicarla para finalmente entenderla y entonces actuar en nuestro presente modificándolo, porque no tiene motivo para ser semejante al pasado.

 

El hoy es susceptible de cambio pero siempre y cuando deseemos intentarlo.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

 

Desde luego no todas las personas afrontan situaciones tan críticas como la de César, sin embargo eventos menos impactantes pueden parecernos de gran magnitud en nuestra existencia y es posible que al surgir la infección VIH la persona pueda tomar la decisión al mismo tiempo que su cuerpo mejora, de brindarse la oportunidad de nacer por segunda vez, si por algún motivo ese primer encuentro con la vida dejó en su ser, hondas huellas de dolor y destrucción.

 

También es factible que ante la noticia del VIH/SIDA la persona se refugié en sus viejos rencores, se hunda en sus resentimientos, sinsabores y depresiones, considerando que la vida no tiene sentido para él o ella puesto que, a un pesar le sigue otro y otro sin fin y aún cuando pudiera recibir el tratamiento antiviral decida en forma paralela continuar exponiéndose a riesgo tras riesgo.

 

Frente a ello sería útil tener presente que la esperanza de vida en VIH Sida durante el 2012 es muy alentadora; de acuerdo a los avances logrados en el tratamiento y con base en un apego adecuado y persistente. Siempre y cuando quien padece la infección no se ponga trampas a sí mismo (a) y considere erróneamente que el pasaporte para vivir sin SIDA lo esta protegiendo en automático de otros múltiples riesgos, porque ello NO es así.

 

Lo que sí es cierto es que con el tratamiento y el control, morir de SIDA en el siglo XXI es la posibilidad menos factible y por lo tanto más remota, pero ahora le corresponde a él o ella encontrar el camino adecuado para desarrollarse a plenitud y no centrar en el sexo o en los excesos, ni siquiera en las restricciones, su sentido de la vida.

 

Un sentido de la vida que, como señala el doctor Viktor Frankl

es diferente para cada individuo, y no implica que la vida

ofrezca situaciones que den sentido a la existencia, sino como

él señala, responder a lo que la vida propone y hacerlo con

responsabilidad.

NUEVO PANORAMA

 

Han trascurrido ya 33 años desde que la era del SIDA empezó oficialmente el 5 de junio de 1981, cuando el Center for Disease Control (Centro para el Control de Enfermedades Infecciosas ) en Atlanta, Estados Unidos, convocó a una conferencia de prensa donde describió cinco casos de neumonía por Pneumocystis carinii (hoy Pneumocystis jiroveci ) en los Ángeles, documentados por el Dr. Michael Gottlieb de San Francisco y, prácticamente 27 años a partir de que los antivirales se iniciaron paulatinamente pero, en realidad, solo 19 desde que los Inhibidores de proteasa y con ellos el Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad (TARGA) ha sido la norma, con el cual el SIDA inicio un descenso persistente y sostenido.

Hoy tenemos pacientes que gracias a los antivirales tienen ya 23 y hasta 28 años de sobrevivencia como sucede en casos de transmisión por transfusión sanguínea, en los cuales se conoce perfectamente la fecha en la que el VIH ingresó al organismo y por lo tanto los años de infección que la persona cumple, pudiendo asegurar sin ninguna duda que los pacientes pueden tener una excelente calidad de vida, aún con mas de 25 años de infección, siempre y cuando su tratamiento antiviral sea adecuado y exista un óptimo apego.

Y decimos 25 años porque ese es el lapso que nos puede constar, no porque no puedan vivir mas tiempo, sino porque los estudios de todo el mundo no pueden sobrepasar este lapso de observación por las fechas en que se han dado los sucesos, pero ello no puede ser tomado por las personas como un parámetro para decir que quien padece VIH solo vivirá 10 o 25 años. Desde luego que no, la esperanza de vida para pacientes con VIH/SIDA bajo tratamiento y con apego adecuado no tiene porque ser teóricamente diferente a la sobrevivencia que otras personas tengan para su grupo de edad, es decir 73 o 77 años, recordemos sin embargo que nadie tiene asegurado finalmente que DEBE LLEGAR A ESA EDAD, porque se trata de una probabilidad basada en un cálculo, siempre y cuando los riesgos habituales no se corran de manera especialmente peligrosa.

Por lo tanto el problema verdadero en relación a la esperanza de vida en VIH /SIDA, bajo nuestro punto de vista sería en realidad, hasta que punto la humanidad puede superar todos los elementos que de una u otra forma están llevando a niños, jóvenes y adultos a riesgos cada vez mas extremos y frecuentes y de que manera podrá evitarse qué bajo esas circunstancias la población pueda no sólo superar la infección VIH/SIDA sino fundamentalmente los riesgos que de una u otra manera están favoreciendo desde edades tempranas un alto potencial de exposición y mal pronóstico, como podría suceder en países tercermundistas, pero no exclusivamente en ellos.

Si un niño o niña tiene una posibilidad cada vez menor de sortear riesgos como abusos, abandono, orfandad, adopciones altamente peligrosas, maltrato físico, psicológico, emocional , comercio sexual, compra venta de órganos, incorporación a actividades laborales propias de adultos, sobreexplotación sexual y física y todo ello cada vez con menor grado de protección legal, institucional y familiar, entonces estamos hablando de un problema universal en donde la mayor esperanza de vida no pareciera ser el problema principal sino la descomposición social universal y en todos los niveles, que no sólo solapa sino reproduce estos patrones de injusticia e inequidad.

BIBLIOGRAFIA

 

1.Pierre Bertaux. (1998) Desde la prehistoria hasta los estados actuales. Siglo XXI editores.

 

2.Piero Gleijeses, Jorge Risquet, Fernándo Ramirez. (2007) Cuba y Africa. Historia común de lucha y sangre. Editorial Ciencias Sociales. La Habana

 

3.Mark Shoofs (2000, premio Pulitzer) SIDA , la agonía de África.( 1-8)www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/pulitzer/capitulo1b.html

 

4.INEGI: (2012)http://www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/biblioteca/accion=1&upc=702825493875

 

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