“Mi pareja al inicio de la relación era atento, me buscaba, e incluso llegaba a verme a mi trabajo o casa sin avisarme, me daba regalos y me decía que debía superarme. Todo esto me parecía magnífico. Cuando menos me di cuenta, comencé a buscarlo  y a estar pendiente de él. Dejé todo por estar a su lado. En poco tiempo cambió conmigo, comenzaron sus celos y nada de lo que yo hacía le parecía bien, comenzó  a explotar fácilmente hasta insultarme, me ridiculizaba y ponía apodos y los problemas aumentaron hasta llegar a pegarme. Pensaba que al conocer él cómo había sido mi padre de violento en mi infancia, eso lo frenaría, pero nada fue así.  A pesar de poner todo de mi parte y tratar de ser la persona que él quiere, no logro hacerlo cambiar. Hoy me siento muy deprimido, tengo miedo de él pienso lo  amo demasiado y sé que en el fondo él también a mí, sólo que lo desespero y su vida tampoco ha sido nada fácil, pues también sufrió mucho en su infancia. Me siento confundido  y avergonzado y no se lo puedo contar a nadie. ¿Qué debo hacer?.”

 

Comentario PROFIN VIH

 

Es  importante reflexionar sobre lo que experimenta una persona que cree que es amada y al mismo tiempo es maltratada. ¿Qué carencia  tan importante necesita llenar? ¿Es miedo a la soledad?, ¿a sentirse perdido sin alguien que pueda protegerlo?

 

Si lo que se desea es amor ¿cómo puede reconocerlo?, si en la familia no se tuvieron muestras de afecto, ni una mirada de reconocimiento o un abrazo o protección cuando se tenía miedo, y por el contrario, había confusión entre gritos y amenazas con padres  ocupados resolviendo problemas entonces… ¿ cómo se aprendió el amor?

 

En primer lugar, el amor no duele, la dependencia sí. Porque dependiente es aquel que se cuelga de otro, y se siente a la vez incompleto, y vive como suspendido en el aire, considerando que su bienestar o malestar dependen de otro. Es como entregar la vida a otro porque sólo no se sabe qué hacer con ella. Se necesita del otro para sentirse reconocido, se busca la aprobación y lo que se piensa es “amor” pero que en realidad es dependencia emocional, para sentirse bien. En un grado mayor, se convierte en codependencia a un cierto tipo de relación o de persona. Es como una droga que se sabe que hace daño pero que no es fácil dejar. Y sucede igual para hombres que para mujeres.

 

Si tu eres una persona que trata siempre de complacer a tu pareja y te pones a su disposición buscando que te necesite y  pendiente de llamarle, de ser la primera persona que le ofrezca ayuda,  intentando convertirte en una necesidad para él en realidad, quien tiene la necesidad eres tú.

 

Reconocer este tipo de relación es importante, porque es en esta forma donde se da el maltrato, la otra persona termina generalmente  hastiado de tanta dependencia y la única manera de alejar a la persona puede ser, pateándola de vez en cuando, pero al mismo tiempo, requiere de ella  porque lo hace sentir grande e importante y ello sucede porque ambos carecen finalmente de un sentido de valor en sí mismos.

 

Uno nunca puede cambiar a las personas con su “amor”. La única persona que puede cambiar, es uno mismo y tampoco es fácil, porque de alguna manera se trae un patrón de conducta programado en donde la victimización y devaluación están presentes y ello  disminuye la capacidad de defensa.

 

No siempre la violencia es física, sino también psicológica y es más difícil de detectar desde la posición de víctima porque ante una situación difícil o tormentosa por lo general se desarrollan mecanismos psicológicos que ocultan la realidad cuando resulta excesivamente desagradable, llamados mecanismos de defensa, los cuales nos ayudan a digerir la realidad, a aminorar la angustia o a intelectualizarla y hasta negarla.

 

Buscamos justificación para la actitud del agresor, porque es difícil de aceptar la realidad,  otras veces recurrimos a un mecanismo mucho más nocivo: a culparnos de lo que sucede.

 

Es importante en casos así recordar el camino que se siguió para apegarse a la pareja, cuánto tiempo se dedicó a pensar en él, qué tipo de pensamientos y vivencias en realidad los unen, confrontar lo que se dice, con las acciones. Recuperar los intereses abandonados por dedicar tiempo de mas a una persona. Reconocer nuestros logros, las partes fuertes, el auto valor como persona.  Encontrar en nuestro interior aquél adulto capaz de hacerse cargo de la parte de niño que no creció y que está lastimada, darnos a la tarea de recuperarnos y poder emprender el camino de regreso a nuestros propios brazos que, finalmente, son los más seguros y los únicos incondicionales.

 

 

VÍCTIMA DE MALTRATO FISICO Y PSICOLÓGICO

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