LA HISTORIA DE ADRIÁN: UN PACIENTE VIH , VICTIMA DE LA IGNORANCIA Y NEGLIGENCIA MÉDICA.

PROFIN VIH A.C. 

Adrián* es un paciente de 35 años de edad que, en el mes de noviembre del 2016, enferma y acude al médico de un hospital particular, de los denominados de primer nivel, o de renombre, en el cual una médica, al parecer infectóloga, lo atiende y frente a los resultados del Elisa y WB positivos al VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Humana, informa al paciente, de manera déspota y hasta cruel, que se encuentra en muy malas condiciones y que en el curso de 3 meses se pondrá cada día peor, hasta que se vea obligado a abandonar su trabajo por la pronta y segura llegada de la muerte.

 

Ante este panorama, Adrián que ha sido una persona intensamente insegura y temerosa, se desploma emocionalmente, iniciando el camino a la desesperación, dentro del cual la sombra del suicidio aparece.

Cabe la pena señalar que Adrián hasta 2 meses antes, era una persona aparentemente sana, sin mayores problemas que los habituales en toda persona adulta.

Sin embargo, el conocimiento de su historia personal, la cual obtuvimos durante la atención médica brindada en PROFIN VIH A.C. adonde llega referido por un amigo,  a  raíz del diagnóstico y el cuadro de desesperación surgido, nos permitió  entender una serie de conductas y situaciones. 

El padre de Adrián los abandonó a él y un hermano mayor cuando estaban pequeños; Adrián tenía en ese entonces, 4 años y desde entonces la madre del paciente tomó una actitud francamente hostil hacia el pequeño, encerrándolo sin motivo, dejándolo a veces sin alimento, golpeándolo ante faltas nimias , demostrando en todo momento furia ante cualquier conducta del niño y más tarde adolescente; por el contrario, se mostraba bastante condescendiente con el hermano mayor.

Ante el abandono paterno y la falta de protección de la madre así como la carencia de amor que el niño percibió por ambas partes, el pequeño se torno silencioso, temeroso, y retraído. Es importante señalar que Adrián es un hombre físicamente varonil y atractivo, sin embargo, él se ha considerado siempre un hombre poco agraciado y hasta desagradable, a consecuencia de su baja autoestima, favorecida por un maltrato y desamor crónicos.

 

Cuando el VIH llega, lo hace a un organismo que está emocionalmente lábil y temeroso y bajo esas condiciones visita a una "profesional de la medicina " ignorante e inhumana que, además de malas palabras se atreve a ocupar el lugar de Dios y a predecirle dentro de su absoluta ignorancia un fallecimiento completamente injustificado a un paciente que está en el limite de sus fuerzas y contención emocional, llevándolo a un grado tal de desesperanza, que el enfermo refirió pensar hasta en el suicidio ante la aparente nula opción de vida.

Pero además, esta médica, no contenta con esa actitud se atrevió a recetarle un antiviral sin mayores estudios, es decir, con solo un Elisa y un WB positivo le prescribe un antiviral combinado ( dos antivirales únicamente y no tres como es lo establecido)  que resulta insuficiente para un buen tratamiento y lo hace, sin disponer de la carga viral ni del conteo de subpoblaciones linfocitarias; es más, ni siquiera de los exámenes más básicos para valorar el estado general del enfermo. Obviamente sin mayor interrogatorio y sin ninguna exploración física, prescribiendo el antiviral además sin ninguna recomendación.

Cuando Adrián llega a nuestra Clínica lo hace en precarias condiciones, no tanto por el daño orgánico, sino por el pésimo manejo de su caso en el hospital privado. Él se encuentra en lo que llamamos etapa inicial de la infección VIH o infección aguda, con CD4+ aún elevados, por arriba de 300 células /mL y una carga viral moderada su pronóstico, por lo tanto,  es sumamente favorable, con una probabilidad de vida plena que es prácticamente igual a la de cualquier otra persona; además, es muy probable que en el plazo de algunos años se descubra en algún lugar del mundo la curación, y Adrián tiene, por su edad y estado de evolución todas las opciones de acceder a ello, pero aún cuando ello no fuese así, el futuro de Adrián con el manejo médico actualmente disponible es altamente promisorio y de muy larga duración, sin embargo, al carecer de la información adecuada y, como consecuencia de ese trato anti profesional e ignorante de la médica que lo atendió por primera vez, Adrián se ha programado mentalmente para la muerte.

Un profesional médico o de laboratorio que brinda información incorrecta a un paciente, sea de manera oral o mediante una conducta de gestos o actitudes, puede dañarlo de una manera intensa, porque el VIH/SIDA tiene en el mundo una historia llena de escenas que están acompañadas de dolor y muerte y si bien, en los últimos 15 años este panorama ha cambiado radicalmente, las personas por lo general se quedan ligadas a lo negativo y no a lo positivo.

En la actualidad, aún cuando gran parte de la población menor de 18 años tiene un concepto del SIDA distinto del que poseen las generaciones anteriores, esencialmente porque han crecido durante el periodo de persistencia de la pandemia y porque los medios de comunicación les informan de diversos tratamientos y de su efectividad, la triste realidad es que una gran parte de estos jóvenes, al recibir solamente una porción de la información  y no de manera más amplia, repetitiva y sistemática, han tomado a la infección VIH y al propio SIDA con una actitud de desenfado y aún de indiferencia, ante la prevención y la protección, y solamente cuando el VIH se hace ya presente en su vida, es cuando el o la joven se derrumban y, entonces, entienden que la infección no es cualquier cosa, sino algo que debe evitarse y que si ya llegó, debe respetarse y adoptar ante ella una conducta razonable que mantenga al virus detenido, favoreciendo diariamente una conducta que apoye la salud .

Si en esa lucha cotidiana contra la infección, el o la médica carecen de la información apropiada o si bien por sus propias experiencias de vida o de historia familiar adoptan actitudes inhumanas y/o crueles para con sus

pacientes, entonces el daño que pueden llegar a ocasionar a sus pacientes, puede resultar tan devastador como el propio virus, y esto último se puede entender porque es parte de un proceso biológico de infección, pero al profesional se le debería responsabilizar, inclusive legalmente, por los daños que su conducta ocasiona al enfermo y a sus familiares.

Aún en la actualidad muchos médicos y/o enfermeras no respetan la privacidad del expediente, o de los datos; en otras ocasiones, su trato es déspota y discriminador, dañando muchas veces la reputación o la sensibilidad de los enfermos. Si un profesional no conoce los detalles de la infección VIH porque no es de su especialidad , debe por lo menos, informarse sobre lo que NO DEBE HACER Y LO QUE LA INFECCIÓN REPRESENTA, porque ello es lo mínimo que como médicos se puede exigir, de esa manera se brindarán al enfermo datos fidedignos, debiendo canalizarlo adecuadamente, sin intentar administrar antivirales de los cuales se desconoce su manejo.

En otras ocasiones, el NO HACER LO DEBIDO EN EL ÁMBITO MEDICO ES TAMBIÉN UNA FORMA DE LESIONAR AL PACIENTE, Y EL APLAZAMIENTO O TARDANZA EN LA ATENCIÓN MÉDICA ES PARTE DE ELLO.

Cuando una institución se niega a atender a un paciente o difiere su prescripción, conociendo su avance y complicaciones, aplazando semanas o meses su atención, como sucede cuando el paciente VIH enfrenta complicaciones como cánceres y es remitido a instituciones responsabilizadas de ello, la simple afirmación por parte del personal encargado de que " hay muchos enfermos" no es un justificante médico apropiado para la falta o tardanza en la atención, máxime si ello representa - para quien por días o semanas deja de recibir atención apropiada, - la oportunidad de vida o de salud.

Ello debería ser castigado legalmente y no solamente en cuanto el médico o la Institución sino que la población entera debería protestar al respecto, ante un gobierno que acepta estas situaciones, sin darles su debida solución y, por el contrario, satura a las dependencias con demandas poblacionales más relacionadas con  política social que con una realidad administrativa congruente.

Podría parecer banal señalar algunos problemas al respecto, pero el no hacerlo es contribuir a la política de hacer esperar a familiares y personas fuera de las instituciones, en plena calle, cuando debieran estar dentro de las salas de recepción -que para eso existen-, en condiciones adecuadas y no bajo la lluvia o el sol esperando horas interminables algún aviso que los profesionistas en general realicen y que casi siempre resulta lento, confuso o poco explícito para un familiar angustiado.

Ante las quejas de la población afectada suelen esgrimirse diversos pretextos como: que se saca a las personas, por el robo de infantes dentro de los hospitales , el cual anteriormente se favorecía con la llegada de personas a las salas de recepción, etc etc lo cual resulta falso, porque en realidad lo que sucedía era y es, una carencia de normas administrativas y de vigilancia adecuadas y de un personal supervisado que las cumpla.

Argumentos falaces sobran para justificar actitudes inhumanas y contrarias

al trato ético que la población enferma debe tener .

Ante estas situaciones, lo primero es que el paciente conozca sus derechos,

pero además que proteste y que eleve su queja a las autoridades superiores,

porque solo ante la denuncia del mal trato puede cambiarse este panorama.

Adrián ahora,  está ya tranquilo,  a dos meses de su atención , ha recuperado

5 kilos  y mejorado de sus males , pero lo más importante es que  hoy ha surgido

una actitud muy diferente dentro  de la  familia, en donde la relación madre hijo

ha mejorado de manera importante, con una recuperación anímica y orgánica

que favorece el desarrollo de los talentos de Adrián y le permite valorar sus

propias cualidades, pero también en donde la madre de Adrián ha sido vista

dentro de su propio historial y se ha logrado entender qué elementos la mo-

vieron a actuar en la forma en que lo hizo. Para lograr estos cambios en

Adrián y su madre, el trabajo con los familiares ha sido fundamental , dado que

solamente eso, permite cambiar un ambiente tenso y lleno de rencor y de

palabras no dichas, por uno de entendimiento y de expresión de sentimientos.

Como parte del proceso de denuncia, aprendizaje y crecimiento, está el que Adrián visite a la médica que le dio el mal pronóstico y que la misma valore su incompetencia y negligencia profesional a 3 meses de aquellas fatídicas palabras, observando ahora a un Adrián  lleno de vida, de planes y de futuro y... tal vez, ello la invite a cuidar más sus palabras, su conducta y a revisar sus conocimientos en el campo de la infectología y el tratamiento en VIH/SIDA, para no seguir lesionando a otros enfermos que lleguen a su consultorio.

 

*El verdadero nombre del paciente ha sido modificado para preservar su anonimato.

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