Abuso sexual en la infancia frecuencia del antecedente en pacientes con VIH/SIDA

 

Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra

Psicotp. Fam. Araceli García Salazar

 

Profesionales frente a la Infección VIH/SIDA

email: profinvih@prodigy.net.mx

 

Identificar cuantos pacientes masculinos con VIH / SIDA han padecido abuso sexual en la infancia, fue uno de los objetivos en la revisión de 2500 casos de adultos entre los 18 y los 72 años de edad, de los cuales el 47 % refirieron el dato, el resto no lo reportó, sin embargo cerca de un 94% de los que no lo sufrieron (1245 personas) confirmaron el escaso acercamiento con la figura paterna durante los primeros años de su vida, sea por ausencia de la misma(por diversos motivos) o bien por el rechazo que la propia figura paterna expresó hacia el menor de edad, generalmente sin motivo aparente, o a veces, como parte de un comportamiento habitualmente alejado del padre hacia los hijos o lo más común, como consecuencia de la convivencia con un padre agresor, alcoholizado y emocionalmente poco accesible.

 

En este reporte lo que nos importa destacar son algunas características importantes relacionadas con las personas masculinas adultas que padecen VIH y que refirieron durante su infancia abuso sexual, con el propósito de analizar en siguientes comunicaciones en que forma el mismo pudo favorecer en el curso de su vida riesgos, que mas tarde, facilitaron la exposición riesgosa al VIH, o bien el desarrollo de la infección y, en un buen número de casos, la presencia del SIDA.

 

Aspectos de especial interés:

 

Cabe señalar que autores como Finkelhor, Glasser y López Sánchez (1,3,4) reportan muchos mas casos de abuso sexual en mujeres, que en hombres, Finkelhor menciona al respecto “en los casos reportados, los niños componían un porcentaje pequeño del total …” (3)

En nuestros datos, el abuso sexual infantil en 2500 hombres afectados por VIH se elevó al 47%, lo que sobrepasa en mucho las estadísticas disponibles, que citan datos entre el 8 al 13% para población infantil masculina (1,2,3)Muy probablemente ello se deba a que el menor cuando es interrogado puede negar datos por diversos motivos y en niños de mayor edad (10 y mas años), aceptar el abuso puede resultar comprometedor, sobre todo cuando en 8 de cada 10 casos, el mismo obedeció a incesto durante la infancia, lo que significa que se establecieron relaciones sexuales entre individuos relacionados entre sí, mediante consanguinidad (parentesco biológico) que es el concepto tradicional y que fue el que elegimos para esta revisión, -a pesar de que en la actualidad el término de incesto se ha ampliado e incluye individuos con parentesco por afinidad y el realizado dentro del propio matrimonio -.

La población estudiada constituye un universo particular, dado que al padecer la infección VIH se ha pre-seleccionado la misma al ejercer prácticamente todos sus integrantes (en nuestra serie, mas de un 98%) un tipo de preferencia sexual adulta que se ha relacionado a nivel mundial con el mayor riesgo para padecer la infección VIH: la homo bisexualidad. Si este antecedente no siguiera siendo a nivel mundial, el mas frecuente de identificar en población masculina expuesta al VIH, es posible que en la población estudiada el abuso sexual infantil difiriera, pero el hecho de que en este grupo el mismo adquiera una frecuencia tan elevada, superando los registros existentes en la literatura para menores de edad, torna el dato no solo interesante, sino necesario de analizar y corroborar en otras series de pacientes, ya que nos plantearía, de entrada. que la población afectada mayoritariamente por el VIH, podría compartir antecedentes de gran interés durante su crecimiento infantil y los mismos representar elementos decisivos para explicar no sólo su desarrollo sexual posterior sino el pronóstico que menores de edad podrían llegar a afrontar en un futuro cuando son sometidos a un abuso semejante, lo cual permitiría valorar un aspecto mas en relación al pronóstico integral.

Definiendo el ABUSO SEXUAL.

 

Entendemos por abuso sexual según Baker y Duncan (1) “una actividad cualquiera que la otra persona espera la conduzca a la excitación sexual y la cual puede consistir en coito, tocamiento, exhibición de órganos sexuales, mostrar material pornográfico o hablar de cosas sexuales de manera erótica“ al respecto y de acuerdo al Comité para niños abusados de Londres (SCOSAC)(5) podríamos agregar que “el menor agredido se ubica por debajo de la edad del consentimiento y ello es independiente de que el acto tenga o no coacción explicita y exista o no contacto físico o genital , se diga que fue o no iniciado por el menor y sea o no discernible el efecto pernicioso en el corto plazo.”

 

Cabe destacar que el abuso sexual existe, independientemente de que se haya llegado o no a la violación o penetración (1,2).

 

En nuestra revisión, el 84% de los menores sufrieron no solo abuso sexual sino además violación anal, si bien no todos lo experimentaron en el primer encuentro. En el 98% de los menores existió el sometimiento para que realizaran “fellatio” (sexo oral) al agresor y ello fue acompañado en 7 de cada 10 niños de cierto grado de presión física; en el resto, existió engaño para que el menor realizara el acto y mientras más pequeño más frecuente esto.

 

Resulta fundamental reflexionar en que el abuso sexual en niños es llevado a cabo en la mayoría de las veces por un hombre, es decir por alguien con pene y testículos como el propio cuerpo del menor lo posee. En el caso del abuso realizado en niñas, el violador es casi siempre también un hombre que de acuerdo a los reportes, realiza el abuso básicamente por la vía vaginal y no por la anal y que al ser la niña, una mujer, se mantiene de una u otra forma la combinación heterosexual social y reproductivamente aceptada: hombre-mujer e independientemente del daño emocional devastador que el abuso/violación origina en niños y niñas, en los niños un elemento mas está presente y es de entrada, la relación abusiva homosexual, al ser el abusador del mismo sexo que el agredido.

Al respecto, cuando el “fellatio” (sexo oral) se realiza, el menor generalmente refiere sorpresa, en ocasiones asco, en otras desagrado ante el hecho, y el acto en sí representa una agresión intensa porque se trata generalmente de un niño de menos de 8 años, con una cavidad oral pequeña, al cual se le coloca un pene en erección, probablemente con secreciones pre-eyaculatorias y con olor sui-generis, todo lo cual sorprende en grado importante al pequeño o pequeña que lo recibe. Situaciones todas ellas que parecerían haber sido poco analizadas en cuanto el daño emocional presente y futuro que ocasionan en la victima del abuso, así como en el recuerdo que las mismas dejan, semejante a un programa computacional que alimentara de por vida con una serie de sensaciones y recuerdos, ante las cuales la mayoría de las veces el niño o la niña permanecen inermes y sin información suficiente para procesar dichas experiencias de manera menos agresiva o destructora.

 

La edad mas frecuente del abuso sexual en nuestra serie estuvo entre los 6 y los 9 años de edad con extremos entre los 4 y 17 años.Nueve de cada 10 niños abusados lo fueron por sus propios familiares, representando el tío materno el primer implicado, le siguieron: primos maternos y paternos, hermanos, tío paterno, amigos de la familia y desconocidos

 

En esta serie hemos llegado a identificar antecedentes relacionados con el padre y aun con el abuelo paterno y llama la atención como las variables de maltrato, abandono y desamor se mantienen en muchos casos, identificando padres que fueron “regalados” a otros familiares, o bien abandonados, padres golpeados intensamente por sus progenitores etc. etc. Una cadena continua de maltrato y desamor en la cual sería difícil aceptar que existió en la cadena hijo-padre-abuelos un solo eslabón de abuso sexual y posiblemente el caso identificado en el hoy adulto, podría ser el indicador de múltiples abusos sexuales o bien comportamientos sexuales ocultos en

relación a la familia en sí y a lo largo de generaciones previas, afectando posiblemente

a diversos integrantes de la familia, lo cual representa uno mas de los objetivos que

la investigación se plantea conocer y analizar y no sólo en relación con la figura paterna

sino también con la figura materna y la relación emocional que la misma tiene generalmente

con el hijo  afectado por VIH, no sólo en el presente sino durante su crecimiento.

Cabe señalar que en la actualidad no resulta extraño encontrar familias en donde todos los hijos o un buen número de ellos, practican la preferencia homosexual incluyendo a hombres y mujeres y detectar en esas familias situaciones generacionales con alto grado de violencia intrafamiliar, en donde el alcohol casi siempre parece ser un protagonista principal, existiendo repetidas ocasiones en las que el temor asoló a toda la familia cuando los hijos eran pequeños y la madre fue sometida a intensa violencia física y emocional, y a veces la violencia del padre se hizo extensiva a los hijos, o bien como ha ocurrido cada vez más en los últimos años, la propia madre generó un grado intenso de violencia contra los hijos, sea porque estaba alcoholizada, drogada o bien porque el abandono en que dejo a los menores fue la características principal.

 

Considerar que la preferencia sexual existente en diversas familias es ajena a todos estos componentes, resulta una conclusión demasiado superflua, máxime cuando el propio adulto, pasados los años, refiere sus experiencias infantiles y el grado de soledad, temor, depresión y ansiedad que ello le generó unido a las experiencias sexuales con diversos miembros de la familia que padeció siendo infante

 

El abuso sexual tomo lugar una sola vez en la vida infantil del menor en un 30% de los casos y en un 70% fue repetitivo (dos o mas veces) realizándolo la figura violadora inicial en un 80% y en un 20% otras mas del mismo núcleo familiar, es decir el menor padeció abuso sexual múltiple infantil.El mayor caso de abuso repetitivo fue de un menor que lo sufrió durante 8 años por la misma figura familiar (primo, 9 años mayor).

  • En un 60% el menor fue desnudado y sometido a caricias corporales

  • En un 90% de los casos el violador empleo el engaño a través de juegos aparentemente inocentes; en un 45%, existió violencia verbal y coerción y/o amenazas.

  • En 9 de cada 10 niños la sorpresa y el miedo, jugaron un papel importante para permitir el abuso.

  • Dos de cada 10 niños no se dieron cuenta de que existía abuso sino que consideraron era parte del juego

Recuerdos difíciles que marcan la vida.

 

En nuestra experiencia cabe señalar un dato importante en relación a la vida sexual del adulto que sufrió abuso infantil y es qué, con frecuencia, hemos encontrado que aquello que más excita a la persona en su vida adulta en relación a los encuentros sexuales, coincide en un alto porcentaje, con actos a los que fue sometido el menor de pequeño.

 

Por ejemplo: si el mismo fue colocado boca abajo y el violador se ubicó encima sometiendo al menor a caricias y frotamiento, ya de adulto puede buscar involuntariamente esta posición porque la misma le produce mayor placer o bien si se le obligo de pequeño a sexo oral, referir que el mayor placer lo consigue precisamente efectuando esto. Por el contrario, si la penetración fue lo habitual, ello persistirá en su conducta sexual adulta etc

 

Y ello de ninguna manera implica que el menor haya disfrutado el sexo cuando el mismo fue realizado por primera vez, porque la mayoría de las veces el adulto interrogado no refiere haber experimentado cuando era pequeño placer al respecto, solo en algunos casos se menciona cierto grado de emoción y agrado no por el sexo en sí, sino por el acercamiento afectuoso que el menor pensó existía entre su abusador y el niño.

La desprotección del menor, puntos a favor del abusador.

 

Y ello nos lleva a revisar dos aspectos esenciales: generalmente estos adultos sufrieron la ausencia de la figura paterna durante su infancia sea porque el padre abandonó a la madre desde el embarazo, o bien lo hizo después de nacido el pequeño o en otros casos porque la ausencia del padre era mayor que su presencia en el hogar de tal manera que muchas veces el menor abusado no conoció siquiera al progenitor masculino, en ocasiones solo escuchó su nombre, otras veces lo vio en retrato cuando fue mayor, en otras lo conoció de lejos, o bien existió algún acercamiento sin mayor trascendencia porque fue tratado casi como persona ajena.La frecuencia de un padre compartiendo dos hogares o mas es frecuente y casi siempre sin atender a ninguno, porque su presencia en ellos es casi de tipo "visitante"

 

En algunos otras casos el padre era un alcohólico consuetudinario que se ausentaba continuamente y mas tarde fue substituido por un padrastro poco amigable o indiferente.

Lo importante es que la identificación que diversos psicólogos señalan debe darse entre el niño y su padre y entre la niña y su madre no logra darse del todo o muchas veces en casi nada en cuanto la relación padre-hijo.

 

En nuestros casos, el niño careció casi siempre durante su infancia de ese acercamiento afectuoso y amoroso con la figura paterna, adoleciendo además de la protección que el mismo debió darle, e independientemente del daño social que ello implicó en su momento, como sería el compararse con otros menores que a su alrededor vivían acompañados de su padre, disfrutando del mismo y contando con él; el menor abusado ( en nuestra serie ), careció las mas de las veces, de ese apoyo paterno en forma total o por periodos prolongados, cuando no se acompañó además, de violencia verbal, emocional y /o física

 

Esa carencia parece haber favorecido en el menor su acercamiento a figuras masculinas de mayor edad durante la infancia, de tal manera qué cuando el abuso llega, pareciera que el menor lo que obtiene y se congratula internamente de lograr es: la atención de la figura masculina hacia sí mismo

E importante destacar y reiterar que el menor no busca en ningún momento (en nuestra serie), el acercamiento sexual, sino el amoroso pero no a un nivel erótico, sino emocional y más precisamente de tipo proteccional-paternal.

 

Desafortunadamente el adulto o adolescente que se acerca al menor para abusar del mismo, ya ha sufrido probablemente en su infancia el mismo proceso que éste, y posiblemente con los años, experiencias eróticas diversas persiguiendo en el menor una satisfacción de tipo sexual inmediata, aunque seguramente en la profundidad, la carencia emocional también vivida en su propia infancia y adolescencia son las que favorecen finalmente este tipo de situaciones.

 

Ello probablemente contribuye a obtener en este universo, repetidamente, un dato interesante, y es el que no se culpara generalmente al abusador de lo sucedido en 9 de cada 10 casos. De tal manera que menos del 10% de quienes sí refirieron molestia contra el abusador, expresaron odio y rencor, el resto mantuvo un sentimiento de indiferencia y/o aceptación y algunos reportaron aún agradecimiento hacia el violador porque, según sus palabras : “ por lo menos les habían hecho caso“.

 

Además, considerando que el abuso estuvo con elevada frecuencia ligado al incesto, el menor siguió conviviendo durante muchos años, en algunas ocasiones hasta su adultez, con el abusador /violador, resultando contados los casos en que el menor una vez adulto afrontó al violador, las más de las veces llegaron a convivir con el mismo de manera indiferente, a veces rehuyendo encuentros y en menor grado con acercamiento amistoso.

 

Este aprecio o por lo menos consideración del menor por su abusador, parece explicarse porque en la gran mayoría de los casos el menor se autoculpaba ya adulto, de lo que había sucedido en su infancia, considerando que él mismo, tal vez, había favorecido los encuentros o facilitado de alguna manera los mismos, en su deseo por acercarse a otra figura masculina.

 

La gran mayoría de interrogados no culpaban a su abusador, lo disculpaban y preferían olvidarlo, considerándose a si mismos como los responsables de la mala experiencia, aun cuando estuvieran conscientes de que ellos eran unos niños de 4 o 7 años y el otro de 18 o mas años.

 

Al respecto, cuando el interrogatorio se hizo, las personas tendíeron a ubicar el abuso sexual como “el inicio de las relaciones sexuales “cómo si en la infancia se pudieran tomar decisiones adultas para autorizar o rechazar el acercamiento sexual de otra persona generalmente mayor que el agredido. En diversos momentos la persona hasta entonces se tornaba consciente de que lo que había experimentado era un abuso y no un acto consensuado, otorgando casi siempre a su abusador características básicamente de “buena fé”, “afecto” y, por el contrario, la percepción negativa era para sí mismo: “yo lo provoqué”, “yo lo permití”, “había algo malo en mí” etc.

 

Al respecto Perrone y Nannini (3) señalan:“Las victimas quedan privadas de su infancia, aceptan el sacrificio porque se sienten culpables con respecto a la familia y crecen con una madurez forzada…”“…los niños y adolescentes que sufren de incesto se hallan aislados con respecto al medio exterior y dentro de la familia ocupan una posición de sacrificados….“ Cabe meditar también en lo que Perrone y Nannini señalan (3);

 

Cuando un adulto abusa sexualmente de un niño considera que puede utilizar el cuerpo de este a su antojo. Se vale de su ventaja intelectual y física , de su posición, de su autoridad, y de su poder social para desarrollar una dominación tendiente a la satisfacción sexual“

“Cuando el incesto se prolonga durante varios años la víctima queda atrapada en una telaraña relacional que de a poco carcome su resistencia y sus posibilidades de oposición sin embargo ello no equivale a un consentimiento

 

“Al niño se le ha dado categoría de adulto y sin haberlo elegido vive la problemática del adulto no como espectador sino como protagonista pero sin posibilidad de compartir”

 

…ni de decidir, diríamos nosotros.

 

Este pequeño nacido con genes XY y con caracteres secundarios masculinos por un funcionamiento hormonal y fisiológico acorde, afronta a partir del momento del abuso realizado por un hombre como él, una serie de situaciones que con el tiempo serán día con día más y más críticas hasta llevarlo posiblemente un día a asumir con el correr del tiempo “que el es diferente” , que el “probablemente nació mal,” “que el debe tener alguna alteración o defecto” para llamar la atención de otros hombres”… o bien considerar que “nació homosexual”, que otros lo saben (los abusadores) y lo mas importante , muchas veces el afectado piensa que su propio padre lo percibió o sospechó y de esa manera justifica el rechazo que el padre generó hacia él …razonamiento equívoco que lo único que hace es marginarlo y deprimirlo mas.

 

En relación a otros datos referentes al abuso sexual infantil referido por adultos que hoy padecen infección VIH están los siguientes:

 

  • 18% lo comunicaron a otros familiares , solo 2% tuvieron respuesta positiva de defensa hacia el menor y de denuncia del violador, el resto culpó o responsabilizó al menor del ataque

  • La depresión fue un dato prevalente en casi el 90% de los menores agredidos, manifestándose a través de apartarse de juegos y de personas, aislamiento escolar, menor rendimiento.

  • En dos casos de 2500, el abusador fue el padre biológico, sin existir violación sino únicamente caricias o acercamiento del pene a los glúteos del menor.

 

En ambos casos los menores pensaron que el padre estaba dormido o alcoholizado y no dijeron nada ni al mismo ni a otro familiar.

 

Contrario a lo reportado en las niñas, en quienes la figura abusadora/violadora mas comprometida en prácticamente todos los reportes, es el padre biológico , siguiendole el padrastro y el hermano. En niños la figura paterna – por lo menos en nuestra serie, – no jugó en ningún momento un papel importante en el ataque por abuso sexual sobre el pequeño, aun cuando la conducta afectiva del mismo hacia el menor de edad, haya sido en esencia, la clave fundamental del problema.

 

  • En prácticamente todos los casos el violador, años después, se había casado y tenia hijos, ante ello el menor, hoy adulto, reconfirmaba su mayor responsabilidad en el acto ocurrido en el pasado.

 

El antes, en el momento y después del abuso sexual.

 

Finalmente cabría preguntar ¿Hasta que punto el abuso sexual infantil altera la vida del menor en forma definitiva, no solo por el suceso en sí, sino porque el mismo se da precisamente dentro de un ambiente que sugeriría que no es el mejor para el desarrollo en general de un pequeño o pequeña, máxime cuando miembros del mismo presentan conductas lesivas hacia el menor?

 

¿Hasta que punto un adulto que experimento abuso sexual en particular por una figura familiar, puede superar adecuadamente ese episodio y olvidar el mismo sin consecuencias para su vida emocional y sexual?

 

Y ¿hasta que punto un abuso sexual se da como episodio aislado en la vida de un menor o por el contrario es simplemente el indicador de un contexto familiar riesgoso y carente de la protección y amor esperados?

 

Niños que sufrieron abusos sexuales y que tuvieron que afrontar la mayor parte de las veces tales situaciones, sumidos durante años en depresiones, auto culpas, y muchas veces generando conductas paralelas lesivas y cada vez mas riesgosas porque consideraron que “eso era lo que merecían”, inmersos en una sociedad en donde la burla hacia el homosexual es el chiste “de cada día”, como si quienes practicaran tal conducta debieran ser los bufones, cuando en realidad la sociedad debería darles una satisfacción por las carencias y errores que de una u otra manera la misma cometió, sea en forma global o a través de su célula familiar en contra de los adultos cuando eran pequeños.Cuando la infección VIH llega en varios pacientes con este antecedente el SIDA parecería ser el corolario obligado, apropiado a su “conducta”, la cuenta que él afectado piensa debe pagar a la sociedad por lo que el es o ha sido.

 

Consideración absurda, porque si algo se podría decir de quien ha sufrido esta situación es que ha sido víctima, primero de sus familiares, después del adolescente y /o adulto que no lo protegió debidamente como sería la responsabilidad de cualquiera ante un niño o menor de edad y por el contrarió acabó abusando o violando al pequeño, acto vil en sí mismo y mas reprobable aún porque la víctima era un pequeño, finalmente de una sociedad que no cumplió con la cobertura social necesaria para disminuir los riesgos (incluyendo sus instituciones y las decisiones y responsabilidades de los tres poderes) esta reconocido como un acto que deja lesiones de por vida en las personas, no solo por el acto en sí, sino por todo lo que al mismo rodea y que incluye: el antes del abuso, el momento del mismo y el tiempo posterior a él.

 

Nuestras sociedades poca atención ponen en el antes del abuso, y allí deberíamos analizar qué grado de protección tenían esas personas, qué grado de desamor y violencia afrontaba en su cotidiano vivir; qué conductas practicaban quienes les rodeaban: alcoholismo, drogadicción, su propia devaluación personal etc.

 

Por ello podemos concluir que el abuso sexual difícilmente es un accidente, o algo espontáneo que súbitamente aparezca, es mas bien la consecuencia de una serie de circunstancias básicamente familiares y sociales que abonan el terreno y, como consecuencia, las figuras mas comprometidas en el mismo son, precisamente, los familiares del menor, los cuales probablemente a su vez padecieron muchos de ellos, abuso de pequeños y además situaciones vivenciales acordes a un medio favorecedor. Y es precisamente en ese medio agreste y generalmente proclive al abuso en donde el menor continúa viviendo después de que el abuso se lleva a cabo, teniendo ya sobre de sí una nueva experiencia casi siempre devastadora o por lo menos diferente, y en ese ambiente deberá decidir si habla sobre lo ocurrido o lo calla, y si la respuesta de quien le rodea es positiva o intensamente negativa, o bien indiferente, todo lo cual se ira sumando en la vida del menor y lo obligará a tomar decisiones para las cuales no estará preparado, por ejemplo: la ingesta de alcohol para retomar el acercamiento sexual con otras personas, o bien la depresión y el aislamiento, para mitigar su vergüenza, dolor o tristeza, o la droga para escapar de una serie de situaciones deprimentes, o la promiscuidad para demostrarse que es un objeto que puede servir para brindar sexo no a uno, sino a varios individuos. Etc. etc.

Situaciones múltiples que complican el post abuso y que la mayor parte de las veces favorecen conductas lesivas al propio menor el cual una vez adulto es muy probable no logre tampoco comprenderlas ni controlarlas o posiblemente superarlas, intentando hacerlo de la manera menos favorecedora para sí mismo.

 

Todo ello puede favorecer riesgo tras riesgo en la exposición sexual  y en el comportamiento personal hasta que el VIH llega un día

 

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BIBLIOGRAFIA

 

 

1. Danya Glaser y Stephen Frosh.Abuso Sexual de Niños (1998) Paidos.

 

2. Reynaldo Perrone , Martine Nannini. (2002) Violencia y Abusos Sexuales en la Familia. Paidos, Terapia Familiar.

 

3. David Finkelhor (2006) Abuso sexual al Menor. Editorial Pax.

 

4. Félix López Sánchez ( 2003) La inocencia rota. Abuso sexuales a menores .Editorial Oceano.

 

5. Abuso sexual Infantil cita SCOSEC 1984 en www.terapiaymas.es <

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