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El sexo oral en la época actual: ¿Una posible via de transmision VIH?

Artículo publicado por:
Dra. Ma. de la Paz Mireles Vieyra
PROFIN VIH A.C.
PROFESIONALES FRENTE A LA INFECCIÓN VIH
Página web: www.profinvih.org
Correo: profinvih@prodigy.net.mx

Cuando la infección VIH a mediados de los 80´s fue claramente identificada en cuanto su origen viral, pudo precisarse entonces el mecanismo de transmisión y plantearse que el contacto sanguíneo representaba el riesgo fundamental, dependiendo del tipo de exposición ocurrida.

La transfusión sanguínea significó desde entonces, el máximo riesgo en caso de que la misma se hiciera con productos contaminados; a ella le siguió el coito anal, debido tanto a cuestiones anatómicas (vascularización de la mucosa, penetración de un conducto tortuoso y estrecho en donde el contacto entre sémen infectado y mucosa agredida se favorece) como epidemiológicas (frecuencia del coito, en particular en la relación hombre - hombre).

Desde entonces se planteo, como parte de las características que la exposición sexual debía cubrir, que la transmisión hombre a mujer alcanzaba mayor eficiencia o facilidad en la transmisión que la ruta: mujer a hombre a pesar de que las secreciones vaginales representan uno de los líquidos con mayor posibilidad de persistencia del VIH.

Lo cual  pone de manifiesto una vez más que en cuestión de transmisión no basta con la presencia del microorganismo, sino que se requiere además una efectiva puerta de salida y otra de entrada, sin contar con que el inóculo (cantidad de virus que ingresa al organismo durante la exposición inicial, lo cual en VIH, -como en otras enfermedades virales- no se ha precisado, pero resulta indudable que ello representa igualmente un elemento importante. Cuando todo lo anterior se conjunta, en forma exitosa, la transmisión del VIH se da pero, de no ser así, el riesgo teórico no equivale al riesgo real.

Para  demostrar que la complejidad en una transmisión es mayor a la aparente, baste mencionar el caso de la exposición que un feto puede tener dentro del útero materno, en donde no sólo está en contacto con una víscera sino con la circulación sanguínea a través de una placenta que indudablemente representa un filtro mas allá que solo mecánico, de tal manera que únicamente uno de cada tres hijos nacidos cuando ya la madre está infectada pueden resultar infectados.

Al respecto tenemos el caso de una mujer de 25 años de edad, el esposo de la cual  fallece al parecer por un cuadro sugestivo de SIDA (problemas clínicos ya evidentes y múltiples), el hospital que atiende al esposo  no comunica o no diagnóstica esto y la mujer ignora el diagnóstico, un año después contrae nuevas nupcias y siete años mas tarde presenta  un cuadro avanzado de SIDA, motivo por el cual asiste a consulta con nosotros, realizandose la investigación retrospectiva y encontrando que en los primeros 6 años del nuevo matrimonio la mujer  se embarazó en  tres ocasiones, dado que ella ignoraba que pudiera estar infectada , puesto que ni siquiera lo sospechaba.

Los tres niños nacen a término y afortunadamente los tres resultaron elisa negativos, el esposo resultó también, hasta la fecha, elisa negativo y la enferma de acuerdo al análisis realizado se encontraba ya infectada desde hace mas de 8 años, a consecuencia de la transmisión hecha a la misma por parte de la pareja fallecida con el cual se embarazo en dos ocasiones, pero ambas terminaron en aborto. Con el segundo esposo y a pesar de la exposición que durante años  existió a través de la exposición vaginal,  este hombre que es el padre de los tres hijos resultó  negativo al VIH y con el,  los tres pequeños nacidos durante el lapso en el cual la mujer ya estaba infectada, no resultaron  lesionados.

La paciente al agotarse  el periodo de latencia que en VIH se acepta puede ser alrededor de 8 a 10 años, inició la fase SIDA , es decir el cuadro clínico avanzado  y fue a raíz de ello que pudo identificarse la infección y  lo ocurrido años atrás. Lo anterior pone de manifiesto que el riesgo real muchas veces difiere del teórico, debido a la serie de elementos que entran en juego.

El Sexo oral

Existe otro tipo de transmisión que durante años ha sido considerado como práctica escasamente  riesgosa en cuanto  la transmisión VIH y es el  SEXO ORAL y no se  ha considerado como tal porque la presencia de sangre durante el mismo resulta excepcional.

Por otra parte, el contacto entre líquidos contaminados (sémen) y alguna lesión oral, resulta poco probable, no porque las heridas en boca no existan, sino porque no basta con que las mismas esté presentes,  se requiere además el contacto directo entre la pérdida de continuidad reciente en la mucosa y el semen contaminado, eventos ambos que caen en el terreno de la probabilidad y la cual resulta de baja expresión, tanto porque el contacto directo o  puerta de entrada puede ser difícil , como por el  escaso tiempo en que los líquidos están presentes,  o bien porque puede o no haber eyaculación , o porque el liquido pre - eyaculatorio puede  tocar solo superficies integras etc.

A pesar de ello con el correr del tiempo el sexo oral debe ser nuevamente revisado en cuanto su riesgo en la transmisión del VIH. 

Por qué motivos:

Cuando en sus inicios las personas drogadictas por vía intravenosa empleaban agujas contaminadas el riesgo de infección VIH existía, pero al parecer el inóculo posible  de ingresar era extraordinariamente pequeño y tal vez -en algunos casos- insuficiente para el inicio de la infección, sin embargo los drogadictos Intravenosos (IV) fueron uno de los grupos más afectados y lo fueron porque había un hecho contundente: la frecuencia de la exposición.

De una exposición en donde teóricamente el riesgo a cantidades bajas de virus podría ser real y además altamente efectivo, dado que se trataba de la  introducción directa en vena de una aguja contaminada; sin embargo al inicio de la epidemia la contaminación de la aguja debió ser un evento poco factible.

Pero, conforme los años transcurrían, el mismo se incremento y  lo más importante no era sólo esto sino el hecho de que el drogadicto no se exponía a ese riesgo una sola vez, sino diariamente, con frecuencia  lo hacia tres o cuatro veces al día  como se relató en su momento en relación de las llamadas “casas de punto” o lugares donde el drogadicto se aplicaba la droga empleando agujas no esterilizadas que 20 o más personas habían empleado antes.

El riesgo por lo tanto aunque fuera mínimo, en relación al inóculo, crecía o se incrementaba debido a la frecuencia del mismo y a que la aplicación era directa en vena, lo cual permitió entonces que uno de los grupos más afectados en ese momento y aún ahora –si el uso de agujas no esterilizadas se realiza-  lo fuera el drogadicto IV.

Exposiciones continuas = Riesgo mayor

En cuanto al sexo oral podrían darse situaciones  semejantes en lo referente a la exposición repetida al riesgo, y las cuales podrían  diferir  HOY de lo que sucedía  antes.

El sexo oral entre hombres  parece ser una actividad frecuente desde siempre y no parece existir ningún reporte que nos informe sobre las variaciones que el mismo ha adquirido a través de la epidemia del SIDA.

Sin embargo por reportes de casos  podemos suponer que  el sexo oral se ha transformado con el correr del tiempo y como parte de la epidemia, mas que en una actividad erótica complementaria, en una substitutiva.

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Y si bien cda día más y más personas emplean el condón durante la penetración como medida preventiva, el sexo oral no ha seguido esta recomendación en  la misma intensidad.

Es así que prsonas con VIH que emplean rutinariamente el condón para la penetración anal -amparados en una información medica que hasta hoy no ha considerado al sexo oral como un riesgo importante  en la transmisión VIH- practican este último sin emplear la barrera de protección (el condón).

Aquí cabría, epidemiológicamente hablando, valorar:

- ¿Hasta qué punto el sexo oral por si mismo, podría ser un riesgo?

- Si su frecuencia y características de realización han variado en el transcurso de la epidemia, ¿en qué forma esto puede contribuir a transformar ese riesgo?

De acuerdo a lo anterior podemos señalar:

- En  primer lugar la frecuencia del sexo oral parece ser mucho más elevada que antaño, pacientes interrogados sobre ello contestaron que la frecuencia aumentó desde un 50% hasta un 100 % (p < a 0.05)  a raíz del temor sobre la transmisión del VIH y la restricción impuesta a la penetración anal.

- Por la información brindada parece ser que el sexo oral paulatinamente se ha ido transformando en un substituto sexual, practicándose penetraciones en cavidad oral más profundas, más repetidas, más intensas en movimientos y con mayor frecuencia de contacto intenso y sostenido con secreciones del pene, incluyendo el semen.

- Es posible que esto haya facilitado que el mecanismo de transmisión se torne más efectivo con el correr del tiempo y todo unido ¿facilite en la actualidad que el sexo oral represente un riesgo más frecuente de transmisión VIH?.

Lo conveniente sería contar con mayor información sobre dicha actividad y sus modalidades, junto a ello valorar riesgos de exposición, iniciando el reporte de individuos que niegan todo contacto anal realizado sin protección y a pesar de ello resultan ser personas recientemente infectadas (básicamente hombres homosexuales).

Paralelamente impulsar la difusión del uso del condón en toda actividad en donde exista contacto con secreciones genitales, sea a nivel vaginal, anal u oral. SIN EXCEPCIÓN.

 

El sexo oral como parte del abuso sexual infantil en niños y
su posible repercusión en la vida adulta:

El sexo oral, sin embargo, no debe ser visto solamente como una variante adulta elegida por los participantes independientemente de sus modalidades sino que en realidad, desde nuestro punto de vista, representa más que eso:

Los reportes dados por miles de hombres (nuestra experiencia se ha referido básicamente al sexo masculino) que tuvieron abusos sexuales en la primera infancia y cuyo recuerdo es expresado durante la consulta médica, permiten asociar el sexo oral con una modalidad de abuso sexual ejercida por adultos sobre niños, y el cual parece ser un suceso con muy alta frecuencia.

Estamos hablando de pequeños de tres, cuatro, cinco o más o menos años de edad que, atemorizados la mayoría de las veces por un familiar cercano, ceden, sin siquiera  entender lo que está sucediendo, realizando la mayoría de las veces  con miedo, desagrado o asco (por lo que el propio adulto refiere que sintió en su momento)  lo que se les ordena o indica.

Sin embargo el hecho de representar este acto un acercamiento íntimo con una persona masculina casi siempre de mayor edad,  el cual muchas veces seduce al niño haciéndole creer que lo que el pequeño perseguía era precisamente un tipo de acercamiento así, cuando casi siempre el menor no tenía ni idea sobre ello, LO QUE PERSIGUE EN ESE MOMENTO EL VIOLADOR ES CREAR EN EL MENOR LA CERTEZA DE QUE FUE EL PEQUEÑO QUIEN BUSCÓ EL ACERCAMIENTO Y EL QUE FAVORECIÓ TODO PARA, CON ELLO, EL ADULTO QUEDAR LIBRE DE RESPONSABILIDAD.

Lo anterior genera en el niño, la mas de las veces una serie de culpas y sensaciones inexplicables, en donde paralelamente al hecho de  haber realizado algo que puede significar sorpresa y/o  molestia, puede sin embargo generar también sentimientos contrastantes al sentir el menor  que fue objeto de atenciones, a veces de caricias y sobre todo del acercamiento masculino, todo lo cual le genera  temor, placer, alegría y miedo. Sensaciones contrapuestas e inexplicables que casi siempre quedan en la obscuridad y en la intimidad del menor sin atreverse a contarlas porque de alguna manera percibe que algo sórdido o negativo descansa detrás de ello.

En realidad lo que nuestra experiencia parece reportar es que el sexo oral como expresión de abuso en menores, con frecuencia forma parte  de un terreno en donde el abono principal lo representa la carencia de atención paterna, sea por ausencia de la figura paterna o bien por inaccesibilidad al mismo, dado que aunque el padre esté presente con frecuencia el menor sufre por parte del mismo  agresiones diversas, rechazos,  ofensas,  subvaloración o simplemente temor al acercamiento por representar  el padre un ser que amenaza y atemoriza,  por lo tanto la identificación masculina: niño–hombre está frecuentemente inconclusa o incompleta, y si bien el niño no persigue en ningún momento un acercamiento sexual o erótico con la figura paterna sino solo de tipo amoroso y de aceptación, al carecer en casos como los señalados, de ese acercamiento paterno positivo y protector, puede substituir esa necesidad con acercamientos afectivos a otros hombres, que la mayoría de las veces por las propias experiencias previas que estos han tenido resultan negativas para el niño, descubriéndole el mundo del sexo y no del afecto que es lo que en realidad él pretende, sin embargo el patrón a seguir plantea siempre involucramiento sexual y no porque el menor lo busque o favorezca, sino porque a su vez otros niños, ahora ya hombres lo experimentaron y hacen presa de ello a otros menores cercanos, muchas veces a través de la seducción, la manipulación  o el engaño, perpetuando una cadena de abusos infantiles.

En varias ocasiones los hombres violadores por la cercanía familiar con el menor abusado pueden no penetrarlo y conformarse con la realización de sexo oral, actividad que el menor, de referirla a otros,  difícilmente se le creerá, máxime si el familiar es su primo o tío o hermano cercanos, de esa manera el menor aparte de la agresión física está expuesto a la negación colectiva a su dicho y como consecuencia, la poca credibilidad que los demás le brindan. Sin dejar pasar el hecho de que muchas veces es atemorizado, amenazado u obligado a callar.

Ese acercamiento con un pene, siendo el menor mismo un individuo del sexo masculino dotado a su vez de un pene, planteará una serie de problemas  que como en cascada caerán sobre él, con el transcurrir de los meses y los años, en especial porque el acto sexual se realiza en un terreno carente de afecto o atención paterna, de tal manera que los elementos se suman, favoreciendo una respuesta más compleja, y permitiendo  en el menor el surgimiento de una serie de culpas que generalmente las asume como si él fuera el responsable de todo el contexto, incluyendo el comportamiento inadecuado  de los adultos, cuando resulta evidente que no es así.

Desde luego un menor con una fuerte figura paterna puede también ser objeto del abuso sexual, pero resulta poco frecuente encontrar este tipo de situaciones, cuando se dan, es posible  que el menor lo comunique a los padres, al existir una buena comunicación con los mismos,  los cuales precisamente por ello pueden asumir casi siempre un papel protector y/o de denuncia, recibiendo  el menor atención adecuada, en el momento oportuno. Lo preocupante es cuando el abuso sexual bajo forma de sexo oral se da y por las condiciones disfuncionales de la familia, el mismo representa parte de esa disfuncionalidad, al ser cometido por miembros de la misma en perjuicio de los menores, quedando casi siempre como un evento escondido, silencioso, oculto y por ello mismo con toda la carga negativa que el entorno acentúa.  En ocasiones ocurre a expensas de un extraño o amigo de la familia pero muchas veces favorecido por el ambiente familiar inapropiado.

El sexo oral por lo tanto, representa en el adulto, no solo un elemento erótico, sino en algunos casos, un substitutivo sexual y en otros más, una reminiscencia infantil, con todo el peso emocional que ello implica.

Por lo anterior el sexo oral  debe ser mayormente estudiado no sólo como una agresión cada día mayor en el menor abusado (niños y niñas, con diferente repercusión debido al sexo al cual pertenece el menor agredido), sino además como un mecanismo de posible riesgo y exposición a infección por VIH entre otras, tanto para hombres como para mujeres.

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Este artículo está ubicado en el tema PROFIN VIH | Publicado el 8 de Marzo del 2010 por autor




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