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¿QUÉ SIGNIFICA TENER INFECCIÓN VIH / SIDA EN LA ÉPOCA ACTUAL? Información para Médicos y Personal de Salud

Autora: Dra. Ma. de la Paz Mireles Vieyra
ASOCIACIÓN PROFIN VIH A.C.
PROFESIONALES FRENTE A LA INFECCIÓN VIH
www.profinvih.org

Es probable que a estas alturas, si usted es médico o enfermera, dentro de su consulta o prestación de servicios estén incluidos pacientes con la infección VIH y esto lo lleve a consultar diversas fuentes; sin embargo, es factible también, que su interés en revisar algún aspecto sobre el tema surja por primera vez ante la necesidad de emitir recomendaciones a alguien con este diagnóstico.

Al inicio de la epidemia, -alrededor de los años ochenta- el escaso número de pacientes reportado en ese momento favoreció en el médico general o de especialidad, la impresión de que el atender pacientes VIH resultaba eventual o poco probable a menos que su trabajo estuviera directamente relacionado con la infectología o la epidemiología.

Conforme el tiempo pasó, esta primera impresión fue superada, dado el creciente número de hombres y mujeres infectados por vía de la transfusión sanguínea, ante lo cual, la incorporación de especialidades como la hematología, la medicina interna y otras fue requerida; casi paralelamente la entrada de la infección al ámbito perinatal obligó a pediatras y ginecoobstetras a sumarse a la demanda asistencial.

En la actualidad, con más de 50 millones de infectados a nivel mundial de todas las edades y tanto hombres como mujeres, adultos y niños, incluyendo recién nacidos, escolares, púberes y adolescentes, la infección VIH ha puesto en riesgo a prácticamente toda la población, demandando la participación de todas las especialidades médicas, además de la medicina general y familiar, así como en casi todas las disciplinas comprometidas directa o indirectamente.

En el área asistencial, cuando el médico recibe al paciente VIH por primera vez su actitud inicial podría obedecer a asociar el caso directamente con el SIDA, es decir con un proceso devastador orgánicamente, que consume la inmunidad celular y favorece múltiples infecciones oportunistas y aun neoplasias, lo que implica que el profesional ubica inmediatamente al enfermo, no al inicio de la infección o en parte intermedia, sino directamente en la etapa crítica, incluso cuando el paciente pudiera no manifestar daño alguno aparente.

Posiblemente como consecuencia de ello, en algunas unidades asistenciales privadas y gubernamentales la actitud médica refleja desde el primer contacto con el paciente un elemento en común: la desesperanza, a veces no expresada corporalmente sino en palabras dirigidas casi siempre a los familiares y en ocasiones, peor, al mismo enfermo: “…desafortunadamente, poco nos queda por hacer…” “lo más conveniente es que lo lleven a su casa a pasar sus últimos días….” “les aconsejo resignación y atender los asuntos inmediatos…” o bien “hemos otorgado
ya el máximo beneficio a su enfermo y nada queda por hacer, lo mejor es que muera en su casa…” y frases por el estilo…

Esta actitud, justificada de alguna forma al inicio de los años 80´s, ha permanecido en bastantes médicos y personal de salud los cuales parecerían ajenos a los avances logrados en 24 años de epidemia.

Resulta real que al inicio de la infección VIH, el personal médico fue testigo de una enfermedad ante la cual no existían soluciones ni siquiera parciales, lo cual contribuyó a una actitud derrotista en cuanto a soluciones terapéuticas, sin embargo, esto dio paso a avances extraordinarios durante 20 años, de tal manera que el pronóstico del paciente con SIDA ha dado un viraje de 180° necesario de ser conocido por todo profesional médico.
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Por ejemplo, la letalidad que al inicio de los años 90 era mayor del 80%, en la actualidad se encuentra en cifras menores al 6%, en contraste, la población afectada ha sobrepasado en 20 años lo ocurrido en la historia mundial con padecimientos como la viruela, la sífilis, el sarampión, etc. Es más, padecimientos como la diabetes e hipertensión se han visto poblacionalmente  desplazados tanto en costos como repercusiones por la infección VIH al no limitarse el daño a población económicamente activa y extenderse poco a poco a todas las edades incluyendo a aquellos con 50 y más años.

Como consecuencia del panorama que ha rodeado a la infección VIH el paciente adopta actitudes muchas veces derrotistas cuando conoce el diagnóstico y ello lo hace mucho más sensible a la actitud y palabras emitidas por los profesionales del área de la salud.

Y así con o sin conocimiento, con o sin verdad, la población al escuchar diagnósticos o pronósticos médicos, tiende a sacralizarlos, de tal manera que cuando el profesional adopta una actitud de rechazo, de desesperanza, de resignación o de desahucio ante pacientes con SIDA, el enfermo y sus familiares responden casi siempre abandonando la lucha, perdiendo la esperanza y sumiéndose en la depresión y así, sin mayor evidencia que las palabras dichas, se disponen “ a una muerte anunciada” magnificando con ello el poder que el veredicto médico pueda tener, sin tomar en cuenta que el mismo puede estar escasamente sustentado, lo cual pone de manifiesto una vez más la hegemonía milenaria del médico al otorgarle un poder casi de predicción divina.

En 15 años de experiencia hemos sido testigos de ello y del daño que palabras y actitudes diversas ocasionan en el paciente, trátese de la enfermedad que sea y especialmente en SIDA, es cierto también que en contraste surge la otra opción, es decir aquella en la cual el paciente consigue levantarse y emprender la lucha con base en una verdadera esperanza, ofrecida por el personal médico cuando el mismo procede de forma honesta y cálidamente, al plantearle al paciente, posibilidades difíciles por la situación existente, pero factiblemente alcanzables, con base en evidencias, conocimientos y disponibilidad terapéutica.

No sería exagerado decir que si se hiciera una investigación acuciosa, sorprendería el número de muertes por SIDA que no debieron ocurrir y que se precipitaron a consecuencia de actitudes médicas equívocas, de desánimo o aún de franca crueldad o deshumanización.

Para quienes participamos en la atención de pacientes VIH/SIDA cuando no se disponía en el país aún de ninguna terapéutica antiviral específica, la comparación entre los años 80´s y lo actual resulta altamente sorprendente,
dado que el enfermo sucumbía al inicio por diarreas imparables, de tal manera que aún cuando la infección no hubiera realmente avanzado en su daño, favorecía la muerte al no lograrse detener las primeras y severas manifestaciones.

Cuando los primeros antirretrovirales llegaron al país y se pudo disponer de ellos alrededor de los años 89 - 90, los cambios obtenidos eran impactantes, pacientes que en una semana mejoraban 8 kilos de peso y se recuperaban en forma notable, sin embargo, la mejoría no era duradera porque la recaída se presentaba a los pocos meses, pero poco a poco con la incorporación de más antivirales la mejoría empezó a persistir hasta que llegó el año 1996 y con él la entrada de los inhibidores de proteasa, lo cual significó el cambio entre la vida y la muerte. Hoy en el 2007 las opciones de vida para el paciente VIH/SIDA son tan abundantes que hablar de muerte aún en condiciones avanzadas resulta poco probable, dado que la terapéutica puede solucionar la mayoría de los problemas graves y/o agudos, sin embargo, los pacientes siguen muriendo y mucho de ello depende de elementos que la mayoría de las veces no están ligados con el proceso infeccioso en sí, sino con actitudes por ejemplo con depresión en un enfermo por falta de sensibilidad familiar o médica, por desconocimiento a la hora de realizar el diagnóstico y valorar la posible evolución, o bien por posturas derrotistas totalmente injustificables y aún crueles.

 

 

Sin embargo, a pesar de los extraordinarios adelantos terapéuticos, ningún médico puede emprender la luchar contra un padecimiento si él no está convencido de que puede ganar, porque existen opciones reales.

Y esto último, tal vez, resulte lo más importante en la actualidad para el profesional del área de la salud: El conocer, el estar enterado y más aún convencido por evidencias reales de que las opciones son múltiples e inagotables y por lo tanto que no importa el avance que la enfermedad tenga, la experiencia mundial y nacional nos permite decir que el paciente tiene siempre más opciones de vida que de muerte, lo cual no implica que nos neguemos a aceptar que pueden existir complicaciones de tal magnitud cuya solución resulte prácticamente imposible, desde luego que esto puede darse, pero no es la norma sino la excepción.

Lo habitual en este momento es que de 100 pacientes con VIH/SIDA, 95 o más recuperen la salud en forma real y efectiva mediante el manejo asistencial y el tratamiento antiviral, por ello, lo indispensable es que el médico realice oportunamente la detección temprana del padecimiento, brindando toda la información en cuanto los alcances terapéuticos factibles.

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Este artículo está ubicado en el tema PROFIN VIH | Publicado el 13 de Diciembre del 2007 por Dra. Mireles Vieyra Ma. de la Paz

¿QUÉ SIGNIFICA TENER INFECCIÓN VIH / SIDA EN LA ÉPOCA ACTUAL? Información para público en general

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Por: Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra
ASOCIACIÓN PROFIN VIH A.C.
PROFESIONALES FRENTE A LA INFECCIÓN VIH
profinvih.org
 

La población mundial tiene ya 25 años
de conocer la palabra SIDA, a partir de 1982 cuando el Centro de  Enfermedades Infecciosas de Atlanta (C.D.C) en su Boletín Mortality and Morbility Weekly Review (MMWR) la utiliza en forma  precisa.

Veinticinco años durante los cuales las más diversas  reacciones se han generado, la mayoría de ellas relacionadas con dos términos: muerte y sufrimiento.

Sin embargo, el tiempo no ha transcurrido inútilmente, dos décadas dentro del mundo científico son demasiados años y aún cuando en VIH -comparativamente con otros padecimientos- los avances aún no resultan contundentes,  se han alcanzado cambios substanciales. El más importante de ellos sin lugar a dudas es que:
 

El SIDA en la actualidad
tiene solución y se puede evitar
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“La Infección
  VIH tiene diversos momentos en su evolución”

“El SIDA no es
  toda la infección SINO SÓLO UNA PARTE DE ELLA“

“Tener infección
  VIH NO ES TENER SIDA”

“Actualmente se
  PUEDE TENER INFECCIÓN VIH SIN LLEGAR A SIDA”

 

  ..  
    Ojo, mucho ojo, estamos diciendo el SIDA no el VIH.

 

 

La diferencia debe quedar muy clara
y pareciera que, a pesar del tiempo transcurrido esta percepción aún no se logra.

Entre el público en general y aún dentro del ámbito  médico parecería algo más bien retórico  el diferenciar al VIH del SIDA y ello representa un importante error,  puesto que esta diferenciación resulta fundamental para entender todo el proceso y la aseveración hecha líneas arriba. En estos momentos el SIDA no representa ya la parte FINAL sino la AVANZADA del proceso, ello debe ser comprendido y asimilado:
AVANZADA, NO FINAL DEL PROCESO.

Durante el tiempo transcurrido los términos han ido cambiando y hasta hace poco hablar de SIDA era hablar de la parte final del proceso y era así porque cuando el SIDA llegaba, poco podía hacerse frente a ello. Sin embargo, con el surgimiento en 1987 de la terapéutica antirretroviral, los avances se han ido dando y a partir de 1996, con la incorporación del grupo denominado Inhibidores de la Proteasa la posibilidad de rescatar al paciente del estadio SIDA constituye una realidad, lo cual unido a la posibilidad de iniciar tratamiento antes de que la etapa crítica llegue, permite decir que el SIDA puede en estos momentos dejar de constituir parte obligada de la evolución en todo paciente.

Aclaremos esto:

Un enfermo pasa por diferentes momentos a partir del instante en que el virus ingresa al organismo; la primera parte de ello está relacionada con el ingreso del virus en quien hasta entonces era una persona inmunocompetente es decir, con capacidad completa para su defensa inmunológica, y el cual de improviso enfrenta un daño viral de diversa magnitud; a continuación, se inicia otra etapa, la del aparente equilibrio entre el virus y el organismo atacado y en donde el VIH entra en una replicación continua frente a un organismo aún con capacidad inmunológica para enfrentarlo, existiendo un aparente equilibrio entre destrucción y conservación.

Después, se entra en una espiral de desgaste celular y corporal intensa con daño orgánico y manifestaciones múltiples del mismo a la cual se le ha denominado SIDA porque en ella el paciente ya experimenta signos y síntomas,  que hasta entonces podría nunca haber afrontado dado que la infección pasa durante varios años clínicamente desapercibida, al no dar ninguna manifestación aparente de daño, aún cuando el mismo ya exista.

El SIDA o fase avanzada -antes de la terapéutica actual- llevaba irremediablemente al enfermo a un extremado desgaste celular y vital a consecuencia de lo cual sucumbía, por ello el empleo en ese momento del término: etapa final, dado que la recuperación era prácticamente imposible a raíz del severo daño general.

Sin embargo, el ingreso en 1996 a nivel mundial de los antivirales pertenecientes al grupo Inhibidores de la proteasa cambió esta imagen y tanto que el paciente puede estar en etapa SIDA y salir de la misma en un plazo diverso para, paulatinamente, lograr la recuperación celular y el equilibrio deseado entre presencia viral y daño orgánico, por ello puede aseverarse que el SIDA como etapa crítica y anteriormente final, ha sido superada, sin embargo, su presencia continúa siendo una amenaza bajo ciertas condiciones.

Ampliemos esto:

Cuando el VIH acaba de ingresar al organismo, encuentra a una
persona habitualmente con inmunidad normal, ello implica dos ámbitos: la inmunidad llamada humoral (anticuerpos) y la celular, esta última representada por los linfocitos y de ellos unas subpoblaciones en particular, los llamados CD4 de los cuales las cifras normales son 500 o más.

Conforme el tiempo pasa y el daño se va dando,  el equilibrio se altera de manera persistente y progresiva de tal manera que cuando los linfocitos CD4 están entre 300 y 400 el paciente inicia afectaciones físicas más marcadas, sin embargo el daño podría ser considerado aún como todavía leve salvo algún episodio a veces importante a costa de un herpes zoster intenso o bien un cuadro diarreico ocasional, una tifoidea o hasta la necesidad de una intervención quirúrgica abdominal por un cuadro doloroso no bien identificado, es decir situaciones aisladas, ocasionales, que muchas veces no logran ser diagnosticadas como parte de un proceso más complejo y se resuelven de manera aislada sin que el enfermo sospeche mayor daño.

Conforme los CD4 descienden a menos de 200 células, el daño se acentúa, es decir el enfermo ha ido agotando sus células de defensa y poco a poco avanza -al llegar por abajo de los 200 CD4- al SIDA; a partir de este momento el cuadro puede variar en su gravedad dado que no es igual tener 200 células que 100 , 50 o 20; conforme el descenso es mayor, la cantidad de oportunistas o enfermedades relacionadas con microbios que hasta entonces parecerían no ocasionar daño en el organismo, se intensifica.

Con la terapéutica actual el paciente logra paulatinamente vencer la cantidad de virus circulante y conforme lo hace, los CD4 inician su ascenso hasta alcanzar más de 200 lo que significa, por lo menos desde un punto de vista de definición, que el paciente está ya fuera de la etapa crítica o SIDA.

Por lo tanto el SIDA como etapa anteriormente final y actualmente crítica puede ser superada con la terapéutica disponible, más aún si un paciente tiene VIH y no ha evolucionado al SIDA, representando el inicio del tratamiento el punto esencial para brindar la protección adecuada y sostenida permitiendo la recuperación celular sin que el paciente tenga necesidad de llegar a la cifra límite de menos de 200 CD4 y por lo tanto, antes de que el enfermo tenga problemas relacionados con el SIDA.

Un paciente con VIH puede tener entonces
las siguientes opciones:
     
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Tener infección VIH pero evitar atenderse y confiar en que con nutrición y ejercicio el organismo se encargará de detener al virus,  hasta que llegue el momento en que la enfermedad aparezca, habitualmente con importantes complicaciones.

     
 

 

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Tener VIH, no descubrirlo hasta que esté avanzado, recibir atención adecuada, y salir del SIDA como consecuencia de cumplir con las indicaciones, colaborar en su autocuidado y a partir de ese momento no recaer. Este tipo de enfermos habrán estado en un momento crítico PERO PUEDEN SALIR DEL MISMO, Y SI CUMPLEN CON SU TRATAMIENTO NO RECAER.

     
 

 

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Tener VIH estar ya en SIDA y considerar, erróneamente, que las opciones son escasas, negarse al tratamiento o bien no recibir la atención adecuada o no cumplir con las indicaciones favoreciendo todo ello mayores complicaciones. Por lo que la probabilidad de muerte representará la opción más factible.

     
 

 

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Tener VIH y en forma oportuna recibir atención médica de seguimiento para identificar el momento adecuado en que el tratamiento deba ser iniciado y con ello evitar avance y daño mayor,  de tal manera que el SIDA represente un episodio prácticamente eliminable.

     

Por lo anterior en este momento la población debe estar bien informada para identificar que decir SIDA no implica muerte, sino cuidado adecuado tanto por parte del paciente para consigo mismo como en cuanto la atención médica recibida.

Desde luego el panorama cambia si el paciente incumple con las recomendaciones, si el tratamiento es inadecuado, a dosis insuficientes o con combinaciones incorrectas, entonces las recaídas podrán presentarse y también las resistencias.

Sin embargo, un paciente con VIH no tiene porque tener SIDA ya que puede evitarlo, puede salir del mismo y no regresar o por el contrario si no cumple con la toma correcta de medicamentos recaer varias veces en crisis es decir en situación de SIDA.

Finalmente cualquier paciente con VIH en la actualidad no tiene porque morir de SIDA, puede continuar su vida bajo control y vivir como las demás personas pero claro, con algunas recomendaciones y restricciones que en realidad no afectan mayormente su calidad de vida porque además nadie puede negar los avances que existirán en los próximos años y la posibilidad real de la curación en algún momento. Si usted o su familiar tienen VIH no favorezca la imagen inadecuada de la desesperanza o la pasividad conformista, infórmese sobre los conceptos actuales, plantéele que tener VIH es semejante a tener diabetes o hipertensión, claro que puede haber complicaciones pero si la persona se cuida y evita los riesgos y sigue las indicaciones no tiene porque complicarse ni tampoco porque morir por ello.

La infección VIH es un problema individual, familiar, médico y social que debe ser abordado bajo los avances actuales, y por ello es importante que la población y el personal médico revisen  sus conceptos actuales para no seguir inmersos en afirmaciones que fueron verdad hace años pero que hoy gracias a los avances científicos son referencias pasadas pero no realidades vigentes.

Llegará el día en que la infección VIH pueda ser eliminada y entonces podremos hablar de curación, por el momento esto no es posible. La infección VIH es un proceso crónico y debe ser atendido oportuna y adecuadamente para evitar caer en SIDA porque este episodio crítico sí puede en algún momento tener un pronóstico diferente, sin embargo los avances logrados en la medicina permiten asegurar a todo paciente  independientemente de su estado socioeconómico, preferencia sexual, género o edad la posibilidad de superar el SIDA y con ello el pronóstico mortal. La detección y el tratamiento oportuno limitan el daño y favorecen el pronóstico. RECUÉRDELO.

 
 

Este artículo está ubicado en el tema PROFIN VIH | Publicado el 5 de Diciembre del 2007 por Dra. Mireles Vieyra Ma. de la Paz

¿QUÉ SIGNIFICA TENER INFECCIÓN VIH / SIDA EN LA ÉPOCA ACTUAL? Información para pacientes

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Por: Dra. Ma de la Paz Mireles Vieyra
ASOCIACIÓN PROFIN VIH A.C.
PROFESIONALES FRENTE A LA INFECCIÓN VIH
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Si ud. tiene VIH o acaba de ser diagnosticado como tal, tome en cuenta  lo siguiente:
 

LA INFECCIÓN VIH ES DIFERENTE AL SIDA.

La infección VIH representa el ingreso al organismo de un virus denominado en mayo de 1986 como VIH o virus de la inmunodeficiencia humana, incluyendo el consecuente daño ocasionado en las células por este virus infectante.

Es importante señalar que hasta el día de hoy ninguna persona puede considerarse sana teniendo en su organismo el virus VIH dado que la presencia del mismo implica daño aún cuando aparentemente pudiera no evidenciarse alguna alteración. 

 

 

 
 

Para aclarar lo anterior, debe tomarse en cuenta que el virus ingresa a cada persona en cantidades diferentes, desde cientos hasta millones de virus por mililitro y ello plantea diferencias. Existen personas que se exponen una sola vez al virus, por ejemplo a través de una transfusión pero dado que el mismo en casos así ingresa directamente a vena, aún frente a cantidades mínimas, el daño puede ser considerable. En otras ocasiones, la persona lleva a cabo cotidianamente riesgos de exposición que favorecen que no sólo en una ocasión sino en varias pudiera estar en riesgo de sufrir la entrada del virus y ello puede contribuir a repetidos ingresos o bien exponerse a importantes cantidades de microorganismos desde el inicio.

Como consecuencia de ello, se identifican personas en las cuales el virus ingresa en baja cantidad requiriendo su desarrollo un mayor número de años comparado con otros casos; sin embargo, el hecho de que una persona tenga el virus y aún transcurriendo varios años no haya presentado ningún problema clínico no autoriza a pensar que él o ella sean resistentes o bien que el virus esta en tan poca cantidad que podrá ser definitivamente vencido. Hasta hoy esas afirmaciones no pueden ser demostradas y lo que sí se ha comprobado una y otra vez es que la presencia del virus en el organismo implica daño en algún momento de la evolución y con frecuencia alrededor de siete u ocho años -en promedio- después del ingreso inicial.

Ante ello resulta fundamental que según la lección aprendida en el mundo durante más de 25 años de epidemia, este daño nunca se detiene espontáneamente, se trata de una agresión persistente y todo indica que progresiva.

Durante los primeros años se habló mucho sobre los portadores sanos y el término fue empleado tanto por enfermos como por personal médico, para dar a entender que la persona albergaba el virus pero que el mismo no había “progresado” y que por lo tanto no le ocasionaba daño, de tal manera que con “cuidados generales y buena alimentación”  era posible mantenerlo “detenido” confiándose en ello.

En VIH no se da esta situación dado que el virus no ingresa a la persona y permanece en ella sin ocasionar daño, lo que sucede es que la lesión depende en mucho por un lado de la cantidad de virus entrante y por otro del hecho de que el VIRUS VIH está considerado dentro del grupo de los llamados virus lentos, es decir  que requieren un tiempo prolongado para expresar su máximo efecto, en promedio siete a ocho años. Por lo tanto, el daño se está dando pero su manifestación no es evidente.

En casos así el termino portador asintomático o sano está lejos de la realidad, favoreciendo falsas seguridades que avalan tratamientos tardíos o mayores complicaciones. No existen reportes mundiales que autoricen el aseverar que las personas con VIH no sufran ningún daño, lo que sí es factible es que la cantidad de virus ingresada pudiera ser tan pequeña que demandara un mayor número de años -superior al promedio- para que el mismo se desarrolle en cantidades que permitan un daño celular evidente, lo anterior no implica que el virus pueda albergarse dentro de alguien de manera inofensiva, y todo demuestra que quien tiene VIH tarde o temprano evidenciará el daño celular grave de no recibir tratamiento, por lo que si se inicia y se procura el tratamiento, la detención del proceso multiplicador intracelular se detendrá.

En el caso del VIH las células más atacadas pero no las únicas son las dedicadas a la defensa celular del organismo es decir los linfocitos CD4, (porque existen más de 20 subpoblaciones de linfocitos), pero los denominados CD4 fungen como directivos de la orquesta inmunitaria. Cuando la multiplicación viral continua estas células son persistentemente destruidas hasta que un verdadero agotamiento inmune impide que su reproducción supere la destrucción sin que ello elimine que otros componentes del sistema inmunológico puedan también verse afectados por la presencia viral y la defensa inmune en general.

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Cuando los antivirales disminuyen la cantidad de virus circulante así como en tejidos, automáticamente las células inician un proceso de recuperación siendo nuevamente restituidas y con ello la salud de la persona recuperada. No importa el avance que el daño haya alcanzado, habitualmente logra constatarse la extraordinaria capacidad celular que el organismo tiene para recuperarse aun frente a procesos verdaderamente devastadores.

Como ejemplo baste decir que durante estos años de epidemia se han atendido pacientes con menos de 30 CD4 y a veces con uno o cero CD4/ml y, sin embargo, los mismos han logrado salir adelante y ello pone de manifiesto que numéricamente la destrucción puede ser elevada, pero una vez detenida la capacidad multiplicadora del virus, la producción celular puede ser recuperada y cuantitativamente superarse el proceso aún cuando no pueda afirmarse del todo en este momento lo mismo en relación al aspecto cualitativo, dado que aún no se comprueba si el mismo puede ser recuperado (ad integrum)  al 100%.

Lo anterior implica que una vez detenido el virus el organismo está todavía en capacidad real de reproducir sus defensas celulares destruidas y en poco tiempo repararlas, y ello es así porque las personas afectadas son habitualmente población infantil o adulta previamente sana, es decir personas que no tienen lesionado su sistema inmune por situaciones ajenas a la infección y que tampoco están, la gran mayoría, en un proceso fisiológico de deterioro por edad avanzada o problemas metabólicos comunes al mismo, -hablando en cuanto a la mayoría de población afectada-, porque individualmente, toda persona de la edad que sea, tiene posibilidades de vencer la etapa crítica o SIDA, pero conforme la edad avanza otros problemas paralelos pueden complicar el cuadro.

Si usted tiene el virus VIH no deje pasar tiempo, acuda a una valoración integral y hágalo con el pensamiento claro y definido de que no va al encuentro de la muerte sino de la vida, de la oportunidad de parar un proceso destructivo y hacerlo exitosamente, tan exitosamente que no llegue nunca a enfermar.
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Este artículo está ubicado en el tema PROFIN VIH | Publicado el 5 de Diciembre del 2007 por Dra. Mireles Vieyra Ma. de la Paz




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