LA HOMOSEXUALIDAD MASCULINA: SU RELACIÓN CON LA FIGURA PATERNA Y EL ABUSO SEXUAL
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RESUMEN:
Se abordan las diferencias encontradas entre hombres con preferencia homo y bisexual; aún cuando ambos sostienen relaciones sexuales con otros hombres, el contexto familiar, la conducta social y la imagen que ellos tiene de sí mismos parece diferir en forma importante entre ambos grupos. Una característica presente en ambos es el rechazo a la propia identidad masculina que parece aparecer a parir del momento en el que, durante la vida infantil surge el abuso sexual o la violación, realizada por un agresor que pertenece al mismo sexo que el menor ofendido. Ello sin embargo no es lo único relevante, sino la presencia constante de elementos filiales adversos así como situaciones relacionadas con el alcoholismo, y otros elementos afectivo-emocionales que favorecen en estos grupos una problemática que rebasa el ámbito del erotismo y la libre elección.
INTRODUCCIÓN:
Desde la antigüedad la relación heterosexual no parece haber sido la única conducta sexual practicada en las diversas culturas.1 Las explicaciones para ello han ido desde lo mágico hasta lo genético, pasando por lo biológico, lo psicológico y lo social.2 Cada cultura, de acuerdo a su particular marco ideológico, ha generado diferente tipos de explicaciones y justificaciones; incluyendo supuestas diferencias intrínsecas entre los hombres homosexuales y los heterosexuales (diferencias que, se afirma, pueden llegar a alcanzar incluso los niveles anatómicos y neuroendócrinos)3. Sin embargo, estas supuestas diferencias están lejos de haber sido demostradas de manera contundente.4 Cuando surge la epidemia de VIH, la comunidad homo-bisexual reciente en particular el impacto a nivel mundial, por lo que atender a enfermos VIH ha implicado tratar a pacientes con preferencia sexual habitualmente diferente a la heterosexual. En nuestro medio, de cada 10 pacientes atendidos 9 tienen preferencia por las relaciones sexuales con hombres, y durante nuestra práctica hemos encontrado que, así como en la evolución de la infección VIH existen constantes altamente correlacionadas (como por ejemplo el número de células CD4+ y la carga viral, o el número de CD4+ y la presencia de ciertas enfermedades oportunistas) existen otro tipo de constantes psicofamiliares que nos han llevado a meditar hasta qué punto las mismas forman parte obligada de lo que denominamos preferencia sexual, así como su relación con el entorno y, algo más fundamental, el amor y desamor relacionado con los 6 primeros años de la vida a los que tanta atención han dado psicólogos y psiquiatras destacados.
MATERIAL Y MÉTODOS:
Se trata de un estudio longitudinal, analítico, retrospectivo, comparativo, efectuado en hombres mexicanos con rango de edad entre 17 y 65 años pertenecientes a un status socioeconómico medio (2 a 5 SMM ) y bajo (1 SMM o menos) comparando diversas variables entre dos grupos, integrados cada uno por 100 hombres, el primero de ellos corresponde a hombres con preferencia homosexual y el segundo a hombres con preferencia bisexual. La información se obtuvo del expediente, en base a cuestionarios médicos y psicológicos que contemplaron variables relacionadas con la vida sexual y afectiva de la persona así como la relación establecida con el padre, la madre y familiares del núcleo primario y secundario. La significancia estadística se estableció mediante la prueba T de Studens.
RESULTADOS:
Grupo I:
Hombres con preferencia homosexual: Se consideró como tal a aquellos hombres que durante su vida sexual activa establecieron relaciones sexuales exclusivamente con otros hombres. La edad del grupo estudiado estuvo en el rango de 17 a 56 años. Del total de hombres de este grupo, 7 de cada 10 crecieron sin la presencia de la figura paterna durante los primeros 6 años de edad, aun cuando en el 49% de ellos el padre abandonó el hogar durante el primero o segundo año de vida del menor; el 14 % convivió con el padre por períodos cortos durante toda su infancia y parte de la adolescencia y el 16% lo hizo habitualmente. El abuso sexual acompañado de penetración anal hacia el menor se dio, en el 69% de los hombres entrevistados, antes de los 8 años de edad, precedido por violencia o agresión en el 50% de los casos, en el 29 % estuvo acompañado de seducción y en el resto se ofreció al niño dinero o satisfactores externos como habitación, alimento, etc. El 9% de los pacientes negó el abuso infantil a cualquier edad. En cuanto a la figura del agresor o violador en 7 de cada 10 casos el mismo formó parte de la familia (18% hermano, 40% primo, 20% tío). En el 95 % de los casos el abuso sexual se mantuvo oculto. Ocho de cada 10 hombres señalaron no guardar rencor al agresor y 8 de cada 10 consideraron que el acto había sido favorecido por ellos mismos, eliminando la responsabilidad que el o los agresores pudieran haber tenido.
En un 35% de los casos el agresor repitió el abuso o la violación repetidas veces por periodos prolongados. Nueve de cada 10 de los agresores que eran conocidos por el ofendido formaron años después una familia con mujer e hijos. En el 85% de los pacientes de este grupo la homosexualidad se aceptaba como algo probablemente heredado o genético, el 18% expresaba rencor hacia el agresor y consideraba que de no haberse dado el episodio de abuso sexual su vida podría haber sido diferente. En cuanto a la figura paterna el 50% manifestaba indiferencia hacia la misma, el 15% rencor y un 86% tristeza por no haber contado con el apoyo y amor paterno. El alcoholismo en este grupo fue de mínimo y moderado en un 85%. La drogadicción estuvo presente en el 15%.
GRUPO II:
Hombres con preferencia bisexual. Se denominó así a hombres que habían tenido en el curso de su vida sexualmente activa relaciones sexuales una o más veces con hombres y mujeres en tiempos diferentes, con o sin hijos, receptores anales o penetradores. El rango de edad estuvo entre los 19 y los 65 años. Ocho de cada 10 de ellos reportó la presencia del padre en el hogar hasta antes de los l5 años sin embargo, en el 43% de este grupo el mismo se ausentaba del hogar en forma constante por diversos motivos. La relación filial en 7 de cada 10 hombres fue mínima y en muchos de ellos caracterizada por indiferencia, agresión física y /o verbal, la mayoría de las veces sin justificación real. Solo 1 de cada 10 hombres reportó relación filial positiva. El abuso sexual estuvo presente en el 70% de los pacientes, sin embargo la penetración anal fue significativamente menor (p< 0.05) que en el grupo homosexual, sin embargo eventos como fellatio, masturbación, frotamiento de genitales, etc. fueron comunes en el 65% de ellos sin existir violación. La primera relación sexual con otro hombre se dio en 7 de cada 10 hombres entre los 12 y los 20 años y un porcentaje mayor la tuvo con hombres con los cuales había establecido previamente una liga amistosa. Nueve de cada 10 hombres refirieron que el alcohol estaba presente en sus vidas de adultos cuando establecían sexo con otros hombres, identificándose el dato con una alta significancia estadística (p< 0.001) Como dato interesante destaca el que con alguna frecuencia la forma en que el menor había sufrido el abuso sexual era lo que caracterizaba posteriormente su preferencia sexual en la adultez. El sentimiento de culpa en el hombre bisexual fue una constante y tuvo diferencia significativa (p < 0.05) con el grupo homosexual. En 9 de cada 10 hombres bisexuales la familia ignoraba la preferencia sexual del mismo, resultando ello también significativamente diferente a lo que ocurrió en el grupo homosexual en donde la familia habitualmente no sólo conocía la preferencia sexual del hombre sino frecuentemente la aceptaba y aún aprobaba.
CONCLUSIONES:
El abuso sexual en menores de edad representa un evento habitualmente crítico, sin embargo en niños éste adquiere una dimensión que no se presenta en las niñas y que está relacionada con la propia identidad masculina, ya que al ser el violador del mismo sexo que el violado, la frontera entre la masculinidad y la feminidad en el menor agredido resulta muchas veces difícil de definir.5 El acto sexual agresor frecuentemente de tipo penetración anal, rompe en el menor de edad no sólo una barrera anatómica sino la identidad propia del niño, si el mismo además ha carecido de la identificación con el padre del mismo sexo, el episodio agresor adquiere una dimensión mayor porque representa a pesar de su violencia la forma de establecer una relación emocional o afectiva con una persona del mismo sexo que la figura paterna. En ambos grupos el coito anal representó la forma adulta prevalente en la que hombre con hombre se relacionaban sexualmente, si el acto en sí fuera el preferido por su contenido erótico se esperaría que el mismo fuera llevado a cabo también con mujeres en el grupo bisexual, sin embargo no fue así, la frecuencia del coito anal con mujeres fue significativamente diferente que con hombres, y ello al parecer obedece a que el acto sexual entre hombres no implica exclusivamente el componente erótico, sino que posiblemente, represente la forma en que el individuo pudo establecer contacto emocional con otros hombres, por lo tanto el acto esta cargado de un fuerte contenido amoroso y emocional y por ello su realización con figuras femeninas no adquiere de ninguna manera el mismo contenido satisfactorio. Lo aquí señalado plantea que posiblemente las relaciones que los hombres establecen con otros hombres tienen una complejidad mucho mayor que la que se ha querido otorgar y que ello forma parte de una sociedad cada vez mas enajenada laboral y económicamente y en donde la familia cada día sufre mayor desintegración, como parte de que tanto la figura materna como la paterna no han sido adecuadamente evaluadas en cuanto su absoluta necesidad en iguales proporciones en la vida de los menores.
REFERENCIAS:
1. Lewis, P. The Wages of Sin: Sex and Disease, Past and Present. Chicago, Chicago University Press. 2000.
2. Bateson, P. y Martin, P. Design for a Life: How Behavior Develops. Jonathan Cape, 1999.
3. Williams, T.J. et al. Finger-length ratios and sexual orientation. Nature 404: 455-456. 2000.
4. Swaab, D.F. y Hofman, M.A. An Enlarged Suprachiasmatic Nucleus in Homosexual Men. Brain Res. 537, 141-148. (1990).
5. Shore, A. Affect Regulation and the Origin of the Self. Hillsdale, Analytic Press. 1994
Dra. Mireles Vieyra Ma. de la Paz
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Diciembre 11, 2008 a las 1:11 pm
Excelente la pagina, soy profesional de la Salud de Concordia, Argentina. Los felicito, sigan asi.